LEE: Nolberto Solano: “Fuimos al Mundial el 2018 y en siete años no cambió nada, entró más plata a la federación, pero no hay resultados”
Sin el fútbol fluido ni de pases, la Canarinha era por entonces un equipo con destreza física y toque europeo. Menezes, quien había guiado a Gremio y Corinthians -dos de los clubes más importantes de Brasil- a escapar de la segunda división, fue el elegido para corregir el rumbo y convertirlos en un candidato serio a la Copa del Mundo 2014. Dos años antes de la meta, pese a ganarle a Argentina, Menezes fue cesado.
¡Gracias por suscribirte a Desde la Redacción!
Tu inscripción ha sido confirmada. Recibirás nuestro newsletter en tu correo electrónico. ¡Esperamos que disfrutes del contenido!
«,t.textContent=n,t.classList.replace(«cutter-nl__button–premium»,»cutter-nl__button–subscribed»)):(i.innerHTML=»
Lamentamos verte partir.
Tu suscripción ha sido cancelada y ya no recibirás más nuestro newsletter en tu correo electrónico. Si cambias de opinión, siempre serás bienvenido de nuevo.
¡Gracias por habernos acompañado!
«,t.textContent=s,t.classList.replace(«cutter-nl__button–subscribed»,»cutter-nl__button–premium»)),t.disabled=!1}),3e3):(window.tp.template.show({templateId:»OTFEJQDCHMFK»,displayMode:»modal»,showCloseButton:»true»}),setTimeout((()=>{t.disabled=!1,t.textContent=l}),3e3))}catch(e){console.log(«ERROR AL SUSCRIBIRSE O DESUSCRIBIRSE: «,e)}}))}else window.tp.pianoId.init({display:»modal»,loggedIn:function(e){const{firstName:t,lastName:s}=e.user||{}}}),t.addEventListener(«click»,(()=>{window.tp?.pianoId?.show({screen:»login»})}))}])}))}));const closeSubscribeModal=()=>{document.getElementById(«subscribe-modal»).innerHTML=»»};
Newsletter exclusivo para suscriptores
“Primero quiero ver los resultados, luego el juego bonito”, fue una de las tantas frases que escarapeló el cuerpo de los brasileños. Más que una frase, era un lema que resume la forma en que Luis Antônio Venker de Menezes, de 63 años, percibe el fútbol.
Su filosofía, apostada en un 4-2-3-1, puede retratarse también como un “juega feo, pero gana”. Es pragmático, y por encima de la capacidad de especular con el juego estético que alguna vez tuvo Cuevita, por ejemplo, prefiere optar por el pase seguro de un esforzado Corzo.
La disciplina que exige para fuera de la cancha también es un requisito dentro. “Si jugamos bien y controlamos, lo normal es que nos impongamos”, solía decir como técnico de Brasil. Mano Menezes, que como futbolista fue delantero, prioriza la eficiencia sobre la estética.

Su premisa puede que colapse en un plantel de abundante calidad técnica y con variantes individuales amplias. Pero en un plantel corto, en un escenario donde prima la carencia y es necesario convertir la dirección técnica en una administración de la pobreza, ahí la filosofía del brasileño destella. Más aún para reconvertir o reconstruir lo que se quebró en el tiempo.
En Brasil, por algo, lo conocen como un técnico “bombero”, un “apaga incendios”. Su larga trayectoria y haber desfilado por equipos grandes del Brasileirao respaldan su capacidad de liderar proyectos.
El otro flanco que lo sostiene es su personalidad. En el 2024, como técnico de Fluminense, ordenó el ingreso del histórico Marcelo en el minuto 89. El ex Real Madrid entendió la decisión como una falta de respeto y enfureció hasta casi empujarlo. Al día siguiente, Marcelo dejó el club.
En Corinthians tuvo a Ronaldo y también a un peruano: Luis Ramírez. Con el ‘timao’, el entrenador blindó al Fenómeno y supo rodearlo ante las críticas por su evidente sobrepeso. “Ronaldo es una referencia y ejerce un efecto sobre los adversarios. Saber que con la camisa 9 de tu equipo está un jugador con la trayectoria de Ronaldo transmite mucha confianza”. Rompió su propia regla como evidencia de su pragmatismo.
Cuando llegó a Gremio, su misión fue darle orden y disciplina defensiva en un contexto en el que su defensa recibía demasiados goles. Una de sus apuestas fue fichar a Erick Noriega, de brillante actuación en la llave que Alianza Lima le ganó por Copa Sudamericana con Pipo Gorosito como técnico.
Mano Menezes lee bien el contexto y se adapta. Repara, reconstruye, organiza y le suele dar sentido a las cosas. Su amplia trayectoria lo coloca como un técnico A1, más aún al tener pasado en la selección brasileña. Su alto sentido de la disciplina y el rigor táctico lo convierten en un líder exigente.
Si queríamos volver al ‘chocolate’, a las raíces, como decía Jean Ferrari, posiblemente no sea el entrenador ideal. Pero más allá del toque peruano, lo que se busca es reencontrarse con una identidad que se adapte al fútbol moderno y a las opciones que tenemos (que no son muchas hombre por hombre), entonces Mano Menezes puede ser el sabio artesano que perfile ese nuevo Perú a partir de controlarlo todo: mayores, juveniles y menores. Todo.
Y que en el proceso, sin temor, apueste progresivamente por los jóvenes. O por los dinosaurios si son útiles dentro de este nuevo ecosistema. Uno en el que ganar 1-0, para Perú, ya es goleada.




