La elección para el nuevo Congreso no es difícil solo por la cédula (y la confusión que puede generar tener cinco casillas distintas), sino también por el juego de contrapesos, ya sea entre las cámaras (diputados y senadores) y con Palacio de Gobierno.
La elección parlamentaria debe analizarse en dos capas: la primera es marcar correctamente para no viciar el voto involuntariamente; la segunda es tener en claro la necesidad de apostar, antes que por individualidades, por equipos.
En estos días es común escuchar sobre el “voto estratégico”, pero este termina orientado a candidaturas individuales, sin mirar el panorama total de las listas. Mejor dicho, una lista puede tener uno, dos o tres perfiles técnicos destacables, pero la mayoría tiene un perfil más personalista o permeable a otro tipo de agendas.
Lo que suele pasar con este tipo de combinaciones es que terminan separándose una vez instalados en el Congreso o se mantienen juntos pero actúan (entiéndase, votan o legislan) de manera dispar. Hay varios ejemplos en los que los perfiles técnicos, al ser minorías, terminan renunciando a las bancadas que los llevaron al poder y acaban relegados como no agrupados sin poder hacer mucho (por no tener experiencia política de negociación) y, a veces, arrastrados en las olas populistas.
Una revisión de las listas parlamentarias en contienda permite visualizar fácilmente muchos grupos dispares. País para Todos cuenta con candidatos que presentan buen perfil técnico (aunque sin mucha o con nula experiencia política), y resulta difícil imaginarlos sobrevivir a la convivencia con la facción de Vladimir Meza (el dueño del partido). En Primero la Gente, ¿quién controlaría la bancada: Marisol Pérez Tello o Miguel del Castillo? Y así la pregunta puede extenderse a Ahora Nación, el Partido del Buen Gobierno y Obras.
Este no es un problema exclusivo de los partidos nuevos, pues los tradicionales también enfrentan problemas de facciones, pero sus niveles de erosión han sido más manejables y algunos muestran correcciones en la conformación de sus listas (sin tantos invitados como en procesos anteriores).
En el 2021, Perú Libre logró una bancada de 37 miembros conformada por dos facciones: los cerronistas y los ‘profesores’. Los ‘profesores’ eran rostros nuevos sin experiencia política, que se fueron acomodando a quien les ofrecía viabilizar su agenda y sus propios intereses. El resultado fue la priorización de una serie de leyes dañinas para el sistema educativo pero beneficiosas para su gremios, y que les garantiza mejores condiciones si es que no logran la reelección y deben retornar a las aulas.
De no analizar correctamente la conformación de las listas (y, sobre todo, de los equipos), tanto en agrupaciones nuevas como tradicionales, lo más probable es que tengamos bancadas parlamentarias llenas de bloques con intereses similares a los de los ‘profesores’ del 2021-2026, y este es un riesgo cuyos efectos ya hemos visto
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