Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Hubo un tiempo en que Marc Anthony podía caminar tranquilamente por Lima. Nadie corría detrás de él. No había teléfonos esperando una fotografía ni multitudes pronunciando su nombre. Tampoco camionetas rodeadas de seguridad. Era 1993 y aquel muchacho neoyorquino de 25 años, delgado, de cabello largo y lentes ovalados, todavía estaba muy lejos del artista capaz de llenar estadios alrededor del mundo.
Hubo un tiempo en que Marc Anthony podía caminar tranquilamente por Lima. Nadie corría detrás de él. No había teléfonos esperando una fotografía ni multitudes pronunciando su nombre. Tampoco camionetas rodeadas de seguridad. Era 1993 y aquel muchacho neoyorquino de 25 años, delgado, de cabello largo y lentes ovalados, todavía estaba muy lejos del artista capaz de llenar estadios alrededor del mundo.
En el Perú, incluso, hubo quienes no supieron quién era.
Treinta y tres años después, la escena resulta casi inverosímil.
Marc Anthony cumple este 16 de septiembre 58 años convertido en una de las voces más reconocibles de la música latina. Nació como Marco Antonio Muñiz el 16 de septiembre de 1968 en Nueva York, hijo de padres puertorriqueños, y recibió su nombre en homenaje al cantante mexicano Marco Antonio Muñiz.
Pero antes de los Grammy, de “Vivir mi vida”, de “Valió la pena” y de los conciertos multitudinarios hubo otra historia.
En una nota publicada originalmente por El Comercio en octubre de 2024, los empresarios José Castillo y Jano Mejía y el periodista Agustín Pérez Aldave reconstruyeron aquella primera visita y revelaron episodios que el tiempo volvió especialmente simbólicos.
Marc llegó en 1993 para promocionar “Otra nota”, su primer álbum de salsa.
José Castillo, entonces gerente de artistas y repertorio de RMM-Perú, estaba convencido de que aquel joven tenía algo diferente y consiguió traerlo al país como parte de una gira promocional. Una de sus primeras paradas fue la Teletón.
Marc Anthony durante su primera visita al Perú. El cabello largo, lentes ovalados y un estilo rockero, eran característicos de su look de aquel entonces. (Foto: Agustín Pérez Aldave)
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
No cobró por presentarse. La disquera cubrió los gastos de alojamiento, alimentación y transporte para él y su representante, David Maldonado.
La escena detrás de cámaras terminó siendo mejor que cualquier ficción.
Mientras Marc esperaba su turno cerca del escenario, parte del equipo de producción preguntaba insistentemente cuándo llegaría aquel cantante del que tanto les habían hablado.
Él ya estaba allí. A pocos metros. Mirándolos.
Jano Mejía recordó que incluso un asistente se acercó para preguntarle dónde estaba “su artista”, sin advertir que Marc Anthony se encontraba a su lado.
El desconocimiento no terminó allí. Su presentación fue interrumpida en la transmisión televisiva y su representante mostró su malestar.
También un diario cuestionó entonces su participación en el evento por tratarse de un cantante poco conocido y colocó un signo de interrogación en lugar de su fotografía.
El tiempo se encargaría de responder aquella pregunta.
Al día siguiente ocurrió algo todavía más insólito. La disquera organizó una conferencia de prensa en un restaurante del Óvalo Gutiérrez, en Miraflores. Habían convocado a los medios para presentar al cantante que buscaba abrirse camino en Latinoamérica.
Llegó un periodista. Solo uno. Era Agustín Pérez Aldave.
El encuentro que debía ser una conferencia terminó convertido prácticamente en una conversación privada. Después, Marc y quienes lo acompañaban salieron a caminar por Lima.
Marc Anthony y Agustín Pérez Aldave, actual director de prensa y cultura de la APDAYC. (Foto: archivo personal de Pérez Aldave)
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Recorrieron Miraflores mientras el cantante ensayaba por momentos los remates de sus soneos. Cuando llegaron al Puente Villena, se asomó y se sorprendió por la altura y las barandas. Le propusieron hacer puenting. No hubo forma.
Luego fueron hasta la Bajada de los Baños, en Barranco. Ese lugar sí lo conquistó.
Marc comentó que el paisaje le parecía perfecto para grabar un videoclip.
Resulta difícil imaginar hoy al mismo hombre caminando por aquellos lugares prácticamente inadvertido.
Marc Anthony y Agustín Pérez Aldave, actual director de prensa y cultura de la APDAYC. (Foto: archivo personal de Pérez Aldave)
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Durante aquella primera estadía se alojó en el Hotel Pardo de Miraflores.
No había suites de lujo ni exigencias de superestrella. La habitación fue conseguida mediante un canje gestionado por la compañía discográfica.
Jano Mejía recuerda también las largas conversaciones que compartieron mientras bebían cerveza peruana.
Aquella noche le preguntó cuál era su mayor sueño.
Marc respondió que quería alcanzar tanta fama que algún día ya no pudiera caminar tranquilamente por las calles de Nueva York sin que la gente lo reconociera.
Marc Anthony y el empresario musical peruano Jano Mejía, en Lima. (Foto: archivo personal de Mejía)
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Todavía podía hacerlo. Quizás por eso podía imaginarlo.
Aquel joven también habló de dos escenarios peruanos a los que deseaba llegar algún día. Quería cantar en la Feria del Hogar y presentarse en La Máquina del Sabor.
Los dos deseos terminaron cumpliéndose.
Marc Anthony y el empresario musical peruano Jano Mejía, en Lima. (Foto: archivo personal de Mejía)
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Marc regresó en marzo de 1995. Para entonces su nombre comenzaba a hacerse familiar y ofreció presentaciones en distintos escenarios de Lima y Callao. Un año después volvió para actuar en la Feria del Hogar. La historia ya era otra.
En 1996 había gente intentando ingresar incluso a su prueba de sonido.
El cantante que tres años antes había reunido a un solo periodista en una conferencia empezaba a provocar multitudes. Ese vínculo continuaría durante las siguientes décadas.
Marc Anthony no solo regresó varias veces para cantar. También terminó incorporando música peruana a su repertorio.
En “Libre”, publicado en 2001, grabó tres composiciones de Gian Marco —“Este loco que te mira”, “Hasta que vuelvas conmigo” y “Caminaré”—. Según recordó RPP, Marc recibió originalmente algunas de esas composiciones en tiempo de vals y quedó cautivado por ellas.
La conexión con el Perú ya no era únicamente escénica. También era musical.
En 2006 llegó a Lima acompañado de Jennifer Lopez mientras ambos trabajaban en “El cantante”, película inspirada en la vida de Héctor Lavoe.
La escena en el aeropuerto fue exactamente lo contrario de aquella visita de 1993. Decenas de periodistas esperaban su llegada y la pareja tuvo que abandonar el terminal fuertemente escoltada rumbo a Miraflores. Aun así, Marc hizo detener el vehículo para saludar a la prensa que los seguía.
Ya no era el joven al que nadie reconocía. Era precisamente el hombre que había imaginado años antes tomando una cerveza en Lima.
Hay historias que parecen cerrar un círculo por sí solas.
En 2009, antes de regresar nuevamente al Perú, Marc Anthony habló desde Nueva York sobre su relación con el público peruano.
Aseguró que algunos de los recuerdos más hermosos que conservaba sobre un escenario pertenecían precisamente a este país.
“Perú tiene algo único”, dijo entonces. Y contó que podía cerrar los ojos y volver a aquellos momentos.
La frase adquiere otra dimensión cuando se conoce el comienzo.
Porque el Perú no recibió primero a la estrella. Recibió al muchacho.
Al que esperaba pacientemente que lo llamaran para cantar en una Teletón mientras nadie sabía exactamente quién era. Al que reunió a un solo periodista. Al que caminó por Miraflores y Barranco sin generar tumultos. Al que se alojó en un hotel conseguido mediante canje y confesó, cerveza en mano, que soñaba con volverse tan famoso que algún día ya no podría caminar tranquilo por Nueva York.
Después llegaron los estadios. Las canciones. Los premios. Los gritos.
En 2010, frente a más de 40 mil personas en Lima, Marc volvió a hablar de sus recuerdos y dijo sentirse “en casa”.



