Si tienes información para compartir con nosotros, puedes escribirnos a través de este formulario.
Newsletter Mientras Tanto
Víctor Orlando Sánchez Iparraguirre y su clan familiar en Pataz han sido vinculados a la minería ilegal a través de denuncias e investigaciones fiscales. Lo que no se conocía de su pasado es que, en 2009, fue implicado en un caso de droga.
El expediente por drogas, al que accedió El Comercio, señala que, el 21 de abril del 2009, agentes de un grupo de investigación de la Dirección Nacional Antidrogas (Dirandro) fueron informados de que una organización del narcotráfico se alistaba para un primer envío de más de 3 kilos de droga a Holanda.
Mira: Más de la mitad de los presidentes de comisiones parlamentarias arrastran denuncias
Con la información en mano, los agentes antidrogas esperaron que la operación se concretara para realizar las detenciones. Gracias a esta operación se intervino a una joven cuando dejaba mercadería en el terminal de almacenamiento de la empresa Talma, en el Callao.
Lo que se encontró fue cocaína preñada en latas con palmitos. La persona que enviaba la mercadería era Delicia Bardales Trauco, una loretana de 24 años de edad, quien admitió haber aceptado realizar la exportación usando su nombre a cambio de la entrega de US$ 300.
Bardales contó al fiscal y a los agentes antidrogas que, el 19 de abril del 2009, se encontró por los alrededores de la Plaza San Martín con una mujer con acento selvático a quién solo conocía con el nombre de “Rosa”, la misma que le presentó minutos después a dos hombres.
En su relato ante las autoridades, la joven detalló que los cuatro se dirigieron a una playa de estacionamiento ubicada en el Jirón de la Unión 1086 y luego abordaron una camioneta negra con destino a las oficinas de una empresa donde adquirirían el palmito que sería usado para camuflar la droga.
Bardales -asesorada por “Rosa”- adquirió 20 cajas con las conservas de palmito y luego las entregó a los dos sujetos, quienes a bordo de la misma camioneta negra, emrumbaron con destino desconocido para camuflar la droga.
A las 9:30 am del 21 de abril, la joven Delicia Bardales -acompañada de “Rosa” y con la mercadería preñada con la cocaína- ingresaron al centro aéreo comercial del Callao para pagar el flete correspondiente al envío. La mujer conocida como “Rosa” dejó que la joven ingresara sola a los almacenes de Talma para seguir con los últimos trámites, los cuales no se concretaron debido a la intervención policial.
Consultada por la identidad de los sujetos que la acompañaron por los trámites, Delicia Bardales señaló que el conductor de la camioneta era “blanco colorado”, narizón con nariz aguileña, ojos marrones claros, cabello lacio corto, “medio gordito”, 1.60 a 1.70 centímetros de estatura, de 35 años, y que vestía short con zapatilla. El otro era de menor estatura, cabello corto y lacio, y con ojos color marrón.
—Doble reconocimiento—
A fin de confirmar la versión sostenida por la joven, los agentes antidrogas acudieron a la cochera del Centro de Lima mencionada en su primera declaración.
El encargado de la cochera confirmó que una camioneta negra de placa OD-18 19 estuvo en sus instalaciones, entre el 17 y 21 abril. A las 5:30 p.m. del mismo día en que intervinieron a Bardales con la droga, el dueño del auto se retiró.
“Era conducido por un sujeto de tez clara, blancón, con apariencia de cajamarquino y al momento de retirarse lo hizo en compañía de otro sujeto y una fémina que portaban mochilas de viaje”, aseguró el encargado del estacionamiento.
La Policía verificó en los registros de Sunarp que esa placa correspondía a una camioneta negra adquirida por Víctor Orlando Sánchez Iparraguirre en 2008.
Los agentes policiales, con la ficha de identidad de Víctor Sánchez en mano, le preguntaron al personal de los alojamientos cercanos a la cochera. No fue hasta que llegaron al hostal San Martín cuando uno de los recepcionistas identificó a Víctor Sánchez como la persona que se alojó, entre el 17 y 21 de abril, acompañado de una mujer y una persona extranjera.
El 23 de abril, en un ambiente de la sede principal de la Dirandro en San Isidro, contando con la presencia de un fiscal y su abogado de oficio, los investigadores mostraron a la detenida Delicia Bardales la ficha Reniec de Víctor Sánchez, y otras dos fichas de desconocidos a fin de que identificara al conductor del vehículo que ayudó a acondicionar la droga dentro de las conservas.
Bardales señaló que el sujeto que conducía la camioneta correspondía al rostro de la ficha de Víctor Orlando Sánchez Iparraguirre. “Tiene el mismo rostro, el mismo corte de cabello, la forma de sus labios, la nariz y la cara”, declaró.

Una semana después, el 30 de abril, Delicia Bardales volvió a confirmar a Víctor Sánchez como el responsable de la mercadería.
“Como lo señalé en el reconocimiento físico del 23 de abril, lo conozco porque cuando me reuní con “Rosa” en la Plaza San Martín, él manejaba la camioneta de color negro”, dijo Bardales en su última manifestación policial.

—Extraño giro del caso—
Víctor Sánchez no fue encontrado en el domicilio consignado en los registros públicos. Dirandro realizó una vigilancia en el lugar, entre mayo y junio del 2009, pero Sánchez nunca apareció. Solo se observó la presencia de sus sobrinas.

Sánchez no apareció hasta el 13 de mayo del 2009, cuando ya había transcurrido un año de la incautación de la droga y cuando la principal implicada ya estaba sentenciada a seis años de prisión. Bajo la condición de detenido, Sánchez se declaró como inocente ante la jueza del Quinto Juzgado Penal del Callao, Gladys Ilizarbe.
Sánchez admitió que viajó a Lima por esas fechas en su camioneta negra, acompañado de su novia y un amigo de nacionalidad norteamericana, pero indicó que esaba en búsqueda de adquirir una compresora para su empresa en Pataz. También reconoció haber estado alojado en el hotel.

Por su parte, el abogado de Sánchez solicitó su patrocinado afronte el proceso en libertad. Presentó documentos financieros y testimonios de personas que lo conocían para justificar su arraigo laboral, y también los testimonios de su novia. A esto se sumó que la jueza ordenó que la sentenciada Delicia Bardales volviera a identificarlo.
Todo parecía alineado a favor de Sánchez. En esa diligencia, Bardales cambió de versión y dijo “que no lo reconoce como la persona que condujo la camioneta negra”. En esta tercera declaración, la sentenciada cambió la descripción inicial que brindó, alegando que se trataba de un hombre “de 1.75 centímetros, mayor, descuidado y panzón, nariz aguileña, poco cabello y lacio, parecía limeño”. Tras ello, en menos de un mes, la jueza Ilizarbe emitió una resolución cambiando la condición de detención de Sánchez por la de comparecencia.
La Procuraduría Antidrogas envió dos informes a la presidencia de la Sala Penal del Callao pidiendo la nulidad de la decisión tomada porque “la jueza baso su decisión principalmente en los testimonios de la abogada y de la novia del procesado”. “Estas citaciones fueron programadas por el juzgado con una rapidez inusual y violentándose los procedimientos”, apunta el informe.

En marzo del 2013 se inició el juicio oral contra Sánchez en la Segunda Sala Penal del Callao. Un detalle no menor es que la sala estaba integrada por César Hinostroza, Walter Ríos y Víctor León, los jueces que cinco años después serían procesados por el caso “Cuellos Blancos”. Hoy, Hinostroza está prófugo, mientras Ríos y León están en prisión.
En octubre del 2013, la sala de Hinostroza, Ríos y León absolvió a Sánchez basándose en las diligencias presentadas por la defensa del procesado al momento de ser detenido en 2010.

La sala apeló al principio legal en la que la duda favorece al reo. “El juzgador adquiere duda sobre los hechos que sustentan la imputación siendo arreglado a derecho en lo que sea favorable al imputado”, señala parte de la sentencia emitida en 2013 que fue ratificada en 2015. El proceso duró un total de seis años.
Este Diario intentó comunicarse por teléfono con Sánchez. Cuando solicitamos descargos a su abogado Raúl Noblecilla, este señaló que no responderían, ni él ni su patrocinado, amparándose en una carta notarial enviada remitida por otros casos.
—Jueza sancionada—
En 2021, el Consejo Ejecutivo del Poder Judicial sancionó a la jueza Gladys Ilizarbe por la forma irregular que procedió en algunos casos. Entre ellos, varias la orden de detención de Víctor Sánchez a la de comparecencia sin tener en cuenta las evidencias presentadas desde la investigación policial.















