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Marvin reflexiona sobre su atractivo antes de darse a sí mismo “un sólido 7 sobre 10”. Con un poco de trabajo, cree que podría mejorar.
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El periodista Matt Shea ha realizado documentales y escrito ampliamente sobre los peligros de la masculinidad tóxica.
Explica que personas como el influencer misógino Andrew Tate —a quien ha entrevistado—, “Clavicular” y muchos otros creadores de contenido masculino comparten una misma ideología y la utilizan para ganar dinero.
“Les dicen a los hombres jóvenes que son inútiles”, afirma Shea, “y luego se presentan como la solución”.
“Venden cursos sobre cómo aumentar tu ‘valor en el mercado sexual’ (SMV, por sus siglas en inglés), que básicamente mide lo atractivo que eres según su propia escala”.
Cuanto más alto es ese SMV, explica, más probabilidades tienes —según esa lógica— de tener relaciones sexuales con una mujer. El looksmaxxing, hasta cierto punto, se convierte así en una forma de escalar en la jerarquía del atractivo.
Según ese razonamiento, si después de todo ese esfuerzo una mujer no se siente atraída por ti, o no has trabajado lo suficiente en ti mismo o la culpa es de ellas.
“Y ahí”, añade Shea, “es cuando se vuelve peligroso”.
Sin embargo, al recorrer internet queda claro que no todos los “looksmaxxers” comparten esa ideología.
Muchos aseguran no identificarse con esos mensajes misóginos.
Leander solo aceptó hablar conmigo después de dejar claro que no quería que se le asociara con la cultura incel. Como Marvin, se considera un “softmaxxer” y dice que está intentando mejorar su apariencia para sentirse bien consigo mismo.
En 2023, tras una ruptura, empezó a investigar sobre looksmaxxing en sus redes sociales y desarrolló su propia rutina.
Además de ir al gimnasio cinco veces por semana, también se sumerge la cara regularmente en agua helada para “reducir la hinchazón”, intenta dormir boca arriba y, aunque dice que la masturbación está bien, ha eliminado por completo la pornografía.
“La pornografía se ha normalizado tanto entre muchos hombres que termina distorsionando por completo la percepción y la atracción hacia las mujeres”, explica.
Aunque no se califica en una escala del uno al diez como Marvin, Leander dice que ahora se siente satisfecho con su apariencia “el 80% del tiempo”. No quiere sonar “arrogante”, pero afirma que si no eres “convencionalmente atractivo”, hay poco que el “softmaxxing” pueda hacer.
Si perteneces a esa categoría —lo que él llama el lado “no convencionalmente atractivo”, o en términos de Marvin, por debajo de cinco sobre diez— Leander dice que “puede entender por qué eso puede empujar a alguien hacia el mundo incel”, aunque él no lo aprueba.
Tom Thebe, en cambio, no se considera mal posicionado en cuanto a su apariencia. Siempre se ha interesado por el fitness y por verse bien, pero solo empezó a involucrarse en el looksmaxxing cuando comenzó a perder el cabello a los 21 años.
“Fue un golpe fuerte para mi confianza”, explica el joven, ahora de 23 años. “Sentía que estaba fuera de control, daba miedo. Y además te hace parecer mayor, algo que nadie quiere”.

Tom ha estado tomando péptidos
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Investigó distintos tratamientos y empezó a tomar finasterida y minoxidil para tratar la caída del cabello —ambos medicamentos legales con receta en Reino Unido—. Tom cree que hicieron una gran diferencia y, a partir de ahí, dice que empezó a interesarse por el looksmaxxing.
Ahora, además del gimnasio y una buena rutina de cuidado de la piel, se inyecta péptidos: cadenas cortas de aminoácidos, o pequeñas proteínas que el cuerpo produce de forma natural y que desempeñan funciones clave en la salud de la piel, el sistema inmunológico y las hormonas. En los últimos meses han inundado las redes sociales y hasta las neveras de muchos influencers.
Dice que toma GHK-Cu para mejorar la piel y estimular el crecimiento del cabello, y Melanotan II para intensificar el bronceado.
Tom, que vive en Manchester, da consejos en redes sociales sobre cómo mejorar la apariencia y está pensando en lanzar su propio negocio de asesoría, aunque no se considera un “looksmaxxer” extremo.
“El problema es cuando jóvenes de 18 años ven a gente golpeándose los huesos de la cara o practicando looksmaxxing extremo. Eso definitivamente puede afectar negativamente su percepción de cómo deberían verse“.
“Dentro del looksmaxxing hay todo un espectro“, explica Anda Solea, investigadora de la Universidad de Portsmouth que estudia cómo la cultura incel puede infiltrarse fácilmente en la sociedad.
Por un lado, dice, está el aspecto positivo de que los hombres se preocupen por su salud y se pongan en forma.
“Pero el problema empieza cuando se convierte en lo único importante y empiezas a poner en riesgo tu salud para mejorar tu apariencia”, añade.
Solea advierte que el contenido que los jóvenes ven en sus redes —impulsado en parte por poderosos algoritmos— puede llevarlos a rincones más oscuros de la manosphere, donde se les dice que deben practicar looksmaxxing o “serán objeto de burlas”.
Si después de todos esos esfuerzos por mejorar su aspecto estos hombres sienten que las mujeres siguen sin sentirse atraídas por ellos, Solea plantea la pregunta: “¿Empezarán a odiar a las mujeres porque las culpan de no quererlos?”.
Es en ese momento cuando algunos pueden darse cuenta de que el looksmaxxing no es para ellos.
Pero, como muestran las experiencias de Marvin, Leander y Tom, la motivación para practicar looksmaxxing puede tener tanto que ver con cómo se ve un hombre a sí mismo como con cómo cree que lo ven los demás.
Reportaje adicional de Elena Bailey.

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