Los masivos ataques con drones han obligado al presidente ruso, Vladimir Putin, a hacer campaña electoral lejos de la Rusia europea, a miles de kilómetros de Moscú, pero también le han permitido descubrir Siberia y el Lejano Oriente ruso.
Los masivos ataques con drones han obligado al presidente ruso, Vladimir Putin, a hacer campaña electoral lejos de la Rusia europea, a miles de kilómetros de Moscú, pero también le han permitido descubrir Siberia y el Lejano Oriente ruso.
Aunque ocupa tres cuartas partes de la superficie de la Federación Rusa, Siberia cuenta sólo con unos 36 millones de habitantes, la cuarta parte de la población total (unos 145 millones). Es decir, no es el principal granero electoral del partido oficialista, Rusia Unida.
El Kremlin mantiene que Putin nunca tiene vacaciones, pero el jefe del Estado suele tomarse todos los años varias semanas de asueto entre finales de julio y mediados-finales de agosto. En este caso, el descanso, que le llevó a 7.000 kilómetros de Moscú, coincidió con la campaña de las primeras elecciones legislativas de toda la guerra.
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La gira siberiana de Putin comenzó el 24 de julio con una visita a una fábrica de aviones en Irkutsk, capital de la región homónima bañada por el lago Baikal, el más profundo de la Tierra.
Hasta entonces, por motivos de seguridad, en los primeros seis meses del año únicamente había visitado San Petersburgo y Kazán. El supuesto ataque ucraniano a finales de 2025 contra la residencia presidencial en Valdái, región de Nóvgorod, disparó todas las alarmas.
La siguiente parada fue Omsk, donde se reunió con el líder kazajo, Kasim-Yomart Tokáyev, del que recibió un inesperado rapapolvo debido al impacto de la guerra en las exportaciones de petróleo de la república centroasiática.
Tokáyev le pidió directamente que ordene el inmediato cese de las hostilidades con el argumento de que “nadie” entiende el motivo del conflicto entre Moscú y Kiev, al tiempo que defendió la soberanía ucraniana.
Equipos de rescate trabajan en el lugar del ataque con misiles rusos contra un almacén de mercancías en Kiev, Ucrania. (EFE/EPA/SERGEY DOLZHENKO).
/ SERGEY DOLZHENKO
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En todos esos viajes abordó un tema muy candente en muchas ciudades siberianas que acogían o siguen albergando industrias altamente contaminantes: la calidad del aire.
Una semana después, el 3 de agosto, aterrizó precisamente en Krasnoyarsk, una de las ciudades más contaminadas del país. Allí se reunió con escolares de todo el país e incluso pateó un balón, que será exhibido en un museo, según los organizaciones del evento.
Le siguieron la oficiosa capital de Siberia, Novosibirsk, y Ulán-Udé, capital de la república budista de Buriatia, que también es bañada por el Baikal y que ha enviado a Ucrania a un gran número de combatientes.
“Destaco la energía y capacidad de iniciativa de los habitantes de Buriatia y su sincero amor por la Patria”, comentó.
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La prensa independiente destacó que, en el marco del profundo déficit de combustible, en algunas de las ciudades visitadas por el presidente bajaron de repente los precios de la gasolina o, directamente, fueron desconectados los tablones electrónicos en las gasolineras.
Putin ha sufrido en los últimos meses un desplome en los sondeos de opinión de unos 15 puntos, similar al vivido en 2018 cuando aprobó una controvertida reforma de pensiones. Por ello, necesitaba emplearse a fondo y sacar un as de la manga en apoyo de Rusia Unida, no en vano encabeza su campaña por primera vez desde 2007 con el lema ‘Todo por la victoria’.
Eso explica que Putin viajara por primera vez a las islas Kuriles (Océano Pacífico), archipiélago reclamado por Japón, visita que provocó un agrio conflicto diplomático. Él justificó sus 26 años de ausencia debibido a su apretada agenda, aunque los analistas creen que el mensaje es claramente electoral y propagandístico, ya que la ofensiva en el Donbás se ha vuelto a atascar.
Mientras Putin se dejó querer durante años por el primer ministro japonés Shinzo Abe, la Constitución rusa impide desde 2020 le entrega a otros países de territorios nacionales sean las Kuriles o las regiones ucranianas anexionadas.

La refinería rusa de Orsk (región de Oremburgo), al pie de los Urales, fue atacada por Ucrania el martes. (Captura de video).
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De hecho, aseguró que la culpa de las actuales tensiones es de Tokio, que se sumó a las sanciones occidentales en 2022 cuando Moscú nunca ha amenazado al país nipón.
Además de probar el caviar local en la isla de Iturup, no dudó en resaltar “el código genético ganador” que llevan en la sangre todos los rusos, incluido los apenas 20.000 habitantes de esas cuatro inhóspitas islas, escenario de la última batalla del Ejército Rojo en 1945.
Un día antes había asistido frente a las costas de la isla de Sajalín a maniobras navales, jornada que aprovechó para denunciar la amenazante presencia de la OTAN en la región de Asia-Pacífico, y advertir a la Unión Europea de que responderá simétricamente al abordaje de sus buques en cualquier océano del planeta.
Putin se vistió de comandante en jefe de la Armada coincidiendo con el aniversario del hundimiento del submarino atómico Kursk con 118 tripulantes a bordo (2000), una de las mayores manchas de todo su mandato.



