Con el 100% de las actas contabilizadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Keiko Fujimori (Fuerza Popular) se convirtió el último lunes 29 en la virtual presidenta de la República.
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1. Una de las tareas más importantes del nuevo gobierno, por ser la base de toda acción, pero que se menciona muy poco, es el de la identificación y nombramiento de los funcionarios que estarán a cargo de instituciones y de puestos de confianza para la ejecución de las políticas públicas y de las acciones inmediatas que van a marcar la dinámica del gobierno.
Hacer frente a la delincuencia, al impacto del fenómeno de El Niño, a la minería ilegal o a los problemas para la atención de la salud de los ciudadanos no es una tarea solo de la presidenta o de los ministros, que serán quienes establezcan las directivas generales, sino también, y con mayor grado de responsabilidad, de los funcionarios que deben trabajar en el día a día y que deben mostrar resultados desde el primer momento.
La dirección de la PNP, del Inpe, del Enfen (Estudio Nacional del Fenómeno de El Niño), del Minem, de Essalud, de la Sunedu, y de decenas de otras instituciones públicas deben estar en manos de funcionarios de primer nivel, cuyas trayectorias deben estar debidamente filtradas, y cuyas acciones deben estar orientadas a hacer un trabajo profesional, técnico, honesto, y al servicio de la ciudadanía.
Es a partir del trabajo de los ministros y, sobre todo, de estos funcionarios, que el trabajo del gobierno y sus resultados se van a hacer notorios desde los primeros momentos. Transformar Essalud, por ejemplo, debe ser una tarea prioritaria y fundamental del gobierno, que le dará rédito político y social desde el primer momento. Así como eso, hay múltiples casos que pueden ofrecer rápidos resultados.
2. Más allá de si es fujimorista o no -y lo ideal sería que no lo sea-, el primer ministro debe ser una persona de confianza de la presidenta, que no genere dudas sobre su trayectoria personal y profesional, sin denuncias, investigaciones o un pasado con sospechas. Debe ser una persona que se haya desempeñado en cargos de gestión, sea en el sector público o privado, y de preferencia en ambos, con una mirada en el corto y mediano plazo, y con capacidad de liderazgo para ser un buen coordinador del Consejo de Ministros.
Debe ser una persona con autoridad y capacidad de diálogo, con la suficiente muñeca política como para saber defender su posición y ceder cuando sea necesario. Su sencillez y buen manejo lo debe llevar a saber tratar con todo tipo de interlocutores, y de todos los colores políticos.
Debe confiar en sus ministros, saber delegar y ser una buena bisagra entre la presidenta y el Congreso, los partidos políticos y sus bancadas. Debe ser el conductor de las negociaciones políticas, y el principal vocero del gobierno, para lo cual requiere de actitudes y aptitudes para la comunicación, pero también de prudencia y ponderación.
3. Ha sido un buen anuncio el de señalar que se tratará de un gabinete plural y amplio, y no multipartidario. No se trata de entregar ministerios a los partidos, porque se corre el riesgo de establecer compartimentos estanco con dominio de clientelismo partidario y un mal uso de los recursos públicos para favorecer a candidatos o dirigentes políticos.
Se trata de conformar un gabinete con los mejores profesionales y técnicos en cada sector, más allá de sus colores políticos, que trabajen al servicio de los objetivos que se trace el gobierno para beneficio del país y de los ciudadanos. Y debe ser tan amplio como las circunstancias lo requieran.
Siempre es deseable saber guardar un equilibrio entre ministros del partido de gobierno, que mantengan vigente los planes y programas del Ejecutivo, con independientes o profesionales y técnicos que quizás tenga otro color político, porque esto permite enriquecer la perspectiva del Ejecutivo y del gabinete.
4. Tratar de vencer la resistencia que un gobierno fujimorista en general, y de Keiko Fujimori en particular, va a generar en diversos sectores políticos y en varias regiones del país. Este va a ser quizás el reto más importante, del cual va a depender el acercamiento del Ejecutivo a sectores sociales y regionales que podrían buscar realizar acciones para entorpecer la acción del gobierno.
Y esta es una tarea que solo compete al Ejecutivo, y directamente a la presidenta. El cambio de actitud del fujimorismo, que ha sido oposición durante tantos años, y soporte de otros gobierno recientemente, es reto exclusivo del fujimorismo mismo.
Si se logra llevar adelante esto, será más fácil convocar y trabajar con otros sectores en todos los niveles. Pero si se fracasa en esta labor, no solo se dificultará la gestión pública, sino que el antifujimorismo no solo no desaparecerá, sino que se consolidará nuevamente.
5.La de saber enfrentar la corrupción y a las» mafias» que se han enquistado en cada una de las instituciones del Estado, que se han aprovechado de los recursos públicos para enriquecerse o para favorecer a sus partidos y dirigencias; y la de ejercer el poder con autoridad, pero con pleno respeto de la democracia y los derechos fundamentales de las personas.
Eso marcaría un antes y un después en la historia del fujimorismo en el país. Si eso no ocurre, o si se generan dudas y/o sospechas que son pasadas por alto o blindadas por el gobierno, entonces la situación del Ejecutivo será de una constante precariedad e inestabilidad.

Karen López Tello, politóloga y directora de Política de Propuesta País, considera que el gabinete debe ser amplio en legitimidad, capacidad técnica y responsabilidad pública.
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1.La primera prioridad debe ser construir una concertación seria, porque no llega a gobernar sobre una confianza ya ganada. Hay fuerzas políticas y sociales dispuestas a darle una oportunidad al nuevo gobierno, pero esa oportunidad será exigente y vigilada. Para que exista, la convocatoria debe ser pública, genuina y estructurada, con una agenda conjunta que se traduzca en decisiones, presupuesto, leyes y plazos concretos.
La segunda prioridad es cumplir su promesa central de poner orden. Eso implica actuar sobre seguridad ciudadana, revisar normas que puedan debilitar la lucha contra el crimen, preparar una respuesta ante riesgos climáticos y atender pobreza urbana y servicios básicos, especialmente salud. En sus primeros meses no necesita prometerlo todo, sino demostrar que el Estado puede responder en pocos frentes críticos.
2.Debe ser un articulador político con experiencia estatal. La PCM será clave porque tendrá que convertir la concertación en gestión concreta. No basta un perfil técnico ni una figura partidaria. Se necesita una persona con autoridad para ordenar prioridades, conducir sectores, dialogar con el Congreso y generar confianza en actores que no necesariamente respaldaron al gobierno.
Además, el primer ministro debe participar realmente en la conformación del gabinete. Si se busca un gabinete amplio y plural, el presidente del Consejo de Ministros no puede limitarse a recibir una lista cerrada. Tiene que ser parte de la arquitectura política y ejecutiva desde el inicio. Sin un primer ministro fuerte, la concertación queda en gesto y el gabinete se vuelve dispersión.
3.El gabinete debe ser amplio, pero no solo por la procedencia política de sus integrantes. Debe ser amplio en legitimidad, capacidad técnica y responsabilidad pública. La pregunta central no es cuántos sectores se incorporan, sino bajo qué objetivo común aceptan gobernar juntos.
Un gabinete plural necesita agenda compartida, conducción y reglas claras de responsabilidad. Quienes apuestan por el servicio público deben saber para qué entran, qué margen tendrán y qué resultados deberán producir. La amplitud sin propósito puede terminar en dispersión. La amplitud con dirección puede ser el primer acto real de reconstrucción de confianza.
4.La prueba más difícil será gobernar sin periodo de gracia. En un país polarizado, con alta desconfianza y sectores que ya anuncian resistencia, la nueva presidenta no tendrá cien días para instalarse con calma. Su primer año empieza antes del 28 de julio, cuando deberá demostrar si puede construir gobernabilidad democrática antes de ejercer plenamente el poder.
A eso se suma una prueba de gestión muy concreta. Deberá enfrentar inseguridad ciudadana, posible emergencia climática, pobreza urbana, inseguridad alimentaria, salud colapsada y una relación compleja con autoridades subnacionales de salida o recién ingresadas. Por eso, su primer gabinete no puede ser solo de diálogo. Debe ser también un gabinete de emergencia, ejecución y contención institucional.
5.La decisión que marcará el tono será cómo decide ejercer el poder. Si quiere gobernar democráticamente, tendrá que promover un nuevo pacto social con agenda, rendición de cuentas y participación ciudadana. No se trata solo de convocar actores políticos, sino de reconstruir mecanismos de confianza para que la sociedad civil pueda observar, exigir y participar en las prioridades nacionales.
Su primera gran decisión no será solo nombrar ministros, sino definir si el orden que propone tendrá legitimidad democrática. Si convoca un diálogo genuino, con objetivos de corto y mediano plazo, puede ampliar su margen de gobernabilidad. Si intenta imponer orden sin construir confianza, activará resistencias desde el inicio. En este gobierno, la gobernabilidad no será un punto de partida, será una construcción diaria.

Para Requena, el principal desafío político de Fujimori «tiene que ver con la potencial conflictividad social que se dé». (Foto: GEC)
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1.Las prioridades del Gobierno irán ajustándose de acuerdo con la coyuntura. Hay desafíos permanentes, como la inseguridad ciudadana y la lucha contra la corrupción, pero sobre todo cosas muchas más concretas, como el fenómeno de El Niño. En esa medida, lo más sensato será mostrar resultados rápidos, concretos, que le permitan al Gobierno manejar la presión.
2.Lo fundamental es tener la confianza plena de la presidenta de la República. Optar por alguien que pueda aspirar a tener un juego propio sería algo riesgoso. Creo que lo segundo es tener peso propio: que proyecte confianza, que pueda reclutar ministros competentes. Esto porque las presiones estarán desde el primer día. Si a eso se le agrega alguna inclinación al diálogo y no mostrar un mensaje cerrado u hostil, creo que puede ayudarle, considerando el estrecho margen con el que Keiko Fujimori ha ganado las elecciones.
3.Lo fundamental del Gabinete es que sea consistente y competente. Consistente en la medida que, por mucha pluralidad y amplitud que se le pida, exija o que la propia presidenta haya sugerido, creo que deberíamos pensar que será un Gabinete Ministerial de derecha o de centro derecha, por lo cual, la figura partidaria será una consideración secundaria.
4.El principal desafío político de Fujimori tiene que ver, por un lado, con la potencial conflictividad social que se dé. En estos días, por ejemplo, hay un paro en Moquegua. Pero además, creo que lo que vaya a hacer en el Parlamento. Las presiones que vaya a recibir en el Parlamento creo que serán muy fuertes.
5.Lo fundamental es aspirar a que complete el mandato, a parar la ola de inestabilidad que hemos tenido en los últimos 10 años. En esa medida, quizás las primeras decisiones que tome serán fundamentales. Por eso, la conformación del primer Gabinete Ministerial y el primer mensaje a la nación serán fundamentales para ver hacia dónde quiere dirigir su mandato.












