Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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En el Día de la Mujer cabe recordar que, a menor diferencia entre mujeres y hombres en dimensiones como acceso al mercado de trabajo, salud, educación o seguridad, mayores son los niveles de competitividad e ingresos en un hogar. Esta evidencia, recogida en el Índice Regional de Brechas de Género elaborado por el IPE, resulta fundamental para la discusión y la toma de decisiones de políticas públicas orientadas a impulsar la competitividad.
En el Día de la Mujer cabe recordar que, a menor diferencia entre mujeres y hombres en dimensiones como acceso al mercado de trabajo, salud, educación o seguridad, mayores son los niveles de competitividad e ingresos en un hogar. Esta evidencia, recogida en el Índice Regional de Brechas de Género elaborado por el IPE, resulta fundamental para la discusión y la toma de decisiones de políticas públicas orientadas a impulsar la competitividad.
Una de las señales de desigualdad más claras se observa en el empleo juvenil: solo 55,3% de mujeres de entre 15 y 29 años tiene o busca empleo activamente, muy por debajo de los hombres de la misma edad (68,1%). Para explicar esta diferencia, cabe recordar que, de acuerdo con la Encuesta Nacional del Tiempo 2024, las mujeres jóvenes dedican hasta el triple de horas al trabajo doméstico no remunerado que los hombres. Esta mayor carga restringe su inserción en el mercado laboral. En efecto, el 14% de mujeres jóvenes señala que las responsabilidades domésticas son la principal razón para no buscar trabajo, proporción siete veces mayor que la registrada en los hombres.

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Estas desigualdades también se reflejan en el ámbito salarial. Según estimaciones del IPE, los ingresos por hora de las mujeres en el 2024 fueron en promedio 29% menores que los de los hombres. Más aún, alrededor de tres cuartas partes de esta diferencia se explica por factores no observables, distintos al nivel educativo, la experiencia laboral, la formalidad o la ubicación geográfica, entre otros. Esto sugiere que, incluso cuando se comparan hombres y mujeres con características educativas o laborales similares, persiste una brecha salarial (22% en el 2025), posiblemente por factores no observables como barreras de acceso o prácticas discriminatorias.
A su vez, estas brechas se desarrollan en un contexto en el que la violencia contra la mujer continúa siendo un problema extendido. Actualmente, una de cada tres mujeres ha sido víctima de violencia física, sexual o psicológica por parte de su pareja en los últimos 12 meses. Además, los casos de violencia atendidos en los Centros de Emergencia Mujer y Familia se han triplicado en los últimos 10 años.
Es limitado el número de planes de gobierno que incorporan propuestas orientadas a cerrar estas brechas. De 35 planes analizados, solo 15 planes (ver el gráfico 5) incluyen acciones concretas para enfrentar la violencia contra la mujer como por ejemplo mecanismos de protección en menos de 24 horas, la creación de juzgados y fiscalías especializadas, y de sistemas de seguimiento a agresores.
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En el ámbito laboral, únicamente 11 partidos plantean iniciativas específicas para promover el empleo femenino, entre las que destacan la formación técnica virtual, programas de mentoría en áreas de ciencia y tecnología, y créditos dirigidos a emprendedoras. De manera similar, pese al desproporcionado tiempo que las mujeres destinan al trabajo doméstico no remunerado, solo 15 partidos proponen medidas relacionadas con la implementación de sistemas nacionales de cuidado, guarderías o la ampliación de centros de atención infantil.
El embarazo adolescente continúa siendo un desafío relevante. En el 2024, el 8,4% de las adolescentes entre 15 y 19 años ya son madres o están embarazadas por primera vez. Esta proporción es considerablemente mayor en algunas regiones como Amazonas (25,4%), Loreto (21,8%) y Ucayali (16,5%). En muchos casos, el embarazo temprano interrumpe la trayectoria educativa de las jóvenes. No resulta casual que estas mismas regiones registren algunas de las menores tasas de conclusión de la educación secundaria, lo que limita sus oportunidades futuras y afecta la competitividad regional. Sin embargo, únicamente 11 planes de gobierno incluyen la promoción de la educación sexual integral entre sus propuestas.
Fotografía cedida por Proamazonia que muestra a una mujer recolectando café. Ecuador se ha consolidado como uno de los países pioneros en el mundo en la producción sostenible y libre de deforestación y tiene al café y al cacao como sus grandes emblemas, productos que se han abierto paso en la Unión Europea (UE) al demostrar que sus agricultores han evitado la tala de miles de hectáreas de selva amazónica. EFE/ Proamazonia /
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Cerrar estas brechas tendrá un impacto económico. Según el Banco Mundial, reducir las desigualdades de género en empleo e ingresos podría incrementar el PBI per cápita mundial en alrededor de 20%. En esa línea, el IPE encuentra que las regiones del país con menores brechas registran en su mayoría mejores resultados en el Índice de Competitividad Regional y mayores ingresos por habitante. Por ello, ampliar la participación económica y la autonomía de las mujeres no solo mejora el bienestar individual, sino que fortalece la competitividad.




