viernes, enero 30

Fue cadete en la marina, pero la música pudo más. El tenor peruano Luis Ernesto Alva Talledo (Piura, 1927), conocido también como Luigi Alva, falleció este jueves a los 98 años de edad en su casa en Italia, donde vivía en compañía de su esposa, Ana María Zanetti. Fue uno de los peruanos que dejó en alto el nombre del país en el siglo XX por medio de su talento y profesionalismo. La noticia fue confirmada por la cuenta Twitter del Rossini Opera Festival.

“El director artístico Juan Diego Flórez y el Superintendente Ernesto Palacio desean recordar a Luigi Alva, quien nos dejó esta mañana a los 98 años. Gran tenor peruano, participó en innumerables producciones de Rossini. Un cordial saludo a su esposa Anita”, indicó el festival.

Alumno de los colegios La Salle y Anglo Peruano en su tierra natal, su talento vocal fue descubierto por la musicóloga peruana Rosa Mercedes Ayarsa de Morales, quien lo incorporó a su compañía. Desde allí todo fue cuesta arriba: a las presentaciones en radios se sumaron viajes por el territorio nacional a interpretar zarzuelas y demás piezas que lo convirtieron en leyenda local. Pero el mundo todavía tenía que conocer su talento.

En el año de 1953 dejó el país rumbo a Milán, Italia, donde podía desarrollar su talento. Como prueba está la postal que envió a este Diario donde posa frente al teatro La Scala. “Nadie que vea el frontis puede imaginarse la belleza y majestuosidad que reinan en su interior”, escribió. Tres años después él encantaría a los asistentes del sitio con su voz, al interpretar al Conde Almaviva en la ópera “El barbero de Sevilla” de Rossini.

Aparte de su carrera musical Luis Alva fue activo gestor para que el Perú reciba por única vez la visita de Luciano Pavarotti, uno de los grandes tenores de la humanidad. Las gestiones del peruano hicieron que su colega se presentara en enero de 1995 para miles de personas en el Hipódromo de Monterrico, Surco.

Personalmente, era responsable de los ensayos. En este caso, estoy acostumbrado a hacer un ensayo general 24 horas antes de un espectáculo. Y en el caso del concierto se hizo sólo tres horas antes”, contó Alva en ese entonces a El Comercio. “Esa noche fue terrorífica para mí”, añadió entre risas.

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