domingo, enero 18

Lima cumple 491 años este 18 de enero de 2026. Casi cinco siglos después de su fundación, la ciudad sigue celebrándose entre balcones que resisten, plazas que recuerdan y pasiones que no envejecen. Porque Lima no solo se explica desde el archivo, también se entiende desde la calle, el barrio y una pelota que empezó a rodar cuando el siglo XIX aún no terminaba de acomodarse a la modernidad.

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Fue precisamente por el puerto del Callao que ingresó una de las expresiones culturales más determinantes de su historia contemporánea: el fútbol. “El fútbol llegó a Lima a fines del siglo XIX a través del puerto del Callao. Fue traído por los marineros británicos, que antes habían introducido el fútbol en Sudamérica por el Atlántico”, explica el historiador Antenor Guerra-García. No llegó como espectáculo ni como negocio, sino como práctica cotidiana de extranjeros que encontraban en el balón una forma de hogar lejos de casa.

Soldados, marineros, comerciantes, ingenieros y maestros ingleses comenzaron a jugarlo en espacios abiertos, promoviendo sin proponérselo una lenta pero irreversible expansión. En 1892, según los registros de la prensa limeña, se disputó el primer partido documentado en la ciudad. Fue en la cancha de Santa Sofía, propiedad del Lima Cricket, y enfrentó a elencos de Lima y el Callao, conformados por ingleses y locales. El marcador, casi simbólico, terminó 1-1.

En sus primeros años, el nuevo deporte fue terreno de las clases altas. Era una práctica importada, vinculada a clubes exclusivos y colegios de élite. Sin embargo, Lima hizo lo que mejor sabe hacer: llevarlo a la calle. “Sí, de hecho cambió el limeño porque empezó a practicar un deporte más popular y asequible a las grandes mayorías. Solo se necesita un espacio público grande y una pelota, a diferencia del tennis o el cricket”, apunta Guerra-García. El fútbol dejó de ser una curiosidad extranjera para convertirse en lenguaje común.

El historiador Gerardo Álvarez, autor del libro Del Barrio al Estadio, sostiene que los primeros indicios del fútbol en el Perú se remontan incluso a la década de 1870. “Aproximadamente en 1872 o 1873. Es lo que dice el poeta José Gálvez y también lo recoge la edición del Centenario de El Comercio, donde se señala que Alejandro Garland trajo el fútbol en esos años”, explica. Pero más allá de la fecha exacta, lo esencial fue el proceso: el balón se quedó.

El primer partido registrado oficialmente fue, nuevamente, el de 1892 en Santa Sofía. “Por las referencias, los jugadores eran ingleses y el resultado fue 1 a 1. Era una práctica de extranjeros y los partidos se daban dos o tres veces al año”, detalla Álvarez. Los primeros peruanos en jugar fútbol fueron jóvenes que habían estudiado en Inglaterra y lo reintrodujeron en el país, sobre todo en las escuelas. Y allí ocurrió algo decisivo: la primera competencia formal no fue entre adultos, sino entre niños.

En 1899, el colegio Guadalupe ganó el primer torneo escolar de fútbol del Perú. Desde entonces, el deporte dejó de ser herencia y se convirtió en identidad. “La popularización del fútbol la hicieron los niños. Los fundadores de Alianza, del Atlético Chalaco, eran niños”, recuerda Álvarez.

Hoy, cuando Lima celebra 491 años, el fútbol sigue siendo una de sus formas más fieles de narrarse. Está en la pista improvisada, en la loza recién pintada, en el estadio que estalla los domingos y en la memoria colectiva que se transmite de generación en generación. Como la ciudad misma, el fútbol limeño nació importado y terminó siendo profundamente popular.

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