De las miles de noticias que trae el 2026, este anuncio es uno de los que parece imposible de escribir. Lionel Messi anunció el final de su carrera con la selección argentina y el fútbol volvió a mirar el calendario. Porque esta vez sí había una fecha final para una historia que muchos quisiera que no llegue a su fin.
De las miles de noticias que trae el 2026, este anuncio es uno de los que parece imposible de escribir. Lionel Messi anunció el final de su carrera con la selección argentina y el fútbol volvió a mirar el calendario. Porque esta vez sí había una fecha final para una historia que muchos quisiera que no llegue a su fin.
Se va Messi de la Albiceleste después de 207 partidos y 125 goles. Se va el muchacho que alguna vez lloró una final perdida, el que amagó con irse en 2016 y volvió porque Argentina todavía le debía una historia completa. La encontró. Copa América, Finalissima, Mundial. Todo. Y en el camino también dejó diez capítulos frente a Perú.
No fueron todos iguales. Messi enfrentó diez veces a la selección peruana y el balance habla de siete triunfos y tres empates. Hubo noches en las que Perú consiguió quitarle algo más que puntos a Argentina: logró quitarle el control. O, al menos, resistirlo.
Messi anotó un doblete en su última visita con Argentina contra Perú en Lima. (Photo by ERNESTO BENAVIDES / AFP)
/ ERNESTO BENAVIDES
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La primera de esas historias quedó escrita en el Monumental, en 2008, camino al Mundial de Sudáfrica. Perú empató 1-1 en aquella noche que todavía se recuerda por la corrida de Juan Manuel Vargas y el gol de Johan Fano. Messi estuvo ahí, viendo cómo una selección peruana que atravesaba una época difícil encontraba fuerzas para discutirle el partido a Argentina.
Cuatro años después, en 2012, volvió a ocurrir. Perú y Argentina igualaron 1-1 en Lima por las Eliminatorias rumbo a Brasil 2014. Carlos Zambrano abrió el marcador y Gonzalo Higuaín respondió para la visita. Fue una noche de resistencia, pero también de estrategia. Porque enfrentarse a Messi obligaba a pensar diferente.
El último empate llegó en 2017 y tuvo otro escenario: La Bombonera. Perú salió de Buenos Aires con un 0-0 histórico en el camino hacia Rusia 2018. Con Ricardo Gareca en el banco, la Bicolor sobrevivió a una de las noches más tensas de aquellas Eliminatorias y mantuvo intacto el sueño mundialista.
Pero Messi también tuvo su revancha con Lima. En octubre del 2023 regresó para enfrentar a un Perú dirigido por Juan Reynoso y sin brújula. Argentina ganó 2-0 y los dos goles fueron suyos. Messi fue brillante, determinante, inevitable. Aquella noche, el Nacional entendió una vez más que hay futbolistas a los que se les puede preparar un partido, cerrar espacios, incomodar. Pero nunca desaparecer por completo.
Rinaldo Cruzado sí estuvo en la cancha frente a Messi. Fue parte de aquella selección que Sergio Markarián preparó para recibir a Argentina en 2012. Y en la pizarra había una certeza: nadie podía encargarse solo del argentino.
“Yo tuve la suerte de jugar contra él en la selección peruana y la verdad que nosotros hicimos un trabajo escalonado con Carlos Lobatón y Luis ‘Cachito’ Ramírez, donde quien esté más cerca de él lo pueda incomodar con la pelota”, le cuenta Cruzado a El Comercio.
La idea no era perseguirlo como una sombra. Tampoco regalarle un duelo individual. Era otra cosa: convertir su marca en una tarea colectiva.

Setiembre 2012. Perú empata 1-1 con Argentina en el Estadio Nacional por las eliminatorias para Brasil 2014, con un gol de Carlos Zambrano. El encuentro es considerado uno de los mejores de la selección peruana bajo la dirección de Sergio Markarián. Tras el partido, Lionel Messi dijo que su selección se iba de Lima “con bronca”. La afición llegó a 69%.
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“Buscábamos estar cerca cuando recibía el balón y no enfrentarlo tanto, sino tratar de puntearle la pelota cuando se podía. Después buscábamos tener más tiempo el balón para evitar que él lo tuviera”, explica el exvolante peruano.
La frase parece sencilla, pero encierra uno de los secretos de enfrentar a Messi: si la pelota está en sus pies, el problema ya comenzó. Por eso la selección de Markarián intentó reducir sus espacios y obligarlo a recibir incómodo. Cruzado, Lobatón y ‘Cachito’ Ramírez se repartían esa responsabilidad como una posta.
Nadie podía relajarse. Porque Messi no necesitaba demasiado. Un metro. Medio segundo. Un mal perfil del rival. Un defensor que mirara hacia otro lado. Y entonces aceleraba.
Messi todavía tuvo una última aventura con Argentina en el Mundial 2026. La Albiceleste llegó hasta la final, donde cayó ante España, y semanas después el capitán decidió poner punto final a su historia internacional. El 31 de agosto anunció su retiro de la selección a los 39 años, cerrando una etapa de dos décadas. Su despedida no tuvo el final perfecto de Qatar, pero quizá por eso también fue profundamente humana: una última derrota, el peso del tiempo y la certeza de haberlo dado todo. Se fue como había vivido con la camiseta argentina: dejando preguntas, emociones y recuerdos. Pero también con algo irrefutable: Messi ya no necesita demostrarle nada a nadie. (Foto: Getty Images)
/ MAJA HITIJ
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Miguel Rebosio conoce bien el fútbol español por sus pasos en Zaragoza y Almería y las exigencias de enfrentarse a grandes futbolistas. Disputó 60 partidos con la selección peruana y pasó buena parte de su carrera en Europa. Nunca llegó a jugar un Perú-Argentina frente a Messi, pero sabe perfectamente qué significa intentar controlar a un crack de esa dimensión.
Previo a la visita de Messi a Lima con Inter Miami para enfrentar a Universitario, en enero del 2025, Rebosio resumió para El Comercio una de las misiones más complejas que puede tener un defensor.
“Es muy difícil. No dejarlo jugar, marcar en postas y no darle espacios. Pero si es una marca individual es muy difícil”, explicó.
Su definición va todavía más allá. “Messi es un futbolista que hace pura magia. Él puede jugar a un ritmo, pero cuando acelera, te mató. Esta clase de futbolistas que son cracks tiene algo diferente”.
Ese “algo diferente” fue el que Perú intentó descifrar durante diez partidos. Algunas veces funcionó. Tres empates contra Argentina lo demuestran. Otras, como aquella noche de octubre del 2023, Messi recordó que los planes tienen un límite cuando enfrente aparece un jugador capaz de inventar soluciones donde el resto solo ve defensores.
Ahora se retira de la Albiceleste. Quedan sus 207 partidos, sus 125 goles y una colección de títulos que terminó de cerrar cualquier discusión sobre su lugar en la historia.
También quedan sus diez partidos contra Perú. Y entre los secretos de esa historia hay dos peruanos que pueden decir que estuvieron cerca del fenómeno. Uno aprendió en la cancha que a Messi había que marcarlo entre varios. El otro, desde la experiencia, entendió que nunca bastaba con marcarlo.
Porque a los futbolistas normales se les persigue. A Messi, simplemente, se le intenta alcanzar.
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