Hay empates que valen más que un punto. Hay resultados que no cambian una tabla, pero sí una manera de mirar el futuro. El 1-1 de Perú ante Argentina en Lanús dejó a la selección femenina todavía aferrada a una calculadora y a un milagro matemático para alcanzar el repechaje rumbo al Mundial Brasil 2027. Pero también dejó algo más profundo: la sensación de que, por primera vez en mucho tiempo, existe un proyecto reconocible. Y que no es descabellado soñar con ir a una Copa del Mundo por primera vez.
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Porque mientras Argentina celebraba una clasificación mundialista, Perú se iba con una mezcla extraña de frustración y orgullo. Frustración porque la victoria estuvo cerca y porque el margen de error sigue siendo mínimo. Orgullo porque el equipo volvió a competir. Porque volvió a responder. Porque incluso después de recibir el golpe del 1-0 de Mercedes Diz a quince minutos del final, no se desplomó. Encontró una respuesta. Y esa respuesta tuvo nombre propio: Cherrie Cox, nacida en Torrance, Estados Unidos, pero con sangre peruana, apareció para marcar el empate que mantuvo viva la ilusión nacional.
Detrás de esa reacción hay una explicación que dentro del fútbol femenino peruano tiene un responsable apuntado: Antonio Spinelli. El entrenador argentino llegó con una misión mucho más compleja que dirigir partidos. Llegó para reconstruir una selección que llevaba años golpeada por resultados, estructuras débiles y resignaciones demasiado instaladas.
“Spinelli le ha devuelto rebeldía y confianza al equipo. Eso se nota en cómo enfrenta los partidos, en cómo no se cae ante la adversidad”, explica Luccina Aparicio, entrenadora y periodista que sigue de cerca el crecimiento del fútbol femenino peruano.
La frase parece encontrar sustento en el recorrido de esta Liga de Naciones. Con Spinelli, Perú sumó ocho puntos y consiguió victorias importantes ante Chile y Uruguay en Cusco, además de empates frente a Paraguay y ahora Argentina. La elección del Inca Garcilaso de la Vega como localía fue una apuesta que también dio resultados. Aprovechar la altura dejó de verse como una excusa para convertirse en una herramienta competitiva.
Pero quizá la transformación más evidente no está solamente en la pizarra. En esta última convocatoria, Perú reunió a catorce futbolistas nacidas fuera del país. Diez llegaron desde Estados Unidos, dos desde España, una desde Suiza y otra desde Suecia. Son las llamadas “gringocausas”, una generación de futbolistas con raíces peruanas y formación internacional que hoy empieza a modificar el rostro de la selección.
| País de nacimiento | Edad | Club actual | |
|---|---|---|---|
| Mía Shalit (portera) |
Estados Unidos | 23 | Hapoel Jerusalem de Israel |
| Laura Miranda (portera) |
España | 19 | Futbolellas de España |
| Anabella Kellerman (defensa) |
Estados Unidos | 19 | LA Surf de Estados Unidos |
| Mía León (volante) |
Estados Unidos | 21 | Cruz Azul de México |
| Brenda Meier (volante) |
Suiza | 18 | St. Gallen de Suiza |
| Grace Cagnina (defensa) |
Estados Unidos | 25 | SMS Lodz de Polonia |
| Andrea Thorisson (volante) |
Suecia | 28 | Trelleborgs de Suecia |
| Claudia Cagnina (volante) |
Estados Unidos | 28 | Bodo/Glimt de Noruega |
| Claudia Domínguez (volante) |
España | 23 | Universitario |
| Khloe Olano (volante) |
Estados Unidos | 18 | Cedar Stars de Estados Unidos |
| Antonella Solari (delantera) |
Estados Unidos | 20 | FIU Panthers de Estados Unidos |
| Cherrie Cox (delantera) |
Estados Unidos | 22 | Long Beach State de Estados Unidos |
| Allison Tighe (delantera) |
Estados Unidos | 21 | Holly Cross WS de Estados Unidos |
| Alesia García (delantera) |
Estados Unidos | 26 | Ferencvaros TC de Hungría |
Ahí aparecen nombres como Mía Shalit, jugadora del Hapoel Jerusalem; Brenda Meier, del St. Gallen suizo; Andrea Thorisson desde Suecia; Claudia Cagnina, que milita en Noruega; o la propia Cherrie Cox, autora del gol histórico en Lanús.
A ellas se suma un grupo amplio de futbolistas que también desarrollan sus carreras fuera del país. En total, son catorce seleccionadas jugando en el extranjero, una cifra que refleja una realidad distinta a la de procesos anteriores: futbolistas con otro roce, otras metodologías y otro ritmo competitivo.
La intención de Spinelli no parece limitarse a buscar pasaportes peruanos repartidos por el mundo. La idea es construir una identidad alrededor de esas piezas. “No venirnos con que jugamos como nunca y perdimos como siempre”, les repetía a sus jugadoras durante los entrenamientos. Una frase que busca romper con una resignación demasiado conocida dentro del fútbol peruano.
Ahora la última estación será Bolivia en el Callao. Perú necesita ganar y hacerlo por una diferencia amplia. Además deberá esperar resultados ajenos para seguir soñando con el repechaje: Paraguay, Chile y Ecuador deben perder sus respectivos encuentros. El panorama es complicado. Muy complicado.
Pero hace algunos meses la conversación era distinta. No se hablaba de posibilidades matemáticas ni de clasificaciones. Apenas se hablaba de sobrevivir. Hoy, aunque sea con una calculadora en la mano, Perú sigue mirando un Mundial.
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