En cada memorial o acto que recuerda a las víctimas del 11S hay un lugar especial para las más de mil personas que siguen desaparecidas. Identificarlas formalmente es una tarea casi imposible por la destrucción extrema de sus restos y otras complicaciones propias del paso del tiempo. Sus familias han permanecido un cuarto de siglo sin respuestas, pero para algunas de ellas la espera podría llegar a su fin gracias a la ciencia.
Los ataques del 11 de setiembre del 2001 dejaron 2.753 muertos en Nueva York y una herida permanente en la humanidad, que vio con horror el desplome de dos rascacielos tras el impacto de los aviones secuestrados por terroristas y los incendios posteriores. En los 25 años que pasaron, la oficina del médico forense de la ciudad ha analizado una y otra vez los diminutos fragmentos de huesos y otros restos humanos hallados en la zona cero del World Trade Center y ha logrado identificar a 1.654 de las víctimas. No se ha encontrado rastro físico de aproximadamente 1.100, un 40% de quienes perdieron la vida.
Si bien la lista de desaparecidos aún es abultada, los avances tecnológicos y el desarrollo de la genética forense han permitido ponerle nombre a varios de los fallecidos en años recientes. La última vez fue el 24 de agosto. El alcalde Zohran Mamdani y la Oficina del Médico Forense Jefe (OCME) dijeron que la persona identificada, la primera en casi 12 meses, es una mujer adulta, cuyo nombre se mantiene en reserva a pedido de su familia.
El caso es particularmente importante porque se trata de la primera víctima del 11S identificada mediante la innovadora técnica de genealogía genética forense investigativa (FIGG). El diario “The New York Times” explica que esta herramienta combina el análisis de ADN con el trabajo de investigación del Departamento de Policía, cuyos agentes hurgaron en el árbol genealógico de la fallecida.
En agosto del 2025, otras tres personas fueron identificadas gracias a pruebas de ADN mucho más sofisticadas que las que existían 25 años atrás. Las familias de Ryan D. Fitzgerald, un comerciante de divisas de 26 años, y Barbara A. Keating, una ejecutiva jubilada de una organización sin fines de lucro de 72 años, autorizaron que sus nombres vieran la luz.

En esta foto de archivo tomada el 11 de septiembre de 2001, un avión comercial secuestrado se acerca a las torres gemelas del World Trade Center poco antes de estrellarse contra el emblemático rascacielos de Nueva York. (Foto: SETH MCALLISTER / AFP)
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Tarea muy compleja
Los restos recogidos en el World Trade Center que no han sido identificados se encuentran fragmentados y deteriorados al máximo debido a que estuvieron expuestos al calor extremo por el fuego, el combustible de los aviones usados en los atentados, las bacterias y el paso del tiempo. Todo ello dificulta tomar muestras y analizar el ADN.
Luis Morán Yáñez, presidente de la Comisión Nacional en Gestión del Riesgo de Desastres del Colegio de Ingenieros del Perú, recuerda que el colapso de las torres significó el desplome de una estructura de más de 100 pisos, lo que causó que una masa de concreto y acero formara una montaña de escombros donde los ocupantes quedaron atrapados.
“Uno de los grandes problemas fue que en medio de eso hubo grandes incendios y explosiones. Más de mil personas todavía no se han podido identificar porque sus cuerpos quedaron destrozados. El trabajo forense ha sido meticuloso, casi como de arqueología, para poder encontrar fragmentos de los cuerpos enterrados. Los forenses siguen trabajando con los restos que han podido rescatar y que todavía la ciencia no les permite identificar”, dice a El Comercio el experto, que también es docente de la UNMSM.
Si bien en los últimos 25 años se han desarrollado técnicas mucho más potentes que permiten reconstruir el ADN -incluido un nuevo método en el que los restos de huesos de las víctimas se pulverizan-y ha crecido el campo de la genealogía forense, el especialista añade muchos restos tal vez nunca se puedan identificar ya que gran parte del material que se podría analizar se eliminó en su momento sin que se lograra tomar muestras.
Cumpliendo su labor
Entre los desaparecidos hay también bomberos y otros actores que acudieron a la emergencia. El ingeniero Gastón Palacios Moreno, magíster experto en gestión del riesgo de desastres, destaca que para los rescatistas hubo un antes y un después del 11S.
Los bomberos se dirigen hacia el sur desde Broadway y la calle Fulton, a unas cuadras del sitio del World Trade Center, atravesando escombros y restos tras el derrumbe de una de las torres del World Trade Center el 11 de setiembre del 2001 en Nueva York. (Foto: AFP)
/ STAN HONDA
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“Este atentado fue un gran desafío para la comunidad internacional de rescatistas. Obviamente existían procedimientos, protocolos, personal certificado y acreditado, pero muchos rescatistas perdieron la vida porque, debido al volumen estructural y las condiciones que se presentaban después del atentado, no se valoró el tema de la supervisión para asegurar que se tomaran las medidas de seguridad necesarias para realizar los trabajos de búsqueda y rescate en la zona caliente. No hay que olvidar que cuando entra a una zona caliente, un rescatista se vuelve una víctima potencial”, señala a este Diario.
Mientras el mundo aún intenta entender el descomunal ataque, muchos confían en que los avances en la ciencia permitan reducir el número de víctimas consideradas desaparecidas. No solo se trata de ponerles nombre, sino de darles el adiós digno que se merecen.



