Luis Arroyo no se propone perdurar en el recuerdo -¿cómo lo haría el último PCM del quinquenio más inestable del Perú contemporáneo?- sino durar hasta julio. Dos mesecitos pasando piola.
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El problema de Luis es que no le gusta dar la cara para exponer explicaciones satisfactorias y excusas tranquilizadoras; que es la mejor manera de capear temporales. Él espera que otros lo hagan por él. Si lo ponemos en el candelero, es por omisión; no por sus dichos y gestos. Los primeros ministros son bomberos y este no es la excepción pues no dudo que se aboque a apagar incendios; pero también son voceros, y ahí es donde el Gral. Arroyo sufre de parálisis. No hace mucho tuvimos otro primer ministro débil, Ernesto Álvarez, pero fue cubierto por la presencia mediática de José Jerí, y sí dio algunas entrevistas.
El 16 de abril, el gabinete liderado por Luis Arroyo se presentó ante el Congreso para pedir el voto de confianza. Al final, obtuvo el respaldo del Parlamento por 72 votos a favor, 15 en contra y 17 abstenciones (Fotos: Mario Zapata N. / @photo.gec)
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El lunes Arroyo estuvo citado en la Comisión de Defensa para explicar su papel en la crisis de la compra de los F 16. Se excusó de forma seca y administrativa, aduciendo un “cruce de actividades” en su agenda. No puedo asegurarles que el primer ministro simplemente quiso quitar su parte trasera a la jeringa, pues si ese fuera el rasgo definitorio de su condición humana, no hubiera aceptado ser PCM; pero sí es evidente que le aterra la inquisición en público. Por eso, se prodiga tan poco en entrevistas y eventos.

Este es el oficio que el primer ministro dirigió a la presidenta de la Comisión de Defensa para no acudir a la citación por el caso de los aviones caza F-16
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Pensemos, mejor, que evaluó asistir al interrogatorio congresal pues temió que, además de los F 16, le preguntaran por la reciente tragedia de Colcabamba, en la provincia huancavelicana de Tayacaja, y que el lunes pasado aún era un rompecabezas cuyas piezas no terminaba de armar. Una patrulla del Ejército, en una zona próxima pero fuera del área de intervención conjunta de las FFAA y la PNP en el VRAEM, hizo un operativo que acabó en la muerte de 5 civiles que fueron anunciados como narcoterroristas. Todo dio un giro cuando la fiscalía abrió investigación por asesinato y se conocieron testimonios que cuestionaron la versión oficial.
Cuando, por fin, el martes, el gobierno tenía algo que decir sobre ese triste episodio de Colcabamba, ¿habló Arroyo? No, el nuevo ministro de Defensa, Amadeo Flores, se ofreció a asistir a una próxima sesión de la Comisión de Defensa, para hablar de los F 16 y de lo ocurrido en Huancavelica.
Flores trabajó bajo el mando de Arroyo hasta el 17 de marzo, cuando este dejó el Mindef por la PCM. Luis no tiene voz de mando en público pero al menos la tiene en Palacio, la suficiente como para disponer que otro ministro saque la cara por él.
Vacío de poder
Mientras rogamos que José María Balcázar no hable más citando a su autor de cabecera -el controversial filósofo español Antonio Escohotado- y nos meta en problemas con Israel, con Alemania y con el mundo; exigimos a Arroyo lo contrario: que hable, explique, aclare, tranquilice. Poco puede decir sobre las elecciones pues casi nada puede hacer por ellas; pero por lo menos que declare sobre la agenda y las urgencias del Ejecutivo.
La crisis de los F 16 se cerró con un vacío de poder del que Arroyo, ex jefe del Indeci y por lo tanto experto en emergencias, fue responsable por omisión.
Dos ministros, Carlos Díaz Dañino, su sucesor en Defensa, y el canciller Hugo de Zela, tuvieron que renunciar ante la persistente actitud de Balcázar de desconocer el contrato ya firmado con Lockheed Martin.
Fernando Rospigliosi, presidente del Congreso, desde su cancha ajena, fue quien dio el anuncio de que el primer pago ya se había hecho y por lo tanto, la compra regía. Luego de eso, recién Arroyo emitió un farragoso pronunciamiento validando lo dicho por Rospigliosi, dando por cerrada -solo para entendidos- la crisis.
En los relatos de los dos ministros renunciantes, Arroyo aparece como un despistado premier que no atinaba ni a convencer al presidente de conciliar con ellos para retenerlos; ni a copiarles el gesto provocando la crisis total del gabinete.
El discurso antisemita de José María Balcázar generó un rechazo generalizado | Foto: Presidencia
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Superada esa crisis de gobierno la atención vuelve a estar en el foco electoral, a gusto de Luis. Pero hay mucha agenda del Ejecutivo por explicar, desde el lío de las becas del Bicentenario hasta el balance de lo que encontrará el sucesor(a) y cómo vamos en la lucha contra el crimen.
Podemos entender que Arroyo no se apure por salir a traducir qué barbaridad quiso decir Balcázar sobre el pueblo judío ‘provocando’ el holocausto, pues eso se lo dejó al canciller Carlos Pareja. Pero, vamos, vendría bien que comparezca en entrevistas o que enfrente al enjambre de micrófonos tras algún evento, para darnos tranquilidad en este trance de primera vuelta inacabable que, para remate, es el preludio de otro trance.




