La noticia es la posible composición del gabinete. Debería ser una de las principales preocupaciones de una Keiko Fujimori que, parece, todavía no maneja muy bien el tránsito de candidata a jefe del Estado.
La celebración parece no terminar, y su sobreexposición en diversas formas, y a veces no muy bien orientada, puede generar prematuro desgaste y la trivialización de su posición. Un presidente que le quiere hacer un guiño a la población no es, necesariamente, el que se prodiga en mostrar todo lo que recibe y todo lo que da. Hay una gran diferencia entre ser un presidente presente y cercano, y uno figureti.
Sobre el gabinete nada se puede dar por cierto y seguro hasta el anuncio oficial. Pero hay que tener cuidado con los guiños que se quiere ofrecer a ciertas personas y sectores.
Si se quiere que las FF.AA. trabajen en la lucha contra la delincuencia y se encargue de las fronteras, estas requieren de un mando especializado y que tenga ascendencia y reconocimiento interno. Si se busca que la Cancillería sepa navegar en aguas movidas que están polarizando el mundo, debe ser dirigida por alguien que la motive y que sepa aprovechar y potenciar el profesionalismo que luce Torre Tagle. Y si se quiere que la policía funcione y se reestructure, eso no se va a lograr militarizando el mando, porque son mundos diferentes.
Buscar a los mejores y la pluralidad, no es recurrir a los mediáticos, populares, o a los que más aplaudan. No se trata, por ejemplo, de poner a un buen narrador y comentarista deportivo en época mundialista como ministro de Cultura; o a una buena microbióloga al frente del Midis porque se descubrió que las latas de conservas se entregan malogradas. Hay que dejar la improvisación.
Jorge Nieto pide que Keiko Fujimori (y no Balcázar) saque de la cárcel a Pedro Castillo, con lo que pretende hacer un guiño a las huestes del chotano, “serrucharle” el piso a Roberto Sánchez, y/o liderar la oposición en el Congreso. Pero el tiro le puede salir por la culata. Si Keiko lo saca, ella y Nieto pierden, y el triunfo y la “reconciliación” sería de Castillo y Sánchez, quien se recuperaría del casi anonimato político al que está yendo.
Si Balcázar lo saca por cumplir una promesa y por presión de Sánchez, sería severamente cuestionado y rechazado, y pierden quien lo sacó, quién promovió, y quién se benefició, convirtiéndose en una victoria pírrica, y un poco sucia.
López Chau sigue haciéndole guiños a Juntos por el Perú y boicoteando su ansiada unidad de la oposición. Poner a encabezar a los de JPP cualquier lista en el Congreso es dispararse a los pies. Si va a renunciar a la pretensión, que lo haga en favor de Buen Gobierno o de Obras, bancada que parece va camino a convertirse en la real y gran definidora.














