Cada vez son más los estudios que confirman la perjudicial relación entre el consumo de productos ultraprocesados y nuestra salud. Y no solo se trata de la paupérrima calidad nutricional o su alta capacidad para engordarnos, un reciente estudio apunta a la salud cardiovascular como uno de los sistemas más afectados. Los expertos incluso comparan esta nueva “epidemia” con la crisis provocada por el tabaco, el siglo pasado.
Cada vez son más los estudios que confirman la perjudicial relación entre el consumo de productos ultraprocesados y nuestra salud. Y no solo se trata de la paupérrima calidad nutricional o su alta capacidad para engordarnos, un reciente estudio apunta a la salud cardiovascular como uno de los sistemas más afectados. Los expertos incluso comparan esta nueva “epidemia” con la crisis provocada por el tabaco, el siglo pasado.
Una investigación liderada por la Florida Atlantic University y publicada en la revista The American Journal of Medicine halló que un alto consumo de ultraprocesados se asocia con un 47 % más de riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. El análisis se basó en datos de la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición de Estados Unidos entre 2021 y 2023, con una muestra de 4.787 adultos.
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Los investigadores ajustaron los resultados por edad, sexo, raza, nivel de ingresos y tabaquismo, con el fin de aislar el impacto específico de estos productos. Tras eliminar esos factores, la relación se mantuvo: quienes consumen más ultraprocesados presentan casi un 50 % más de probabilidades de desarrollar patologías del corazón frente a quienes los ingieren en menor proporción.
El estudio se suma a una tendencia ya documentada en otras investigaciones internacionales. En Francia, la cohorte NutriNet-Santé, con más de 100.000 participantes, evidenció que un aumento del 10 % en la ingesta de ultraprocesados se vincula con un 12 % más de riesgo cardiovascular. Un metaanálisis publicado en 2024, que revisó datos de más de un millón de personas, concluyó que cada porción adicional diaria incrementa el riesgo de eventos cardiovasculares en un 2,2 %. En Australia, un seguimiento de 25 años a casi 40.000 individuos relacionó el alto consumo de estos productos con un 19 % más de mortalidad cardiovascular.
Los expertos señalan que el impacto estaría relacionado con procesos de inflamación sistémica y alteraciones en el metabolismo de los lípidos. A ello se suma una composición caracterizada por múltiples ingredientes industriales, abundantes azúcares añadidos, grasas saturadas y aditivos, pero escasa en fibra y micronutrientes, combinación que favorece la hipertensión, la resistencia a la insulina y la diabetes.
La comparación con el tabaco no es casual. Así como las campañas antitabaco lograron reducir muertes por cáncer y enfermedades cardíacas en el siglo XX, hoy la expansión masiva de productos ultraprocesados plantea un nuevo desafío de salud pública. La evidencia científica, cada vez más consistente, apunta a que su consumo habitual podría convertirse en uno de los principales factores de riesgo cardiovascular de esta generación.












