domingo, marzo 22

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Los quipus también hablan y tienen mucho que decir. Más allá de su uso como instrumentos contables y de registro, estas milenarias cuerdas también fueron, al parecer, utilizadas para memorizar informaciones de acuerdo con determinados patrones. De esta manera, los antiguos peruanos las emplearon para transmitir mensajes verbales concisos y simples —como un chat actual—, pero también para el aprendizaje de los Mandamientos o del Padrenuestro, durante los días de la evangelización cristiana.

Los quipus también hablan y tienen mucho que decir. Más allá de su uso como instrumentos contables y de registro, estas milenarias cuerdas también fueron, al parecer, utilizadas para memorizar informaciones de acuerdo con determinados patrones. De esta manera, los antiguos peruanos las emplearon para transmitir mensajes verbales concisos y simples —como un chat actual—, pero también para el aprendizaje de los Mandamientos o del Padrenuestro, durante los días de la evangelización cristiana.

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Esta hipótesis es planteada y desarrollada por el lingüista José Antonio Salas en un libro —“La interpretación lingüística de los quipus”, publicado por EY— que parte del conocimiento de la lengua mochica y sus clasificadores numéricos que servían para contar determinados seres animados, inanimados, objetos y lugares. Así, al relacionar el léxico de una lengua indígena con el orden de las cuerdas de algunos quipus, el autor otorga nuevas luces sobre la información contenida en estos enigmáticos artefactos.

Quipus

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Un aspecto central de esta investigación ha sido privilegiar la continuidad temporal del quipu, es decir su uso desde tiempos anteriores a los incas hasta épocas contemporáneas. Esto le ha permitido al autor hacer inferencias sobre cómo pudieron haberse empleado en épocas prehispánicas a partir de los hallazgos encontrados en quipus republicanos.

Como dice Salas, lo que mejor se ha entendido hasta ahora es la parte cuantitativa de los quipus, explicada desde el trabajo pionero de Leland Locke, a comienzos del siglo XX. Ahí se pudo determinar, por ejemplo, el patrón decimal de los quipus y cómo se contaban las unidades, decenas y centenas, establecidas a partir de la posición de los nudos en los hilos.

Sin embargo, hay algunos quipus que escapan a este patrón decimal y eso llevó a ciertos investigadores a pensar en la existencia de quipus exclusivamente narrativos o históricos. Esto es puesto en duda por Salas: “Yo creo que la oposición entre un quipu cuantitativo y uno narrativo no es tan grande, como se ha dicho. En el libro, he puesto algunos contraejemplos del (sistema contable) alemán, otro del francés para desmentir esa oposición tajante”.

En otras palabras, un quipu puede ser cuantitativo y a la vez contener información narrativa. “Es que uno también puede contar una historia a partir de datos numéricos”, enfatiza el autor. Y para demostrar esto se vale del mochica —una lengua indígena hablada en la costa norte del Perú desde el siglo IV hasta inicios del siglo XX, aproximadamente—, que utilizaba clasificadores numerales al momento de cuantificar objetos específicos.

“En determinadas lenguas, cuando vas a contar algo —explica Salas— necesitas decir qué cosa es y para eso se pone un clasificador. Puede sonar redundante o innecesario, pero muchas lenguas en el mundo lo hacen, como el chino o el japonés. En la Amazonía peruana, el bora lo hace, también el machiguenga y también lo hacía el mochica. Si vas a contar cosas que son alargadas, usas un clasificador. Si son cosas redondas, usas otro clasificador. Si vas a contar el tiempo, usas otro clasificador… La importancia del clasificador es que te da una clave léxica de lo que estás contando”.

La lectura de los quipus.

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Dos de estos clasificadores mochicas que Salas ha usado en su investigación son ssop y cæss, y ambos están relacionados con la contabilidad del tiempo. El primero fue usado por los hombres y el segundo por las mujeres. “Cuando se hace la descripción de la gramática mochica en 1644 se dice que el clasificador ssop cuenta el tiempo y no se sabía qué significaba. Pero en 1892 hay una gramática que se hace en alemán y ahí se dice que ssop significa cuerda. Si uno ve las cosas desde el español, ¿qué tiene que ver una cuerda con el tiempo? Nada. Pero más adelante en la Laguna de los Cóndores, en Chachapoyas, se encontró un quipu que tenía 753 cuerdas colgantes, con 24 grupos que estaban divididos en 29 y 31 hilos. La hipótesis es que se trataría de un calendario de dos años, donde cada cuerda es una unidad de tiempo. Ahora si ves esto ya puedes explicar por qué el mochica contaba el tiempo a partir del concepto de cuerda”.

De la misma forma, la posición de las cuerdas en el quipu guardaba relación con un orden temporal. En el libro, se cita al Inca Garcilaso, quien, en 1609, se refirió a un censo de personas contabilizado en quipus: “En el primer hilo ponían los viejos de sesenta años arriba; en el segundo los hombres maduros de cincuenta arriba, y el tercero contenía los de cuarenta; y así hasta los niños de teta. Por la misma orden contaban (a) las mujeres por las edades”. “La descripción de Garcilaso indica que cada hilo tiene el valor de una década, en orden descendente”, escribe el autor.

Este hallazgo, le permite inferir a Salas que la contabilidad cardinal (1, 2, 3…) estaba reflejada en los nudos, mientras que la ordinal (primero, segundo, tercero…) correspondía a los hilos o cuerdas.

Este orden ordinal establecido en las cuerdas del quipu, lo convirtió, al parecer, en un objeto valioso para el aprendizaje del catecismo cristiano. “Las oraciones cristianas se aprendían mediante quipus, como instrumento que auxiliaba la memoria”, escribe Salas, y cita el testimonio de fray Diego de Porras, quien, alrededor de la segunda mitad del siglo XVI, contaba que los indígenas llevaban siempre consigo los quipus para acordarse de “las cuatro oraciones y mandamientos” que eran obligados a aprender.

“Esto también nos permite saber cómo se confesaban usando los quipus —explica el autor—, porque según las doctrinas cristianas se confesaban de acuerdo con los diez mandamientos. Por ejemplo, en los confesionarios, preguntaban cuántas veces se había faltado al primer mandamiento. En este caso, cada hilo era un mandamiento y en los nudos estaba indicado las veces que se había cometido el pecado. Pero no solo eso, sino que tanto Garcilaso como Joseph de Acosta dicen que de los hilos salían hijuelos. Y si uno revisa los confesionarios, verá que había más de una pregunta por cada mandamiento, entonces estos hijuelos representaban a esas otras preguntas”.

Ilustración de Guaman Poma.

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De las múltiples ilustraciones del libro, destaca una de Guaman Poma en la que se ve a un chasqui con un quipu y la inscripción “carta”. Un ejemplo gráfico de su uso en un territorio tan amplio como el Tahuantinsuyo, donde la información circulaba anudada en coloridas y misteriosas cuerdas.

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