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Malaver podría durar más que su predecesor, el grisáceo Julio Díaz, porque es ‘florero’ para explicar sus logros y derrotas – fue director de comunicaciones de la PNP- y evita dar pena como otros ministros que se olvidan de la agenda de su ministerio para defender inútilmente a Dina y a ‘Juanjo’. Él no se puede agotar en ese afán porque su cartera es la prioridad en cualquier entrevista.
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Además, según mis fuentes palaciegas, no es hombre de Juan José Santiváñez, no era de su núcleo más cercano cuando coincidieron en el ministerio (fue cabeza de la Dirección General Contra el Crimen Organizado) ni su nombre fue sugerido por aquel. Pero no tiene intención de desafiarlo.
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Dije que Malaver es florero y eso tiene sus ventajas cuando driblea temas y preguntas espinosas. La desventaja es que lo hace meter la pata cuando pretende volar, un poquito no más, sobre el infierno del crimen.
Le pasó cuando dijo que la ferocidad de delincuentes venezolanos asociados a organizaciones criminales como el Tren de Aragua ha resultado en que que hoy “extrañamos a nuestros delincuentes”. Luego se excusó por lo que llamó una ‘metáfora’ inadecuada.
“Malaver tiene razones para estar tranquilo respecto a una censura como efecto inmediato de la interpelación del miércoles; pero debe prever que su censura efectiva o caída por mano dinista, sería inminente ante alguna asonada del terror criminal”.
A ver, general, una aclaración para que pula su floro: metáfora es la figura literaria que se refiere a una cosa nombrando a otra distinta.
Por ejemplo, cuando digo que usted ‘pretende volar sobre el infierno’ aludo a su capacidad de reflexionar sobre su misión, no a un vuelo real. Lo que usted dijo de los delincuentes peruanos y venezolanos no fue metafórico, fue una comparación con un remate irónico que pretendió minimizar el protagonismo peruano y la responsabilidad de la PNP en nuestro infierno.
En ascuas
Volvamos a la interpelación que Malaver padeció el jueves. Valió la ocasión para que explicara de nuevo -ya lo había hecho ante la Comisión de Defensa tres días atrás- el aumento de la cifra de extorsión y reconociera que esta puede ser mayor porque mucha gente, desconfiada de las autoridades y temerosa de las represalias, prefiere no denunciar.
En esa primera oportunidad hizo un análisis no del todo convincente pero sí más interesante que la nostalgia del taimado choro nacional.
Dijo que la disminución de los robos se debía a la mayor actividad policial en las calles y, en algunos lugares, a la presencia disuasiva de las FFAA. Ello habría hecho, según Malaver, que los delincuentes, desplazados de su hábitat callejero, se refugien en la virtualidad.
No le neguemos algo de razón a lo del ‘desplazamiento’ criminal por efecto de patrullaje; pero hay otro factor más preocupante: los delincuentes se adhieren a organizaciones o bandas, o las imitan, en su afán de cometer desde sus casas, sus centros de operación o desde la prisión, delitos rentables con su celular como principal herramienta.
No todos los forajidos son expulsados de las calles, sino que escogen otros delitos, como la extorsión, ejecutado entre cuatro paredes. Pero el remate violento y terrorista de la extorsión sí se perpetra en calle, como vimos trágicamente en Trujillo.
Si Malaver fuese censurado o llevado a renunciar estando al borde de una censura, como antes pasó con Vicente Romero y con el propio Santiváñez; el Congreso no se anotaría ninguna victoria.
La mayoría congresal se ratificaría como la responsable, más aún que el Ejecutivo, del desfile de generales en retiro o de viceministros sin influencia en la cartera más sobrepasada de todas.
Sería la prueba de que, por no atreverse a desafiar el pacto con Boluarte censurando a ‘Juanjo’, se la agarran con el ministro que está en el candelero porque la inseguridad siempre está quemando.
La interpelación vale como un gesto para que los congresistas, aunque andan con resguardo, puedan decir que ellos también sienten y se hacen eco del miedo ciudadano. Malaver tiene razones para estar tranquilo respecto a una censura como efecto inmediato de la interpelación del miércoles; pero debe prever que su censura efectiva o caída por mano dinista, sería inminente ante alguna asonada del terror criminal en la que se perciba que la inacción o la corrupción policial fue un agravante.
No eres tú, Malaver; es el infierno de la inseguridad sobre nuestras cabezas (por si acaso, ministro, esta tampoco es una metáfora sino un oxímoron o figura literaria de contradicción); es Dina y su gabinete despersonalizado; es el Congreso que no atina a lidiar con la principal preocupación de los peruanos cuando se les sondea. Pero con todo tu floro y tu añoranza del buen choro, eres un tentador chivo expiatorio.




