Nacieron para obligar a los conductores a desacelerar y evitar accidentes de tránsito. No obstante, cuando los reductores de velocidad, conocidos popularmente como ‘rompemuelles’, no cumplen con las características que dictan las normas, el perjuicio se extiende a toda la ciudad.
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La Gerencia de Movilidad Urbana (GMU) de la Municipalidad Metropolitana de Lima (MML) informó a El Comercio que en la capital existen 12.431 reductores aprobados. Los distritos con la mayor cantidad de distritos con estos dispositivos eran Surco (1.500), Ate (1.221), San Juan de Lurigancho (907), Cercado de Lima (656) y San Borja (642).
Un recorrido por la ciudad evidencia que hay al menos 10 tipos de rompemuelles, 6 de ellos antirreglamentarios por sus errores de diseño o su mala ubicación. Para Alfonso Flórez, gerente general de la Fundación Transitemos, entre el 60% y el 70% de reductores de Lima serían irregulares.
¿Qué indican las normas sobre los reductores de velocidad?
La Resolución de Gerencia N° 202-2014-MML/GTU regula los criterios técnicos para la instalación de reductores en Lima.
De acuerdo con la norma, las personas naturales o jurídicas pueden solicitar su instalación ante los municipios distritales. Luego, las comunas deben enviar las solicitudes a la GMU para que sean evaluadas. “La instalación de nuevos reductores de velocidad deberá informarse por el Municipio que corresponda, al Ministerio de Salud, la Policía Nacional del Perú y al Cuerpo Nacional de Bomberos en un radio de 500 m de los locales de estos bajo su jurisdicción”, añade la resolución.
Son cuatro los tipos de reductores establecidos. En primer lugar, están los resaltos circulares o ‘gibas’. Pueden tener una altura entre 3 y 8 cm y un ancho de entre 80 cm y 3,5 m. En segundo lugar, los resaltos trapezoidales presentan con una sección plana a nivel de las veredas para permitir un paso peatonal y también cuentan con dos rampas; la pendiente de estas rampas puede oscilar entre 4% y 12,5%, conforme a las características de cada vía.
Para ambas categorías, los reductores deben tener franjas diagonales de color amarillo y negro, y deben colocarse señales verticales cerca.
En tercer lugar, se encuentran los resaltos virtuales, que consisten en una pintura en el pavimento que genera la percepción visual de un reductor para inducir al conductor a disminuir la velocidad. “La dimensión recomendada es de 2 a 3 metros de ancho a lo largo de la calzada”, indica la resolución.
Finalmente, están las bandas transversales de alerta, que producen efectos sonoros o vibratorios cuando los vehículos pasan sobre ellas para alertar a los conductores de cambios en las condiciones de la vía o su entorno.
Conforme a la normativa, el mantenimiento o reposición de los resaltos está a cargo de los solicitantes o los municipios distritales. Las comunas pueden retirar, reemplazar o adecuar los reductores que no tengan autorización o no cumplan las especificaciones. “La Subgerencia de Ingeniería de Tránsito [de la MML] se encuentra facultada para supervisar y fiscalizar el cumplimiento de la presente Directiva”, se lee.
¿Qué tipos de reductores encontramos en las calles?
En la cuadra 11 de la Av. Arriola en La Victoria, por donde circulan vehículos privados y de transporte público, encontramos un reductor giba que tiene más de 12 centímetros de altura, 4 cm más de lo que indica la normativa. A unos metros, el cruce de las calles Fermín Tangüis y Francisco Graña tiene un resalto trapezoidal, cuyas rampas tienen una pendiente de 19%.

Este rompemuelle antirreglamentario maltrata la estructura vehicular por su inclinación excesiva. Foto: César Campos
/ NUCLEO-FOTOGRAFIA > CESAR CAMPOS
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Uno de los reductores más polémicos en Lima se encuentra en la subida de la Av. Huaylas desde la Costa Verde, pese a que la ley establece que no deben estar en una pendiente donde el sentido del tránsito sea en dirección al ascenso. “Esto genera un sobresfuerzo adicional al que ya tiene el vehículo por subir la pendiente. Y crea caos y congestión, porque tiene que parar para pasar”, opina Flórez.














