Pocas veces un clásico se define con un repertorio de errores en el último suspiro. Pasó anoche, el duelo entre Alianza Lima y Universitario, desde que salió el pase largo de Inga, pasando por el pivoteo que gana Valera, hasta la inefable coordinación entre Chávez y Duarte para gestar una hecatombe en su propia área. Menos de dos segundos que, horas después, aún duelen en la mitad más uno del pueblo y que aún disfruta la otra mitad más uno de hinchas.
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ERYC CASTILLO — Apagado. El uno contra uno que suele romper partidos esta vez no apareció. Universitario le cerró los caminos y Castillo terminó atrapado en una noche donde Alianza necesitaba precisamente lo contrario: alguien que rompiera algo. Las que tuvo, padeció de mala puntería.
FEDERICO GIROTTI — Héroe a medias. Marcó el 1-1 y puso a Matute de pie. Después tuvo el 2-1 en sus pies y lo dejó escapar. Su gol lo salva del reproche. Su ocasión perdida explica parte de la derrota.
DIEGO ROMERO — El seguro de la ‘U’. Cuando Alianza se lanzó encima, respondió. No pudo hacer nada ante el remate de Girotti y sí consiguió sostener a su equipo cuando el partido pedía resistencia. Terminó celebrando porque hizo lo que tenía que hacer.
CAÍN FARA — Concentrado. No tuvo una noche perfecta, pero sí la suficiente personalidad para aguantar el vendaval final. Universitario necesitaba defensores que no se quebraran. Fara fue uno de ellos. Con modales de un leñador más que un estilo de cirujano.
MATÍAS DI BENEDETTO — A los golpes. Tuvo una pelea permanente con Girotti y consiguió sostenerla durante buena parte de la noche. Cuando Alianza cargó el área, sufrió. Cuando hubo que resistir, respondió. Se le facilitaron las cosas con tanto pelotazo íntimo.
ANDY POLO — Trabajo silencioso. Corrió, retrocedió y cerró espacios. Pero un clásico también pide desequilibrio y esa parte de su juego quedó pendiente. Su aporte fue silencioso. Demasiado silencioso.
JAIRO CONCHA — La pausa. Cuando Alianza aceleraba, Concha intentaba enfriar. Cuando había que salir, buscaba la pelota. No fue el dueño del clásico, pero sí uno de los jugadores que ayudó a Universitario a sobrevivir cuando el partido se volvió incómodo.
PIERO QUISPE — El talento entre líneas. Encontró espacios, giró y aceleró cuando pudo. No necesitó dominar el partido para dejar su huella. Le bastó con aparecer en los momentos adecuados.

Universitairo suma cuatro triunfos y dos empates en Matute desde el 2018. Anoche, Valera abrió el marcador tras pase de Lapadula. | Fotos: Giancarlo Ávila/ @photo.gec
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GIANLUCA LAPADULA — El socio. No marcó, pero construyó el primer golpe. Su participación en la acción del 1-0 fue decisiva. Peleó, aguantó y encontró a Valera. Hizo el trabajo que muchas veces no aparece en la estadística.
ÁLEX VALERA — Decisivo. Recibió de Lapadula y no perdonó. El 1-0 fue suyo y durante buena parte de la noche pareció suficiente para que Universitario controlara el clásico. Abrió la herida. Alzugaray se encargó de cerrarla.
LISANDRO ALZUGARAY — La figura. Entró para jugar los últimos minutos y terminó jugando para la historia. Esperó el error, apareció en el lugar exacto y definió cuando el reloj marcaba 97 minutos. No necesitó una hora. Necesitó una pelota. Y convirtió un clásico perdido en un clásico ganado. Sangre fría para resolver.
GIANFRANCO CHÁVEZ — El peor. Entró para defender el intento de remontada y terminó formando parte del derrumbe. La pelota de Alianza pedía un despeje. Chávez no lo encontró. Duarte tampoco resolvió. Alzugaray sí. Hay errores que cuestan un gol. Este costó un clásico.
HORACIO MURRUGARRA — El equilibrio. Jugó un clásico de esos que se entienden mejor cuando se mira la cancha completa. Se movió, cortó circuitos y estuvo pendiente de las segundas pelotas. Su trabajo fue importante para que Universitario pudiera sostener la ventaja durante buena parte del partido y, sobre todo, para no dejarle a Alianza todo el control del mediocampo cuando Matute empezó a empujar. No fue la figura, pero sí uno de los obreros de la victoria.
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