La satisfacción por la caída de Nicolás Maduro es inevitable. Un dictador que terminó de destruir a un país, que dividió a miles de familias venezolanas, que empujó al exilio a ocho millones de ciudadanos, debe responder por sus crímenes y la corrupción de la que vivió por años.
En una operación digna de una película de acción, miembros de la Fuerza Delta de Estados Unidos capturaron a Maduro Moros y lo llevaron a Nueva York para comparecer ante la justicia. Latinoamérica despertó así con la mejor noticia de inicio del año. Pero, pasado el júbilo, empezaron las preguntas. ¿Y ahora?
La primera conferencia de prensa del presidente Donald Trump dejó más dudas que certezas. Hay que “saber interpretarlo”, decían. Y no estamos hablando de traducción.
El punto que encendió algunas alarmas fue que Trump se refirió a María Corina Machado como una persona que carecía del apoyo interno. Traducción: Trump trataba de explicar que Machado no es un actor para este momento. El poder sigue en manos del chavismo corrupto y tienen que negociar. Así de pragmático.
La presión estadounidense sobre la presidenta encargada Delcy Rodríguez empezó a funcionar. El miércoles, el ministro de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, dijo que Washington controlará las ventas de petróleo venezolano “indefinidamente”, luego de que Trump anunciara que Venezuela entregará entre 30 y 50 millones de barriles de crudo a su país.
Pareciera que hasta “los más pintados” se van alineando porque en Venezuela nadie quiere correr la misma suerte que el cabecilla Maduro. Hasta Diosdado Cabello, el máximo represor del régimen, ha dicho: “Estoy consternado, golpeado emocionalmente, y uno pudiera decir en el mejor de los usos de ese término: con mucho temor por la desproporción de los ataques a nuestro país”.
En medio de todo esto, llegó la noticia más esperada y quizá el logro más importante tras el derrocamiento del tirano: el anuncio de la liberación de un grupo de presos políticos. Según el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Jorge Rodríguez (hermano de Delcy), “se ha decidido la puesta en libertad de un número importante de presos”.
Entre los presos políticos a ser liberados se encuentra Rafael Tudares, yerno del presidente electo Edmundo González Urrutia.
“El Gobierno bolivariano, en un gesto unilateral para afianzar nuestra decisión inquebrantable de consolidar la paz de la república y la convivencia pacífica, ha decidido la puesta en libertad de un número importante de presos”, dijo Rodríguez.
Hablan de paz los que solo pudieron mantenerse en el poder matando, apresando y oprimiendo libertades.
Falta mucho para una verdadera liberación de Venezuela, la podredumbre chavista sigue en el poder, y solo se alinean a Estados Unidos por un afán de supervivencia.
La buena noticia es que, sin el petróleo de Venezuela, Cuba languidece. Hay esperanza.
Los venezolanos aún no pueden celebrar en su país, el miedo todavía inunda las calles. Solo quieren libertad. ¿Y ahora?













