¿Por qué Luis Galarreta no se ocupaba de dos cosas a la vez, poner orden en el vergel ministerial y preparar su presentación ante la Cámara de Diputados? Su debut en el Ejecutivo, para alguien que pasó dos décadas en el frente legislativo y partidario; ha de haberlo descuadrado más de lo que se esperaba. Estuvo activo, no lo dudamos, en el casting de ministros. Algunos fueron propuestos por él, como Alberto Beingolea para Cultura y Keiko aceptó la temeridad. En lo que va del ‘keikato’, Lucho no se ha hecho notar mucho, pero ha participado en todas las decisiones fundamentales. Digamos que anduvo de perfil bajo, pero muy atento a todo.
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Nos queda la duda de si Galarreta hubiera continuado de bombero discreto si el mandato constitucional de comparecer ante los diputados no lo ponía por obligación constitucional en el candelero. Quizá le acomodaba el perfil bajo, pero no es lo que se espera de un primer ministro en emergencia. Es cierto que, por ser una reforma de la bicameralidad, ya no tendrá que esperar el voto de confianza o investidura, que era una bala de plata de la oposición. Pero le espera muy próximamente algo parecido: presentar, en nombre del Ejecutivo, el pedido de delegación de facultades legislativas. Su aprobación o su rechazo o que lo aprueben con serios recortes; equivaldrá a ese voto de investidura desaparecido.
“Ya no tendrá que esperar el voto de confianza o investidura, que era una bala de plata de la oposición. Su aprobación o su rechazo al pedido de facultades; equivaldrá a ese voto de investidura desaparecido”
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El jueves, Keiko lo despidió de Palacio junto a los ministros. Otro ritual de nuestra democracia inestable. Al llegar al hemiciclo, varios ministros, cancheros, estrecharon la mano a diputados que ni conocían. Galarreta estaba más pendiente de la lectura que le esperaba. Lo hizo veloz, como para no pasarse de la hora estipulada en el programa. En un comentario al margen dijo el gobierno aún estaba puliendo el pedido de facultades, delatando que allí están puestos su cálculo y sus dudas. En otros pies de página, recordó que había estado en la cancha congresal. No puede olvidarla.

Luis Galarreta se presentó ante la Cámara de Diputados para exponer los ejes del Gobierno. (Foto: Congreso)
/ Victor Vasquez
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Al final del discurso de presentación, Galarreta leyó, sin ceñirse a la letra, varios párrafos reiterativos convocando a los diputados a ‘acompañar’, ‘ser parte de la solución y no del problema’, ‘compartir sin dejar de fiscalizar’, ‘no confrontar sino dialogar’. Al final del día, tras oír a los diputados de oposición, fue más conciliador aún. He ahí un síntoma de nuestro personaje en el candelero: la aún discreta convicción de que, una vez en Palacio, hay que ser más concertador que en el Congreso. Si no, no hay forma de que se les abra la primera barrera que se les erigió delante: la alianza de 4 bancadas de oposición, Juntos Por el Perú, Partido de Buen Gobierno, Ahora Nación y Obras. Probablemente los 4 no boten en bloque ante el pedido de facultades, pues tienen diferencias internas; pero verlos juntos en la mesa directiva, recuerda a Galarreta que, si los provoca hasta hacerlos coincidir, serán matemáticamente imbatibles.
Para dolor de cabeza de Lucho y compañía, la bicameralidad diseñada principalmente por fujimoristas, no reparó en que se creó un sólido Senado que ostenta la última palabra. Pero ello es relativo. Ese principio funciona bien si los diputados aprueban una barbaridad; pero el Senado se queda desarmado si la primera cámara comete la barbaridad de rechazar una ley que a la mayoría de este parezca buena. Allí muere la ley, sin que el Senado pueda rescatarla para, eventualmente, aprobarla. Eso puede pasar con el pedido de facultades, o con parte de él; de ahí el empático, nada provocador, premier Galarreta en su presentación en sociedad. Parecía que él mismo soplaba para apagar su propio candelero.
Si Lucho no salía mucho ante la prensa -cosa que propició el desorden ministerial- habrá sido porque no encontraba el tono conciliador, la actitud persuasiva, la sonrisa que ensayó en la presentación del jueves. Pero una cosa es leer un discurso preparado, con cuidado, por su flamante equipo a partir del feedback de los ministerios, y otra cosa es ser el portador natural y espontáneo del mensaje convocante de la naranja. Su papel, hasta antes de ser gobierno, había sido otro: la hosca y firme defensa de la naranja ante sus antis. El switch no es tan simple pero es mandatorio.


