En Lima, ir al trabajo toma cada vez más tiempo. En los últimos 15 años, el tiempo de traslado hacia el centro de trabajo pasó de 1 hora con 7 minutos a 1 hora con 43 minutos. Más aún, en 13 distritos, que representan un cuarto de la población de Lima y Callao, el tiempo de traslado supera las 2 horas.
En Lima, ir al trabajo toma cada vez más tiempo. En los últimos 15 años, el tiempo de traslado hacia el centro de trabajo pasó de 1 hora con 7 minutos a 1 hora con 43 minutos. Más aún, en 13 distritos, que representan un cuarto de la población de Lima y Callao, el tiempo de traslado supera las 2 horas.
La congestión le cuesta a Lima horas de trabajo y producción. El Banco Mundial estima que el tiempo perdido en traslados equivale a 1,8% del PBI al año. Sin embargo, el costo no se limita a las horas improductivas. Los elevados tiempos de traslado también limitan el acceso a mejores trabajos e incluso dejan a miles de limeños fuera del mercado laboral. Y es que, en una ciudad donde solo 18% de los empleos puede alcanzarse en menos de 45 minutos en transporte público, muchos empleos dejan de ser viables. Esto empuja a muchas personas fuera del mercado laboral o hacia ocupaciones más cercanas, más flexibles y, muchas veces, informales [Gráfico 1].
Nuestras estimaciones sugieren que el aumento acumulado del tiempo de traslado en los últimos 15 años habría dejado fuera del mercado laboral a cerca de 250,000 personas, de ese total, 170.000 habrían sido mujeres. Esto implica que, sin ese deterioro en el tiempo de traslado, hoy tendríamos 7% más mujeres empleadas.
Por otro lado, la falta de eficiencia en el traslado reduce las horas efectivas de trabajo. Entre trabajadores con jornada completa, cada media hora adicional de traslado se asocia con casi una hora menos de trabajo efectivo. Viajes más largos recortan el tiempo disponible, aumentan el desgaste y dificultan sostener jornadas extensas.
Además, esta problemática eleva la rotación laboral. En una encuesta de APOYO Consultoría a 300 trabajadores formales, realizada en marzo de 2025, 30% señaló que la distancia de su empleo actual era una razón para considerar cambiarse de trabajo, especialmente entre los jóvenes. Eso vuelve más inestables las trayectorias laborales, obliga a dedicar tiempo y recursos a buscar una nueva ocupación y eleva los costos de búsqueda, selección y capacitación para las empresas.
(Ernesto BENAVIDES / AFP)
/ ERNESTO BENAVIDES
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Estos tres efectos responden a dos fallas estructurales. La primera es contar con un transporte público atomizado, informal y con baja cobertura efectiva. Aunque el Metropolitano y las líneas 1 y 2 del Metro transportan grandes volúmenes de pasajeros, en conjunto cubren apenas 12% de los viajes en transporte público. El resto se realiza en un sistema fragmentado que opera con aproximadamente 27,000 unidades habilitadas y depende en buena medida de combis informales de baja capacidad, sin integración tarifaria y con escasa regulación.
La segunda falla está en una gestión del tránsito fragmentada y sin capacidad real de coordinación ni fiscalización. La congestión en Lima no se explica por el número de vehículos. De hecho, otras ciudades tienen más autos por habitante y, aun así, menos tráfico [Gráfico 2]. El problema está en vías mal diseñadas, semáforos deficientes y en la señalización que no sigue criterios técnicos homogéneos. [Gráfico 3]
Un factor transversal que ayuda a explicar ambas fallas es la debilidad de la gobernanza del sistema de movilidad. Para reducir los tiempos de traslado y sus costos económicos y sociales, proponemos cuatro medidas:
1. Priorizar la inversión en transporte según su impacto sobre el acceso al empleo. Los proyectos de movilidad deberían evaluarse por cuánto reducen el tiempo de viaje hacia los centros de trabajo y por cuántas personas logran acceder a ellos dentro de umbrales razonables de tiempo.
2. Priorizar intervenciones de bajo costo y alto impacto en la gestión del tránsito. Intervenciones de bajo costo y alto impacto, como la optimización de la semaforización, pueden generar mejoras inmediatas. En esa línea, el proyecto de modernización de 488 intersecciones semafóricas, que cuenta con financiamiento del Banco Mundial, tendría un retorno social superior al 100%.
Lima no puede seguir tolerando que llegar al trabajo tome tanto tiempo, pues las consecuencias terminan impactando fuertemente al mercado laboral y al bienestar de las personas.




