sábado, septiembre 26

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibió este jueves 24 a su par chino, Xi Jinping, una anticipada visita de Estado entre los líderes de las dos superpotencias del mundo.

Pero lejos del antagonismo que ha dominado la relación de ambas naciones en los últimos años, el mandatario estadounidense recibió con la alfombra roja, 21 cañonazos y una suntuosa cena al líder chino, con quien, afirmó, comparte una “amistad verdaderamente grande” desde su primer gobierno en el 2016, “construida sobre el respeto mutuo y los intereses vitales de nuestros pueblos”.

Xi Jinping, por su parte, también buscó mostrar cercanía entre los pueblos, afirmando que “entre China y Estados Unidos debemos mantener una relación sin conflicto ni confrontación” donde las fuerzas de ambos países mantengan un diálogo regular y mejores mecanismos de comunicación para prevenir crisis.

Un avión militar estadounidense sobrevuela el Jardín de las Rosas durante un desfile militar en honor al presidente de China, Xi Jinping, en la Casa Blanca, en Washington, D.C., el 24 de septiembre de 2026. (Foto de SAUL LOEB / AFP)

/ SAUL LOEB

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Sin embargo, la pompa y la fastuosidad no alcanzan a ocultar del todo la tensión subyacente del encuentro entre los líderes de dos gigantes mundiales en inevitable confrontación.

“Estamos hablando de la relación bilateral más importante del mundo, son claramente de las dos superpotencias que están en medio de una competencia estratégica absolutamente multidimensional”, indica el internacionalista Jorge Antonio Chávez Mazuelos en conversación con El Comercio.

Una competencia que, según el experto, no se limita al comercio, sino que se extiende a temas de defensa, tecnología, ciencia, economía, geopolítica e influencia internacional.

“La cooperación puede existir, pero no modifica la naturaleza competitiva del vínculo”, considera el especialista, por lo que ve pocas esperanzas de que el encuentro resuelva conflictos profundos entre ambas naciones, como la guerra comercial ahora en tregua, una ajustada competencia por el dominio de la inteligencia artificial, antiguas tensiones por Taiwán y nuevas por el conflicto en Irán.

De todos modos, preguntamos al experto cuál, si alguna, podría tener posibilidades de encontrar algún acuerdo a raíz de esta visita de Estado.

Uno de los asuntos más inmediatos es la guerra comercial entre ambos países iniciada por Trump a inicios de su mandato, pero en pausa desde octubre del 2025 tras la firma del Acuerdo de Busán.

Esta tregua iba a finalizar el 10 de noviembre, pero un día antes de la llegada de Xi Jinping a Washington se anunció que se había extendido dos meses, hasta el 10 de enero, mientras ambas partes buscan un acuerdo más duradero.

Para Chávez Mazuelos, lo “más viable es que se produzcan treguas o extensiones de los acuerdos antes que un cierre definitivo de la negociación”. La razón de esta opinión es que si bien las posiciones de Washington y Beijing son todavía muy lejanas para llegar a un acuerdo duradero, las circunstancias políticas y económicas de ambos estados hacen que a ninguno le convenga incrementar las tensiones.

El presidente de China, Xi Jinping, acompañado de la primera dama de China, Peng Liyuan, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acompañado de la primera dama de Estados Unidos, Melania Trump, asisten a una reunión bilateral en el Despacho Oval de la Casa Blanca, en Washington, D.C., el 24 de septiembre de 2026. (Foto de Brendan SMIALOWSKI / AFP)

/ BRENDAN SMIALOWSKI

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Por el lado de Estados Unidos, Trump enfrenta unas elecciones intermedias en noviembre desfavorables, donde una nueva disrupción comercial podría tener consecuencias para la economía estadounidense, con consecuencias políticas para el Partido Republicano en el poder.

“La cuestión es muy compleja porque China tiene palancas que puede utilizar. Las tierras raras le dan una ventaja importante y también tiene la posibilidad de imponer aranceles sobre sectores concentrados en lugares donde hay votantes de Trump o en estados pendulares”, señala el internacionalista. Por otro lado, mostrar debilidad ante China también podría imponer un costo político.

Por parte de China, el gigante asiático también está enfrentando dificultades en su economía interna, algo que Xi busca controlar de cara al Congreso del Partido Comunista que se celebrará el próximo año, un evento quinquenal que se establece como uno de los acontecimientos más importantes de la política china.

La inteligencia artificial ocupó otro lugar central en las conversaciones, por más que hubiera pocos acuerdos. Por parte de Trump, este defendió que Estados Unidos mantenga su ventaja tecnológica, mientras Xi solo planteó que ambos países tienen la responsabilidad de garantizar que la IA permanezca bajo control humano.

Por el momento, el principal acuerdo en torno a la inteligencia artificial parece ser el propuesto por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, sobre un mecanismo de comunicación para notificar incidentes relacionados con inteligencia artificial que puedan afectar la seguridad nacional. Sin embargo, alcanzar una regulación conjunta más amplia será mucho más difícil e incluso imposible.

“En una situación de competencia ningún país va a aceptar una restricción que implique una ventaja para el otro”, explica Chávez Mazuelos.

Una muestra de la lejanía de las posiciones de ambos países es que China está intentando crear una organización internacional para la inteligencia artificial, mientras que Trump tiene bastante reticencia frente a ese tipo de regulación y a la creación de organizaciones internacionales de esas características. “Por eso veo dificultades para alcanzar un acuerdo sustancial”, añade.

Si existe un asunto particularmente delicado, ese es Taiwán. China considera a la isla parte de su territorio y ha dejado claro que podría utilizar la fuerza para incorporarla, por lo que quiere que Washington se oponga a la independencia de la isla y cancele una programada venta de armas por US$ 14.000 millones, actualmente paralizada por la Administración Trump.

“Taiwán es un interés absolutamente central, no solamente desde el punto de vista estratégico de seguridad y geopolítico, sino desde un punto de vista de política interna”, remarca el internacionalista.

Por el lado de Washington, Taiwán no solamente es crucial por la producción de chips avanzados, sino también por su papel central en la estrategia de seguridad estadounidense para contener a China y mantener un balance de poder central alrededor de la primera cadena de islas (en la que también se incluye las islas Kuriles, Japón y las Filipinas).

“Si China tomara el control de Taiwán, rompería esa estructura de contención y aumentaría su capacidad de proyección marítima. Por eso considero difícil que Trump ceda abiertamente en este campo”, resalta Chávez Mazuelos. “Creo que es una línea roja y no parece probable que dentro de la administración estadounidense exista consenso para un cambio tan sustancial como el que China espera”.

El conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán es otro de los temas complicados. Washington ha intentado convencer a Beijing de que utilice su influencia sobre Teherán para contribuir al fin de la guerra, iniciada el 28 de febrero de este año. China, sin embargo, se ha mostrado poco interesado en entrometerse en el asunto fuera de criticar la intervención militar estadounidense e israelí.

No es que China no tenga intereses en el conflicto, ya que este también afecta directamente a los intereses energéticos chinos. China importa entre el 10% y 13% de su petróleo del Golfo Pérsico, por lo que cualquier prolongación de la guerra y del cierre del estrecho de Ormuz le pasa factura.

Chávez Mazuelos considera que, pese a estos intereses compartidos, es difícil esperar un acuerdo que ponga fin a la guerra a partir de esta visita, sobre todo con el fantasma de las elecciones de medio término que penden sobre Trump, lo cual hace que cualquier concesión sea imposible. “Podría haber alguna declaración general, pero veo complicado que se consiga algo que ponga fin al conflicto”, opina.

Por el momento, lo más que Xi Jinping ha dicho respecto al conflicto es pedirle a Estados Unidos e Irán que “resuelvan sus problemas ”a través de la negociación lo antes posible».

La respuesta depende de qué se entienda por “mejorar”. Si el objetivo es resolver las grandes diferencias entre Washington y Beijing, las posibilidades parecen limitadas. Pero si se trata de evitar una escalada entre dos superpotencias y mantener abiertos los canales de comunicación, el encuentro en la Casa Blanca sí puede tener importancia a pesar de su aparente infructuosidad.

“Resolver las cuestiones estructurales va a ser muy complicado, o sea, lo veo incluso imposible, porque son países que están en una competencia estratégica y que ven que ceder en un campo le puede dar una ventaja a la otra parte”, resume el internacionalista. “Lo importante es que sigan existiendo espacios políticos y técnicos para discutir las grandes preocupaciones. Aunque no puedan resolver todos los problemas, al menos pueden gestionarlos”.

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