Gianni Infantino atraviesa uno de los momentos políticos más complicados desde que llegó a la presidencia de la FIFA en 2016. Lo que comenzó como una disputa por una propuesta comercial terminó convirtiéndose en un enfrentamiento abierto con algunas de las principales confederaciones del mundo.
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Sin embargo, la rebelión cambia el mapa. UEFA, AFC y Concacaf reúnen una cantidad de votos suficiente para convertir su oposición en un problema político considerable. La elección que parecía encaminada hacia una nueva victoria de Infantino ahora tiene una disputa abierta por el poder.
Todavía no significa que haya perdido la elección. Significa que, por primera vez en mucho tiempo, su continuidad dejó de parecer un trámite.
Por ahora, no existe un rival oficial que haya presentado su candidatura para competir contra Infantino. El plazo para las candidaturas todavía no ha terminado y la pelea política recién empieza a tomar forma.
Entre los nombres mencionados aparecen Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA; Víctor Montagliani, titular de Concacaf; Lise Klaveness, presidenta de la Federación Noruega; Salman bin Ebrahim Al Khalifa, dirigente de la AFC; y Nasser Al-Khelaifi, presidente del PSG.
Pero una cosa es aparecer como alternativa en las conversaciones políticas y otra presentar oficialmente una candidatura. Hasta ahora, Infantino es el único que ha dado ese paso.
El cambio resulta especialmente significativo porque Estados Unidos y Canadá fueron dos de los tres países anfitriones del Mundial 2026 junto con México. Sus federaciones se sumaron a los pedidos de mayor transparencia, rendición de cuentas y reformas en la gobernanza de la FIFA.
La tensión aumentó después de la propuesta comercial impulsada por Infantino y de las críticas por la falta de consulta previa. Para los opositores, el episodio demostró que las decisiones relacionadas con el futuro del fútbol mundial no pueden tomarse desde un círculo reducido.
La postura de Estados Unidos y Canadá tiene además un peso político particular: se trata de dos federaciones vinculadas directamente con el Mundial que acaba de terminar y con mercados estratégicos para el crecimiento económico de la FIFA.
Sudamérica se encuentra, por ahora, en el lado contrario de la rebelión. El presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, ha expresado públicamente su respaldo a Infantino y destacó el trabajo realizado durante sus años al frente de la FIFA.
Mientras UEFA, AFC y Concacaf cuestionan su liderazgo, la Confederación Sudamericana mantiene una posición favorable al presidente de la FIFA. Ese respaldo puede convertirse en una pieza importante dentro del tablero electoral de 2027.
El escenario, entonces, queda dividido. Europa, Asia y Concacaf han elevado su voz contra Infantino; Sudamérica mantiene su respaldo y África tampoco se ha sumado a la rebelión.
Infantino todavía conserva una ventaja: sigue siendo el único candidato oficial y cuenta con apoyos acumulados durante sus años de gestión. Pero la política de la FIFA cambió en cuestión de semanas. La elección de 2027 ya no parece una simple formalidad. Ahora es una disputa por el modelo de poder que tendrá el fútbol mundial.
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