Ante el riesgo de que Machu Picchu pierda su título como Maravilla del Mundo, que este 2025 cumplió su año número 18 tras ser elegida como tal, El Comercio conversó con Mara Seminario, extitular de la cartera de Comercio Exterior y Turismo, sobre esta crisis que se agudiza e impacta en nuestra imagen como país y empieza a afectar las reservas en nuestro principal destino turístico.
—¿Cuáles son hoy los factores más críticos que amenazan la sostenibilidad de Machu Picchu?
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La experiencia del turista es la suma de todas las etapas: compra del ticket, transporte, ingreso y recorrido. Si algo falla, el visitante se lleva una mala imagen. Pero el problema va más allá de la experiencia; es un tema de gobernanza y de imagen del país. El mensaje que estamos dando al mundo es que no somos capaces de administrar nuestro principal patrimonio, y esto no es nuevo: es un problema que se ha acumulado por años. La advertencia de New7Wonders no es un simple titular mediático, es una alerta seria sobre la falta de sostenibilidad en la gestión.
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—¿Qué impacto tendría para el turismo y la economía del país perder el título de Maravilla del Mundo?
Sería un golpe comunicacional muy duro. La mayoría de personas conoce a Machu Picchu por su condición de Maravilla del Mundo, no por ser Patrimonio Mixto de la Humanidad de la UNESCO. Perder ese título dañaría profundamente la imagen del destino y retrasaría la recuperación del turismo receptivo, que ya viene golpeado por la pandemia y la crisis política de 2022 y 2023. Hoy el turismo receptivo todavía no alcanza las cifras de 2019, y la situación actual compromete no solo el flujo de este año, sino también el de 2026 o incluso 2027.
—¿Cuáles han sido los principales errores de política pública que llevaron a esta crisis?
Se han tomado malas decisiones, como autorizar la venta de mil entradas físicas sin preparación adecuada, lo que generó desorden y especulación. Además, hay demasiada inestabilidad política y cambios de autoridades, y eso retrasa cualquier implementación. Tuvimos ministros como Betsy Chávez y Roberto Sánchez que no ejecutaron las medidas necesarias cuando había recursos y planes listos. La Unidad de Gestión de Machu Picchu existe, pero está sobre-diagnosticada: hay estudios y propuestas, pero no se han convertido en acción concreta.

—¿Qué opina sobre la propuesta de crear una autoridad autónoma para Machu Picchu?
Hay que preguntarse qué significa exactamente una autoridad autónoma: quién la nombra, qué poder real tendría y si se le va a respetar. Si no se le da capacidad de decisión y presupuesto, será solo un cambio de nombre. Más que improvisar, hay que fortalecer la Unidad de Gestión de Machu Picchu que ya existe, dotarla de recursos y exigirle resultados.
—¿Qué medidas urgentes se deben tomar en el corto plazo para revertir la crisis?
Lo primero es restablecer el orden: levantar las medidas de fuerza y sentarse a negociar en una mesa de diálogo con representantes legítimos. Se necesita digitalizar el 100% de las entradas, integrarlas al sistema de transporte y garantizar seguridad para que el visitante no viva una experiencia caótica. Pero sobre todo, el Ejecutivo debe dar señales claras: el PCM debe liderar el proceso, no solo coordinar. El mundo necesita ver que hay control y decisión política para resolver el problema.
—¿Qué tan difícil será recuperar la confianza de los mercados internacionales?
No es inmediato. Los operadores internacionales trabajan con uno o dos años de anticipación. Si no se actúa ahora, el impacto se sentirá hasta 2026 o 2027. Se requerirá inversión importante en promoción y campañas sostenidas para reposicionar el destino. Hay que enviar señales claras de que el Perú es capaz de cuidar su patrimonio, y eso empieza con liderazgo político, orden y ejecución.




