miércoles, febrero 11

María Becerra no solo domina las listas de éxitos, sino que ha demostrado una resiliencia capaz de transformar el duelo en arte a través de la música. En su reciente visita a Lima para subirse al escenario por primera vez con Corazón Serrano, la artista argentina conversó con “Somos” sobre el desafío de cantar cumbia peruana, su proceso de sanación a través de su último álbum “Quimera”, lo que significaron los cuatro estadios de River que hizo a finales de 2025 y sus posibles colaboraciones.

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― Esta visita a Perú llegó con una grata sorpresa, la celebración del 33 aniversario de Corazón Serrano. ¿Cómo se gestó este encuentro?

Es hermoso estar de vuelta. Ellos se acercaron hace como cuatro o cinco meses y nos mandaron un mail diciéndonos que tenían muchas ganas de colaborar, de hacer algo juntos, de cantar en un show. Nos mandaron referencias de ellos y de sus canciones. Mi manager me lo consultó, empezamos a escuchar sus canciones y quedamos vueltos locos. Nos encantó lo que hacían, nos parecieron increíbles, no podíamos creer cómo no los habíamos conocido antes y, obviamente, les dije que sí. Y la verdad que ha sido un placer desde el segundo cero; todavía me sigo hablando con las chicas con las que canté, nos dimos ‘follow’ todas, somos rebestis.

― Enfrentarse a la cumbia peruana no es lo mismo que a la cumbia argentina. ¿Qué fue lo que más te costó a nivel técnico?

Uy, esto fue toda una experiencia y un desafío. Cuando me puse a escuchar por primera vez el mix “Poco yo”, no terminaba de entender los tiempos. Son tiempos muy diferentes. Cuando empieza el mix, la primera es “Poco yo” y era muy difícil cazar el tiempo en el que caían las frases porque cada verso cae en un tiempo diferente al de la otra. Como que usualmente una viene cantando y dice: “Okay, esta cayó en esta; la próxima va a caer en la misma.” Y no, son todas diferentes. Entonces, me costó un montón. Cuando yo estaba ahí en el estadio ensayando también, les decía a las chicas: “Pero acá no entiendo por qué, o sea, en mi cabeza debería caer de cierta forma como la cantamos allá y acá cayó de otra”. Y bueno, estuvo difícil aprenderme los tiempos, pero se logró.

― Tu nuevo álbum “Quimera” es un viaje emocional. Vienes de llenar cuatro estadios de River, un hito histórico, pero el disco nace de un lugar de mucha vulnerabilidad. ¿Cómo equilibras ese éxito masivo con el proceso de sanación que describes?

Fue un año que queda para el olvido, pero también que queda para el recuerdo. Tuvo sus dos partes, cosas de las que quiero olvidarme y cosas de las que no me gustaría olvidarme nunca. Hubo mucho crecimiento y mucha sanación en el medio. Una vez más, como que siento que me demostré a mí misma que siempre puedo un poquito más de lo que yo pienso y Quimera fue algo que me ayudó a sanar completamente de todo lo que me había pasado; pude transitar y pude contar las cosas de esa manera que es la que a mí me sale. En el estudio lloré muchísimo, Xross lo sabe, he llorado un montón y culminar el año con algo así como los estadios de River con todo lo que conlleva eso. La producción, el 360, una locura, realmente un año que me enseñó demasiado.

― En “Quimera” no escuchamos solo a María, sino a personajes como Shanina. ¿Por qué sentiste la necesidad de crear estos alter egos?

Estaba en una etapa de tristeza y de duelo y demás y tuve, no lo llamaría un bloqueo artístico ni creativo porque la creatividad estaba, las canciones salían, solo que eran canciones que nunca sacaría, porque eran muy tristes, muy oscuras, hablando de lo que me estaba pasando y de lo que yo sentía como desde las entrañas. No es que no me gustaran las canciones; me gustaban, pero no me gustaría nunca que nadie las escuche. Y bueno, estuve como dos meses así, que no podía salir de ese lugar de creación, y ahí fue cuando nació Shanina, el primer alter ego; fue justamente para eso, para imaginarme que era otra persona.

― “Mi Amor” es la canción que cierra el disco y la grabaste con J Reis. Es un tema que parece sellar esa etapa de dolor. ¿Cómo fue ese momento en el estudio?

Mi amor es una locura, una canción recontraespecial porque la hago con Juli; escribirla fue una locura, la verdad. Hubo mucha emoción, contención y algo también que se pudo destrabar. Porque si bien nosotros desde el segundo uno que pasó todo, nosotros lo hablamos mucho, pero siempre fue una situación en la que era yo llorando y él consolándome, y en el estudio fue la primera vez que yo no estuve así. Ya atravesamos lo vivido, pero siempre vamos a estar el uno para el otro. La música es algo mágico para mí, porque siempre me ayuda mucho a estabilizarme.

― Además de la música, te hemos visto explorar la pintura y debutar en la actuación en una serie de Netflix. ¿Cómo te sientes expandiendo tu carrera hacia otras artes?

Me siento muy orgullosa porque estoy teniendo la valentía de tomar estos retos que no son menores. Una serie en Netflix de la mano de Sebastián Ortega y un spin-off de “El marginal”, todo un desafío, y estoy muy contenta y orgullosa de que lo acepté y contenta también de cómo las personas alrededor de mí me ayudaron a prepararme.

― Este nuevo disco cuenta con seis colaboraciones. ¿Cuál de las colaboraciones fue la más retadora?

Yo creo el Alfa porque el de Dembow es un género que tiene una sazón muy específica, es otra métrica, es otra cultura y, bueno, creo que hay que empaparse mucho también y hacerlo bien, y qué mejor manera de hacerlo que con el Alfa. Recibí su bendición del Dembow.

El Alfa le dio «la bendición» para cantar Dembow.

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