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Una era tres años mayor que la otra. Madeleine Truel tenía veinte años y su hermana Lucha diecisiete cuando llegaron a París en 1925. Ambas habían nacido en Lima, al interior de una próspera familia de comerciantes, de origen vasco-francés. Sin embargo, a la muerte de los padres, el negocio familiar decayó y los hermanos —tres hombres y cinco mujeres— se vieron forzados a partir hacia Europa para iniciar una nueva vida.
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Eran los locos años veinte y en el viejo continente había un clima de libertad, con el auge de las vanguardias artísticas y la bonanza económica. Dueñas de una gran sensibilidad, Madeleine se interesó por la poesía de Federico García Lorca y de Jean Cocteau, cuyos poemas transcribió, a la par que siguió clases de dactilografía; mientras tanto, Lucha fue admitida en el taller del célebre ilustrador Paul Colin. Con el tiempo, ella se dedicó a las artes decorativas y consiguió contratos para trabajar en la Sociedad de Naciones, en Nueva York, y en la lejana Ankara, la capital de Turquía.
Isabelle Tauzin es profesora emérita de la universidad de Burdeos. Se doctoró con una tesis sobre las escritoras peruanas del siglo XIX.
/ JESUS SAUCEDO
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Sin embargo, pronto esta vida promisoria cambiaría para siempre. En 1940, Francia fue invadida por los nazis y la sombra de la guerra marcará el destino de ambas hermanas. La investigadora Isabelle Tauzin a partir de acuarelas, diarios, cartas y recuerdos familiares ha reconstruido sus biografías en el libro “El Niño del metro, 1943″. Las hermanas Truel entre Perú y Francia. Ahí, destaca la participación de Madeleine y Lucha en la resistencia francesa, pero sobre todo su papel como autoras de un libro infantil que es una alegoría contra la crueldad que impone la guerra.
—¿Por qué es importante rescatar “El Niño del metro”, libro escrito por las hermanas Truel, y que usted compara con “El Principito”?
El punto de partida de mi trabajo fue este libro ilustrado con acuarelas, cuyos originales encontré en un catálogo en la Biblioteca Nacional de Francia. Fue muy interesante porque pude comparar el libro con estas obras hechas por Lucha Truel, la hermana menor, de quien no se conocía mucho… Cuando salió “El Niño del metro” (en 1943) no se difundió como tampoco se hizo con “El Principito”, de Saint Exupéry. Es curioso, además, la temática: el niño en el desierto en el caso de “El Principito” y el niño en el metro, en el caso de ellas. Es un niño que va por muchas estaciones, cuyos nombres inspiran juegos de palabras. Una de esas estaciones es la Chambre des députés, es decir el Congreso, el cual está representado en color rosa, pero los congresistas están durmiendo y la figura de la autoridad es una silla vacía. Hay banderitas francesas, algo prohibido (durante la ocupación alemana). Ya solo eso era un gesto subversivo. Cuando cuento esto, me emociono porque uno no se da cuenta del riesgo que corrieron ellas al publicar este libro. Lo mismo ocurre con la Place des Fêtes, que es el último lugar del recorrido del Niño, con gente bailando y fuegos artificiales. Desde 1940 estaban prohibidos los bailes populares por el gobierno de Vichy. Y el Niño debe buscar a una mujer conocida como La Muette (La Mudita). Es el nombre de una estación del metro, pero La Muette también es el lugar de donde salieron muchos deportados judíos. Es decir, todo está en doble sentido.
Autorretrato recogido del álbum de dibujos de Lucha Truel, realizado posiblemente en 1939.
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—El libro grafica el momento que se vivía en la Francia capturada, el silencio y la muerte rondando por todos lados.
Desde 1940, Madeleine Truel tenía un cuaderno, porque he conocido a sus familiares en Francia, quienes han permanecido en la misma casa durante 50 años. El 28 de junio, días después de que los nazis ingresaron a París, ella escribió estas líneas: “Los cazadores no eran bastante numerosos. Los jabalíes lo invadieron todo”.
—Esta historia iniciada a partir de estas acuarelas, la lleva a reconstruir las vidas de Madeleine y Lucha, ¿por qué son importantes estas dos mujeres?
Son importantes porque son representativas de algo: durante décadas se ha silenciado el papel de las mujeres en la resistencia contra los nazis. Ellas no peleaban con las armas, pero sí tecleaban, hacían las transmisiones clandestinas. Estaban en la logística y si las agarraban, las torturaban y no tenían salvación.
—¿Cómo participa Lucha Truel en la resistencia?
Un primer acto de resistencia de ella, que había quedado en la memoria de la familia, es que fue detenida. Busqué en los archivos departamentales donde estaba la cárcel para saber el motivo del encarcelamiento… Fue por una manifestación antialemana. Había silbado el himno inglés. Eso fue suficiente… En la cárcel, para no perder el sentido del tiempo, ella apuntó los días en un papel y hay una fecha marcada como “partida a Alemania”. Es decir, la iban a enviar a un campo de concentración. Pero luego fue liberada, por intervención de una monja, la madre Dolores. Después de eso, ella siguió actuando, armando falsos documentos para resistentes, para gente perseguida. Por ejemplo, una de sus amigas, que se llama Olga Pontremoli, se metió a estudiar inglés para participar en una red de ayuda a aviadores ingleses, para quienes hacían falsos documentos para ayudarlos a llegar hasta la frontera del País Vasco. Era toda una red de apoyo en la que ellas estaban metidas.
—Y en el caso Madeleine…
Ella fue capturada por primera vez el 6 de junio de 1944 en un momento de descuido general. Se sabe que ya había empezado el desembarco (de Normandía) y llega esa información a París… Entonces, se reúnen en un café y ahí les cae la Gestapo y detienen a varios, entre las capturadas estaba Annie Hervé, que era la gran amiga de Lucha y Madeleine. Annie Hervé fue luego una diputada comunista y representante de los deportados. Madeleine fue detenida y enseguida liberada. Pero a las dos semanas, nuevamente, fue detenida en un taller o depósito, a donde había ido a buscar tinta.
—¿La tinta la usaban para falsificar documentos o para otras tareas también?
La usaban para algo sumamente importante en la época que eran los boletines, la prensa clandestina. Ella estaba metida en una red que se llamaba Agencia de Difusión de la Información, la AID. Después de su captura, ella desaparece. Ya no se sabe nada… Hasta que en 1981, Lucha recibe una carta. Ahí le cuentan que siete mujeres, que habían sido deportadas en 1945, habían vuelto, después de 35 años, al lugar donde había muerto Madeleine para rendirle homenaje. Todas guardaban una memoria viva de ella. Yo he leído el boletín de la Asociación de Deportados de Sachsenhausen, el campo de concentración donde estuvieron todas estas mujeres, y todas hablaban de Marie Savin (el seudónimo que usaba Madeleine) como una persona buena, solidaria, que fabricaba falsos cuchillos para echar la mantequilla. Un dato íntimo, pero al mismo tiempo revelador porque eso suponía robar el material en el lugar donde eran obligadas a trabajar para hacer estos objetos.
—En el libro cuenta de una marcha de la muerte
Así se llama, porque los nazis decidieron que a todos los deportados que todavía podían caminar había que hacerlos salir de los campos de concentración. A ellas las iban a llevar hasta el mar Báltico para subirlas en unos pontones y hacerlas desaparecer. Madeleine muere durante esa marcha porque un capo alemán le da un golpazo. Sus compañeras la ayudan, pero ella no resiste. En ese instante, llegan los soviéticos y las liberan. Por eso, Madeleine fue enterrada en ese lugar, a donde 35 años después acuden estas mujeres a rendirle homenaje, pero ya no encontraron la tumba… Yo me he comunicado con la hija de una de esas deportadas y ella guardaba en la memoria todo lo que su madre le había contado de Marie Savin.
—Su libro aparece cuando estamos otra vez asistiendo a la tragedia de la guerra…
Es terrible, se repite la historia… La población civil está en una situación desesperada, pero no hay que perder la esperanza. Ese es el sentido del libro, porque al final el Niño del metro libera a la Muda y llega a la Plaza de las Fiestas. Ahí están todos reunidos mientras esperan la luz. Es un mensaje de esperanza como “El Principito”.
Además…
A saber
La presentación de El niño del metro, 1943. Las hermanas Truel entre Perú y Francia se realizará el próximo 19 de marzo, en la Librería La Rebelde, de Barranco, a las 6:00 p.m. Luego, Isabelle Tauzin dará una conferencia sobre testimonios de la migración francesa al Perú, en el Instituto Francés de Estudios Andinos, el 24 de marzo, a las 10:00 a.m.
“El niño del Metro, 1943”
Autora: Isabelle Tauzin
Editorial: Humana
Año: 2025
Páginas: 174



