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El papa León XIV exhortó este sábado a no dejar que nos paralicen las losas de la guerra, la injusticia y el aislamiento entre pueblos y naciones, durante su homilía en la Vigilia Pascual, uno de los momentos más solemnes de la Semana Santa.
El papa León XIV exhortó este sábado a no dejar que nos paralicen las losas de la guerra, la injusticia y el aislamiento entre pueblos y naciones, durante su homilía en la Vigilia Pascual, uno de los momentos más solemnes de la Semana Santa.
En la ceremonia, celebrada en la basílica de San Pedro en un ambiente de total recogimiento, el pontífice recordó que la llamada «madre de todas las vigilias» revive «el memorial de la victoria del Señor de la vida sobre la muerte y el infierno».
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«Esta noche santa hunde sus raíces también allí donde se consumó el primer fracaso de la humanidad, y se extiende a lo largo de los siglos como camino de reconciliación y de gracia», dijo el papa rememorando la muerte y resurrección de Jesucristo: «El hombre puede matar el cuerpo, pero la vida del Dios del amor es vida eterna, va más allá de la muerte y ningún sepulcro la puede aprisionar».
En este sentido lamentó que «tampoco faltan en nuestros días sepulcros que abrir, y a menudo las piedras que los cierran son tan pesadas y están tan bien vigiladas que parecen inamovibles. Algunas oprimen el corazón del hombre, como la desconfianza, el miedo, el egoísmo y el rencor; otras, consecuencia de las primeras, rompen los lazos entre nosotros, como la guerra, la injusticia y el aislamiento entre pueblos y naciones».
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«¡No dejemos que nos paralicen!», exclamó el pontífice para destacar a continuación el ejemplo de muchos hombres y mujeres, «personas como nosotros, fortalecidas por la gracia del Resucitado», que a lo largo de los siglos han removido esas piedras incluso a costa de su vida «pero con frutos de bien de los que aún hoy nos beneficiamos».
El papa estadounidense-peruano presidió por primera vez en su pontificado la Vigilia de Sábado Santo, una de las más largas de la tradición católica que se inició en una Basílica de San Pedro totalmente a oscuras y en silencio con el rito de la bendición del fuego y el encendido del cirio pascual.
En un gesto cargado de simbolismo, León XIV marcó la vela con las letras griegas alfa y omega, que simbolizan que Dios es el principio y el fin de todas las cosas.
En Roma la Semana Santa se celebra cuando el Papa realiza la misa especial en la Plaza de San Pedro de Ciudad del Vaticano. La asistencia es gratuita y suele congregar a grandes muchedumbres de cristianos y católicos deseosos de participar en la ceremonia religiosa. Tras el Domingo de Ramos se suceden numerosos servicios religiosos, incluyendo una audiencia papal el miércoles siguiente, la misa de Viernes Santo y dos misas el Domingo de Resurrección. El Vaticano es una de las principales atracciones turísticas de Roma y atrae muchos visitantes durante todo el año; en Semana Santa, se debe tomar precauciones porque todo suele estar abarrotado. (Foto: Shutterstock)
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A partir de ese momento se desarrolló una procesión hacia el altar mayor mientras la basílica se fue iluminando poco a poco con las velas de los fieles encendidas con la llama del cirio.
Sólo después de que el diácono pronunció tres veces la frase ‘Lumen Christi’ (La luz de Cristo) se encendieron todas las luces de la basílica y comenzó la misa ante miles de fieles, en la que se proclamó el ‘Exultet’, el himno pascual.
Esta larga ceremonia sigue la tradición de los primeros años de la Iglesia, la de los catecúmenos, los adultos que aspiraban a convertirse al cristianismo.
Por ello, tras la homilía, se celebra la bendición del agua y el bautismo, en este caso de diez adultos: cinco de la diócesis de Roma, dos de Gran Bretaña, dos de Portugal y uno de Corea.
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En la primera Semana Santa de su papado, León XIV ha encabezado hasta ahora todos los ritos previstos, tras años de cambios y ausencias motivadas por los problemas de salud de su predecesor, el difunto papa Francisco.
La agenda de la Semana Santa culminará mañana con la misa del Domingo de Resurrección en la plaza de San Pedro y la tradicional bendición ‘Urbi et Orbi’ (a la ciudad y al mundo), que el pontífice impartirá desde el balcón central de la basílica vaticana.




