Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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Uno de los criminales más buscados del país y la región, Jhonsson Cruz Torres, alias ‘Jhonsson Pulpo’, cayó detenido este martes en Bolivia luego de permanecer prófugo durante años. Considerado uno de los principales cabecillas de la organización criminal Los Pulpos, logró mantener y expandir desde la clandestinidad una estructura vinculada a delitos que van desde la extorsión y el robo agravado hasta el sicariato, los secuestros y la minería ilegal. Una organización nacida en el norte del Perú, pero cuyas actividades y conexiones han logrado traspasar las fronteras del país.
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Pero la desigualdad fue solo una pieza. El crecimiento de las pandillas barriales, la defensa y disputa de territorios, la informalidad, la limitada presencia del Estado y las fallas de un sistema penitenciario que no consiguió cortar los vínculos entre los delincuentes encarcelados y sus organizaciones en las calles terminaron formando parte de un escenario mucho más complejo. Para Nuñera, las cárceles incluso se convirtieron en espacios desde donde determinadas modalidades extorsivas pudieron especializarse y trasladarse hacia otros lugares del país.

Libro de Jorge Nureña.
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Entender esa trayectoria permite mirar más allá de Los Pulpos. Lo ocurrido durante más de dos décadas en Trujillo muestra cómo las dinámicas sociales, económicas e institucionales de cada territorio pueden moldear distintas formas de criminalidad y cómo la ausencia de respuestas especializadas permitió que el fenómeno avanzara. “Han dejado crecer el monstruo”, sostiene Nuñera al analizar la respuesta de las autoridades y la posterior expansión de la extorsión hacia otras ciudades del país.
—Antes de entender cómo Los Pulpos llegaron a convertirse en una de las principales organizaciones criminales del norte, ¿qué escenario permitió el surgimiento y crecimiento de la criminalidad en esta parte del país?
Determinar por qué una ciudad sí y otra no es bastante complicado, pero yo traté de acercarme a los factores socioeconómicos e institucionales. Trujillo siempre ha sido, desde la época colonial, la ciudad más importante del norte del Perú. Ha tenido un capital social importante y también cierta relevancia cultural hasta los años 70 y 80.
En los años 90 pasa algo relacionado con este cambio mundial de paradigmas, con la caída del muro de Berlín, la llegada del “Chino” al poder y el gobierno desastroso de Alan García. Entonces, esa clase dirigente de familias tradicionales se dedica a otra cosa y hay como una fuga de talento y de hacer patria en esta ciudad.
A fines de los 90 empiezan a desarrollarse algunos proyectos agroindustriales, especialmente Chavimochic, y a inicios de los 2000 esto empieza con fuerza. A Trujillo se le agrega este dinamismo económico que provino de la agroindustria y de la minería de la sierra liberteña. Pero este crecimiento económico, que fue importante, no fue un crecimiento igualitario.
En el segundo capítulo trato de hacer una comparación entre Víctor Larco, donde están las zonas más opulentas de Trujillo, y los nuevos distritos como El Porvenir, La Esperanza y Florencia de Mora, que son mucho más populosos. A nivel de desarrollo humano, salud, educación, cuestiones laborales y grado de instrucción había una diferencia considerable para inicios de los años 2000.
Para el germen de este nuevo fenómeno criminal, creo que fue importante esa diferencia porque empezó a ver dinero fluctuando en toda la economía trujillana, pero había personas que no podían acceder a ese dinero y encontraron en la delincuencia una forma mucho más rápida de poder acceder.
—¿Qué rol tuvieron las brechas de acceso a servicios y las pocas oportunidades de desarrollo en la construcción de ese escenario?
Por ejemplo, en El Porvenir hay familias que se dedicaron a la industria zapatera y que construyeron una cierta cantidad de dinero importante. Eso se puede reflejar en la construcción de sus casas, de tres, cuatro o cinco pisos, carros, y al lado el vecino con un rancho, paredes de barro y techo de esteras. Entonces, hubo ahí una diferencia importante.
Eso terminó siendo una razón más para que estas pequeñas células, en determinados lugares que ya venían con una más o menos estirpe delictiva, tomaran todos estos condimentos para que surgiera este nuevo germen de criminalidad.
La extorsión es lo que digamos marca un antes y un después en esta nueva criminalidad, en el uso de la violencia y en el incluso también del control de territorios, el control de sujetos económicos.
—¿Cómo se pasó de las pandillas barriales a organizaciones criminales más estructuradas y violentas?
Siempre en el Perú ha habido una especie de sociedad en la esquina. Hasta en los barrios más o menos acomodados ha habido pandillas en las esquinas. Pero en los barrios marginales esos vagos ya no han sido simplemente vagos o palomillas, sino que también han estado en conflicto con la ley porque han robado o han cometido algún tipo de crimen.
Hubo una abundancia de jóvenes en los años 90 que ya no tenían raíces con lo andino porque sus padres habían migrado. Ellos empezaron a desarrollar su propia identidad y la identidad estuvo basada en torno al barrio.
Esa es una de las principales características del pandillaje: la defensa del territorio. Para ellos su territorio es sagrado. Sin embargo, cuando se pasa hacia las organizaciones criminales, el concepto de territorio va adquiriendo otras características y flexibilidades.
—En el libro abordas también el papel del sistema penitenciario. ¿En qué momento falla y cómo contribuye ese fracaso al fortalecimiento de organizaciones como Los Pulpos?
Los primeros registros de Los Pulpos son del primero de enero de 1997. Yo he revisado los periódicos desde 1990, día por día, y recién en el 97 aparece el primer registro, pero ya en ese registro señala que en los años anteriores tenían un actuar.
Conforme la Policía ha ido llegando a estos territorios más lejanos, ha ido imponiendo su ley y capturándolos. En algunos casos hubo sentencias por penas bajas. Luego esta pandilla fue creciendo y ya no solamente se peleaba con otras pandillas o asistía a algunos bailes a cometer algún acto ilícito para que les den plata. Empezaron a robar.

Penal El Milagro de Trujillo tiene 297% de sobrepoblación.
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El penal El Milagro siempre ha funcionado mal. Las fugas han sido constantes. Cuando se inaugura el penal ni siquiera había sido terminado y nunca contó con la infraestructura y las condiciones necesarias para desarrollar sus funciones.
Todo ese panorama del INPE, que es un ente poroso, es un ente que con actos de corrupción constantes, donde hay fugas, todo lo demás, no ha podido ejercer el control necesario para que esos delincuentes que eran capturados en diversas etapas no tengan contacto ya con sus organizaciones fuera.
Terminó siendo una especie de espacio de especialización y de exportación de esta nueva modalidad de extorsión. Cuando los han trasladado a otros penales, ellos han llevado esa modalidad de extorsión y, por ende, esas bandas de determinados lugares han desarrollado esa modalidad en sus zonas.
—¿Cómo empieza la extorsión con Los Pulpos y cómo evoluciona conforme crece la organización?
Ellos encontraron espacios en los que el Estado no tuvo presencia o, si la tuvo, fue intermitente o muy difusa. Las unidades de transporte público siempre estuvieron bajo el asedio de robos.
Los Pulpos, y también otras pandillas, empezaron con esa modalidad. Hasta en mi barrio lo hicieron. Recuerdo que cuando era niño empezaron a hacer ese tipo de cobros, pero meses después se instaló una comisaría y la comisaría los ahuyentó porque capturó a varios, los incriminó y se diluyó.
Inicia como algo rudimentario por los años 98, 99, la primera denuncia pública es del año 99. Y ya a partir de los años 2000 empieza a extenderse más, pero no necesariamente se dedicaban solamente a la extorsión, sino que han ido alternando con otros delitos.

John Smith Cruz Arce: el perfil del sindicado líder de Los Pulpos, hoy libre por beneficios penitenciarios pese a cruel y terrible prontuario. (Andina)
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A partir de los años 2000, Trujillo crece económicamente y también su parque automotor. Varias bandas empiezan a robar vehículos y venderlos por autopartes, pero el mercado negro termina saturándose alrededor de 2004 y 2005. Allí encuentran una mejor manera: ya no robar los carros, sino “protegerlos”.
Es ahí donde aparece la innovación del sticker o la calcomanía. Cada banda empieza a colocar estos distintivos en las unidades o empresas donde ofrecían protección. Los Pulpos inicialmente utilizaban un Jesucristo con espinas, un Gato Félix y una Virgen de la Puerta. Posteriormente, las bandas desarrollaron simbologías propias que las identificaban.
—En el libro reconstruyes el asesinato de ocho personas en una chichería. ¿Fue un punto de quiebre para Los Pulpos y para la criminalidad en el norte?
Sí, es un punto de quiebre para la criminalidad porque, lo que pasa es que la extorsión también viene a revolucionar todo en el sentido de los códigos criminales.
Antes existían determinadas jerarquías delictivas y los delincuentes de bajo vuelo no podían enfrentarse a los más ranqueados. La extorsión rompe esa dinámica porque crea la figura del sicario juvenil, cuyo caso más representativo como modelo es Gringasho.
Antes de la creación de ese sistema hubo una serie de conflictos de intereses. Existían bandas como Los Pulpos, Los 80 y Los Chombas, que se dedicaban a la protección de empresas de transporte, comerciantes y vehículos, mientras todavía había organizaciones que, a la vieja usanza, se dedicaban al robo de vehículos.
En uno de esos enfrentamientos, Los Pulpos se unen con Los 80 y masacran a ocho personas en una chichería. Hubo un soplo, fueron al lugar y finalmente se percataron de que no eran los implicados, pero igual mataron a los ocho. Y eso marca un antes y un después en el nivel de violencia.
A partir de ahí empieza una escalada. Las organizaciones también empiezan a sufrir golpes y se van reconfigurando. Algunas casi desaparecieron, pero Los Pulpos se mantuvieron. Creo que cuando las organizaciones tienen un respaldo familiar es mucho más fuerte el vínculo y la durabilidad en el tiempo. Los Pulpos son una organización de estirpe familiar.
—¿Cómo se produce la expansión del clan Cruz hacia la minería ilegal?
Son 25 años en los que han ido diversificando un montón de cosas. Surge la extorsión, luego el sicariato como una forma mucho más fácil para ultimar a grupos rivales o personas que se resisten a algún tipo de intimidación. También tuvieron fuerza en el tráfico de terrenos.
El tráfico de terrenos en Trujillo fue bastante fuerte aproximadamente entre 2007 y 2018 y allí las bandas y organizaciones jugaron un papel. Así como posteriormente fueron a la sierra liberteña a ofrecer protección, aquí pusieron su brazo armado para el tráfico de terrenos y las invasiones.
Cuando la minería empieza a convertirse en un boom, alrededor de 2016 y 2017, comienzan a pedir personas para brindar protección. Primero iban cuatro o cinco personas durante una semana o un mes. Cuando la actividad se vuelve más rentable, empiezan a trasladarse organizaciones completas.
Han ido Los Pulpos, La Jauría y también organizaciones de otras regiones y extranjeros. Allí se establecen los llamados parqueros, que son quienes cuidan los socavones y el traslado del mineral.
El tránsito cuando se empezó a volver rentable la minería ilegal, empezaron a llevar unos cuantos, se volvió mucho más rentable y mucho más violento porque todo el mundo lo quería hacer y el que terminaba por imponerse en los socavones era el que tenía más fuerza.
Cuando el Estado ingresa con mayor fuerza, muchos parqueros salen de la zona. Sin embargo, organizaciones locales como Los Pulpos encuentran en los propios mineros ilegales e informales nuevas víctimas para los secuestros porque saben que manejan bastante dinero.
—¿Lo ocurrido durante años en el norte pudo ser una advertencia de lo que después sucedería en otras partes del país con la extorsión? ¿Qué dejaron de hacer las autoridades a tiempo?
Dejaron en sí dejaron pasar las cosas, no tuvieron una política criminal especializada en determinadas regiones porque somos un país diverso.
No necesariamente una política criminal tiene que ser únicamente nacional. También debe haber medidas de acuerdo con los fenómenos de cada región. Se tienen que establecer puntos específicos a nivel legislativo, ejecutivo, punitivo y preventivo de acuerdo con cada realidad.
En el caso de Trujillo hubo pequeños intentos, pero no estuvieron articulados a una política nacional. Han dejado crecer el monstruo.
Sin embargo, esto no significa que Trujillo sea una ciudad en la que se respire violencia y no se pueda caminar por las calles. El poder que ejercen estas organizaciones opera mucho más bajo la sombra y la tecnología les ha permitido mantener un fuerte control.

Transportistas denuncian extorsiones tras asesinato de conductor en Collique. (Foto: César Grados/@photo.gec)
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No es necesario que Jhonsson Pulpo haya estado en Trujillo para dar directivas. El celular y las redes sociales permiten una comunicación constante. Mientras tanto, las instituciones no han desarrollado los mecanismos necesarios para responder inmediatamente a las víctimas.
Una persona denuncia una extorsión, comienza un procedimiento que puede durar meses y finalmente su caso puede archivarse mientras continúa recibiendo amenazas. Frente a ello, muchas personas y sujetos económicos han terminado cediendo.
En Trujillo incluso se ha desarrollado la figura del “vago”, un intermediario al que puede recurrir la víctima para “arreglar” con el extorsionador. Es, en esencia, otro criminal o una persona muy ligada a la delincuencia que intermedia para que el pago ya no sea por el monto inicial, sino por uno menor.
En Lima esta figura todavía no se habría desarrollado de la misma manera porque el fenómeno es más reciente y explosivo. En Trujillo, en cambio, tiene alrededor de 25 años.
—Jhonsson Cruz Torres acaba de ser capturado en Bolivia. ¿Qué supone su captura para Los Pulpos? ¿La organización depende todavía de su liderazgo?
La verdad es que es un buen paso, ¿no? Que se capture a Johnson Pulpo.
Será importante determinar qué elementos fueron encontrados con él y si estos permiten conocer cómo actúa el cabecilla de una organización de esta magnitud y, a partir de ello, entender el funcionamiento de otras estructuras y empezar a golpearlas.
Sin embargo, una organización criminal como Los Pulpos no funciona como una organización guerrillera, política o subversiva en la que existe un mando cuya captura puede provocar la caída de toda la estructura.
Es como una especie de hidra, ¿no? Que tiene varias cabezas, o la principal ya la cortaron, pero hay una serie de cabezas.
Además, la extorsión funciona como un engranaje cotidiano. Las empresas de transporte cobran a sus unidades un pago diario o semanal destinado a la extorsión. Ese dinero continúa acumulándose mes tras mes.


