Desde la lejana India llegó esta semana a Colombia un ofrecimiento peculiar, y hasta trivial podríamos llamar si no estuviera rodeado de tantas connotaciones ambientales y sociales, pero también judiciales y políticas. En el centro del lío está la prolífica descendencia de los cuatro hipopótamos que el capo de la droga, Pablo Escobar, introdujo ilegalmente en su país hace casi 40 años para el zoológico de su hacienda Nápoles.
Desde la lejana India llegó esta semana a Colombia un ofrecimiento peculiar, y hasta trivial podríamos llamar si no estuviera rodeado de tantas connotaciones ambientales y sociales, pero también judiciales y políticas. En el centro del lío está la prolífica descendencia de los cuatro hipopótamos que el capo de la droga, Pablo Escobar, introdujo ilegalmente en su país hace casi 40 años para el zoológico de su hacienda Nápoles.
En el comunicado dirigido al Gobierno Colombiano, el heredero multimillonario indio Anant Ambani proponía llevarse 80 hipopótamos a su propio centro de conservación de fauna, en el estado de Gujarat, el cual ya acoge a primates, grandes felinos, elefantes, rinocerontes y otras bestias rescatadas.
“Estos hipopótamos no eligieron dónde nacieron ni crearon las circunstancias a las que se ahora se enfrentan. Son seres vivos y sensibles, y si tenemos la posibilidad de salvarlos mediante una solución segura y humana, tenemos la responsabilidad de intentarlo”, declaró el hijo menor del hombre más acaudalado de Asia y directivo del imperio empresarial Reliance Industries.
Este jueves 30 el gobierno de Gustavo Petro divulgó una carta de respuesta en la que pide saber si las autoridades indias “autorizan o no el traslado de los hipopótamos al centro Vantara” (así se llama el predio de Ambani) y que se confirme si el refugio cuenta con los permisos necesarios para la reubicación de las bestias.
Esta intervención del magnate indio es la última muestra de preocupación desde el extranjero por la suerte de estos animales que se han convertido en una losa pesada por el impacto pernicioso que, debido a su número creciente, causan en el entorno que habitan.
Colombia lleva años debatiendo qué hacer con estas bestias salvajes y esta vez el asunto vuelve a ser tema de discusión entre la ciudadanía y los medios cuando estamos a un mes exacto de la primera vuelta de las elecciones presidenciales y en medio de una escalada de violencia desatada por las disidencias de las FARC contra el Estado colombiano con el propósito de sabotear los comicios. Como una cuña filuda se mete ahí esta secuela de uno de los actos ilícitos del fallecido narcotraficante.
Una reproducción incontrolable
Los cuatro hipopótamos que introdujo en el país el fundador y máximo cabecilla del Cártel de Medellín en la década de los años 80 se multiplicaron con el tiempo y hoy suman entre 160 y 200 ejemplares. Podrían llegar incluso a 500 en el 2030, según estimaciones gubernamentales. Autoridades y expertos colombianos, como los del Instituto Humboldt, señalan que esta enorme cantidad pone en riesgo ecosistemas acuáticos y especies nativas como el manatí y hasta supone un peligro para comunidades humanas asentadas en las riberas del río Magdalena, puesto que son animales territoriales y agresivos.
Eutanasia y protesta inmediata
En este contexto, el Ministerio de Ambiente colombiano anunció a mediados de abril que aplicará la eutanasia a 80 de los hipopótamos para frenar su reproducción debido a que, según la ministra Irene Vélez, ningún país aceptó recibirlos. Desde México, la Asociación de Zoológicos, Criaderos y Acuarios (Azcarm) acusó al gobierno de Gustavo Petro de mentir y de dilatar un proceso administrativo con requisitos inexistentes para impedir la salida de los animales. De acuerdo al titular de dicha entidad, Ernesto Zazueta, desde el 2023 se presentó un proyecto sólido para la translocación de al menos 70 individuos: 60 hacia la India y 10 hacia México.
Respuesta judicial implacable
Grupos animalistas colombianos interpusieron rápidamente un recurso judicial contra la decisión oficial. Y esta semana un juzgado de Bogotá que no está diseñado para proteger derechos de animales hizo una excepción, por tratarse de un problema “de interés nacional”, y acaba de concluir que sí existen fundamentos legales, técnicos y científicos para sacrificar a los hipopótamos, ya que no tienen depredadores naturales y contaminan el agua de su entorno. Y de paso llamó la atención “sobre la importancia de no humanizar al extremo las dinámicas propias de la naturaleza”, en referencia a las pretensiones de los demandantes de aplicar a los hipopótamos derechos que son solo para las personas.
Los caminos descartados
Según reporta el diario colombiano “El Tiempo”, uno de los puntos capitales del fallo fue la evaluación de las opciones no letales planteadas por los demandantes, las cuales acabaron siendo desechadas por motivos técnicos. Sobre la esterilización, la sentencia la tildó de compleja, costosa y con efectos insuficientes frente al ritmo de reproducción de los animales. Sobre el traslado a otros países, se descartó por falta de acuerdo y por los riesgos sanitarios y logísticos. Y en cuanto al confinamiento, se adujo que supone altos costos y obligaciones a largo plazo ya que los hipopótamos pueden llegar a vivir hasta 60 años.




