En conversación con Día1, Leslie Pierce, empresario y economista que participa en el directorio de varias empresas peruanas y en el extranjero, analiza cómo ha evolucionado la inversión privada en el Perú, qué factores están condicionando hoy las decisiones de inversión y por qué el país no está aprovechando plenamente el contexto internacional. Desde su experiencia en la gestión privada y el Estado, sostiene que la confianza sigue siendo el eje que explica tanto los ciclos de expansión como los periodos de estancamiento.
En conversación con Día1, Leslie Pierce, empresario y economista que participa en el directorio de varias empresas peruanas y en el extranjero, analiza cómo ha evolucionado la inversión privada en el Perú, qué factores están condicionando hoy las decisiones de inversión y por qué el país no está aprovechando plenamente el contexto internacional. Desde su experiencia en la gestión privada y el Estado, sostiene que la confianza sigue siendo el eje que explica tanto los ciclos de expansión como los periodos de estancamiento.
-Usted ha visto al país desde la empresa y el Estado. ¿Qué rol ha jugado la inversión privada en el crecimiento del Perú?
Es importante resaltar la relevancia de la inversión privada. Cuando se analiza el crecimiento del Perú, siempre se llega a entender el rol que juega. Entre el 2003 y el 2013 fue probablemente el componente más importante y, al mismo tiempo, el más volátil de la demanda interna.
Cuando la inversión privada se acelera, impulsa el empleo, el consumo y el crecimiento. Pero cuando se frena, el país pierde dinamismo rápidamente. Ese periodo estuvo marcado por estabilidad macroeconómica, buenos precios de los minerales y una cartera importante de proyectos mineros y de infraestructura. Hubo años en los que la inversión privada creció más del 20%, lo que explica el crecimiento de la economía y la creación de la clase media peruana.
Después, esas ventanas se cerraron. Desde el 2014 hubo desaceleración, conflictos sociales, sobre todo en minería, y empezó a generarse desconfianza. Luego vino la pandemia en el 2020 y, a partir del 2021, el cambio de gobierno generó una serie de incógnitas que afectaron directamente la inversión privada.
Desde el segundo semestre del 2021, la inversión privada cayó, luego se estancó durante el 2022 y el 2023, y recién hacia el 2025 empezó a mostrar una recuperación. Esto demuestra lo sensible que es la inversión privada, que depende directamente de la confianza.
-¿Qué nos dice ese desempeño reciente de la economía?
Hay una lectura equivocada de que la inversión privada, el crecimiento económico y la política son temas separados. Eso no es así, están totalmente vinculados.
El hecho de haber crecido alrededor de 3,5% en el 2025, en un contexto de desorden político, con poca visibilidad y con un gobierno y un Congreso que no han generado confianza, ha impedido que aprovechemos completamente una coyuntura internacional favorable. Podríamos haber crecido más.
Y hoy, además, ese escenario se da en medio de un proceso electoral que vuelve a introducir incertidumbre sobre lo que viene, lo que termina condicionando la forma en que se toman las decisiones de inversión.
-En un proceso electoral como el actual, ¿qué tipo de decisiones son las primeras que las empresas tienden a postergar o replantear?
Hay otro elemento que entra en juego, que es el entorno internacional. El conflicto en Medio Oriente está generando variables que van a afectar la economía global, como el incremento del precio del petróleo, con efectos inflacionarios.
La empresa, ante situaciones inciertas —ya sea por la política o por un conflicto internacional—, espera. Y al esperar, para no arriesgar capital innecesariamente o de forma equivocada, se ralentiza el crecimiento del país.
Por eso es clave la estabilidad política y económica. Las ventanas que se abren para el Perú no son permanentes, tienen espacios de tiempo. El entorno internacional favorable, por el lado de los precios de los minerales, es una oportunidad que se tiene que aprovechar.
-Y hoy, ¿qué ha cambiado, o qué factores están apareciendo, que podrían terminar frenando la inversión privada en el Perú?
Escenarios inciertos. Puede venir del frente político o del entorno internacional. Hoy hay conflictos internacionales, incremento en el precio del petróleo y presiones inflacionarias. Pero el efecto es el mismo: la empresa espera. No arriesga capital en un entorno donde no tiene claridad.
-¿Cómo cree que ese entorno internacional más adverso podría afectar las decisiones de inversión en el Perú?
Lo que hace es paralizar la inversión. Las empresas se preocupan más por cuidar la caja, buscar eficiencias internas y atravesar el momento de la mejor forma posible, lo que lleva a postergar decisiones de inversión.
El Capex que se aprueba es el menor posible. Puede mantenerse inversión de mantenimiento, pero no necesariamente de crecimiento.
«Es clave la estabilidad política y económica. Las ventanas que se abren para el Perú no son permanentes, tienen espacios de tiempo», dice Leslie Pierce.
/ NUCLEO-FOTOGRAFIA > CESAR CAMPOS
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-¿Diría entonces que ese efecto hoy pesa más que el propio ruido político interno en las decisiones empresariales?
No, el ruido político también pesa. Si no es claro, si no genera confianza ni estabilidad, tiene un efecto directo en las decisiones de la empresa.
Si el escenario fuera de confianza, con estabilidad y claridad, podríamos crecer por encima del 4% e incluso acercarnos al 6% u 8% en los próximos años. En ese contexto, la inversión se activa. En uno de incertidumbre, se detiene.
-El Banco Central de Reserva ha proyectado una recuperación de la inversión privada para el 2026. ¿Qué tendría que ocurrir en la práctica para que ese escenario se materialice realmente?
El crecimiento de la inversión privada que se está proyectando para el 2026 es ligeramente menor a lo que ocurrió en el 2025, lógicamente porque existe un panorama político incierto que se va a definir en los próximos meses. Si ese panorama político viene con un resultado positivo, obviamente los planes de inversión se incrementarán rápidamente.
Es decir, tiene una relación directa con la decisión de invertir. No es que la inversión esté ausente, lo que pasa es que espera la claridad para poder manifestarse. No es que el empresariado esté paralizado, está esperando.
-Y desde su experiencia, ¿qué condiciones han sido claves para que la inversión privada crezca de manera sostenida en el país?
La claridad y la confianza. El Perú tiene una oportunidad histórica vinculada a la transición energética, la inteligencia artificial y la demanda global de minerales, como se viene señalando incluso en espacios como el foro de Davos.
Pero se requiere coordinación público-privada, estabilidad y capacidad de ejecución para convertir esas oportunidades en crecimiento sostenido. El país tiene las condiciones, pero en los últimos años esas ventanas no se han aprovechado por la inestabilidad política.
-Y hacia adelante, ¿cree que vamos a estar en condiciones de aprovechar esas oportunidades o el entorno interno nos va a jugar en contra?
Debemos aprovecharlas. Estoy asumiendo que vamos a saber elegir, analizando lo que mejor conviene para el país. Y eso es muy importante en un cambio de gobierno. Dependerá de las decisiones que se tomen. Si se elige un gobierno que priorice la inversión privada y genere confianza, esas oportunidades se pueden aprovechar.
Lo ocurrido desde el 2021 es un ejemplo claro, con mensajes contradictorios, cambios constantes y falta de claridad que afectaron directamente la inversión. Eso demuestra cómo la inestabilidad impacta en el crecimiento.
Si me preguntas qué va a pasar este 2026, siendo optimistas, espero que tengamos un gobierno que priorice el Perú y tenga como eje central la promoción de la inversión privada. Lo único que se necesita para eso es generar un cierto mensaje de confianza y de estabilidad en el tiempo y conformar equipos a nivel gobierno que sean los correctos.
-En su trayectoria, ¿cómo describiría el momento actual de la relación entre el Estado y el sector privado en el Perú?
Hoy, la relación no está realmente articulada. El sector privado sigue operando en un país que mantiene estabilidad macroeconómica, pero por factores que no dependen del manejo político.
Eso no es sostenible. Se ha tenido un entorno de desconfianza e inestabilidad, asociado a problemas en la gestión pública, que terminan afectando las decisiones.
En ese contexto, el sector privado se enfoca en su propia operación. Si percibe mejores condiciones, invierte; pero en la situación actual, las decisiones se toman con cautela y sin una apuesta clara por expandirse.
-¿Hay algún punto donde se esté rompiendo hoy, en la práctica, esa relación entre el Estado y el sector privado?
Más que romperse, no se ha cultivado. No hay una agenda común ni una articulación clara, y cada uno actúa dentro de su propio espacio, con el sector privado tratando de hacer lo mejor que puede.
A pesar de eso, hay avances importantes. El país mantiene estabilidad macroeconómica, con uno de los crecimientos más altos de la región, una moneda sólida, niveles de deuda manejables y reservas internacionales que generan confianza. Además, hay sectores que se vienen dinamizando.
Pero todo eso podría dar mucho más. Sin una mejor coordinación entre el Estado y el sector privado, ese potencial no se está aprovechando plenamente.
-¿Y qué tendría que hacer el Estado en los primeros meses de un nuevo gobierno para reconstruir la confianza en el sector privado?
Definir con claridad el rumbo. Dependerá del plan de gobierno y de los equipos que se conformen.
Si se impulsa la inversión, se fortalecen las asociaciones público-privadas, se respetan las reglas de juego, se destraban proyectos, especialmente en minería, y se garantiza estabilidad jurídica, la reacción será inmediata.
La inversión genera empleo, mejora ingresos y refuerza la confianza, lo que dinamiza la economía. Todo parte de generar condiciones de estabilidad.
– ¿Qué tipo de decisiones o señales del Estado son las que realmente hacen que las empresas confíen y apuesten por crecer?
La claridad. Un plan de gobierno bien estructurado, reglas de juego estables, respeto por los contratos y estabilidad jurídica.
En un entorno de confianza y estabilidad, la reacción del empresariado es inmediata.




