Apenas ingresaron al mercado, allá por el 2010, los vapeadores se promocionaron como una alternativa menos dañina a los cigarros e incluso como una herramienta para dejar de fumar. Sin embargo, cada vez hay más estudios que cuestionan esa percepción. Según un reciente reportaje de ‘The New York Times’, investigadores hallaron niveles elevados de metales pesados en el vapor de algunos de los dispositivos más populares del mercado estadounidense, reforzando las preocupaciones sobre sus efectos en la salud.
Apenas ingresaron al mercado, allá por el 2010, los vapeadores se promocionaron como una alternativa menos dañina a los cigarros e incluso como una herramienta para dejar de fumar. Sin embargo, cada vez hay más estudios que cuestionan esa percepción. Según un reciente reportaje de ‘The New York Times’, investigadores hallaron niveles elevados de metales pesados en el vapor de algunos de los dispositivos más populares del mercado estadounidense, reforzando las preocupaciones sobre sus efectos en la salud.
Uno de los estudios citados por el diario encontró concentraciones de níquel, antimonio y plomo, sustancias asociadas a daños neurológicos y a un mayor riesgo de cáncer de pulmón. Los investigadores señalaron que algunos resultados fueron tan altos que inicialmente pensaron que sus equipos presentaban fallas.
MIRA: Un youtuber transformó 500 vapeadores en una batería capaz de alimentar su casa
Las preocupaciones no se limitan a los pulmones. Expertos consultados por el medio advierten que una sola calada puede aumentar la frecuencia cardíaca y contraer los vasos sanguíneos. Con el uso constante, estos efectos podrían elevar el riesgo de hipertensión, accidentes cerebrovasculares, arritmias e incluso infartos.
Se piensa que el uso de cigarrillos electrónicos, también llamados vapeadores, permite reducir y eliminar el hábito de fumar cigarrillos convencionales, pero cada vez más estudios cuestionan esa idea. | Crédito: Pixabay
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Además, el calentamiento de los líquidos utilizados en los cigarrillos electrónicos puede generar compuestos potencialmente peligrosos, como formaldehído y acetaldehído, sustancias que han sido vinculadas con procesos inflamatorios y daños cardiovasculares.
En el caso de los pulmones, la evidencia apunta a que el vapeo puede provocar inflamación crónica de las vías respiratorias, agravar enfermedades como el asma y causar síntomas persistentes como tos y dificultad para respirar. Aunque todavía no existen datos concluyentes sobre su relación directa con el cáncer, los especialistas consideran que la exposición continua a ciertos compuestos químicos genera motivos de preocupación.
Otro aspecto que inquieta a los investigadores es la adicción. La nicotina presente en estos dispositivos puede generar dependencia, especialmente entre adolescentes y jóvenes cuyos cerebros aún están en desarrollo. Algunos de los modelos más recientes ofrecen hasta 20.000 caladas, una cantidad equivalente a cerca de 100 paquetes de cigarros, según expertos citados por ‘The New York Times’.
Los científicos reconocen que aún faltan estudios de largo plazo, ya que los vapeadores son productos relativamente nuevos. Sin embargo, el consenso es cada vez más claro: aunque puedan contener menos sustancias tóxicas que los cigarros tradicionales, están lejos de ser inocuos y sus riesgos para la salud continúan acumulando evidencia.




