En tiempos en que se fabrican grandilocuencias a costa de olvidar la historia, provoca gritar que estamos viviendo un Mundial inolvidable, único y perfectamente hermoso.
En tiempos en que se fabrican grandilocuencias a costa de olvidar la historia, provoca gritar que estamos viviendo un Mundial inolvidable, único y perfectamente hermoso.
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Los nostálgicos como yo, que recuerdan con cariño México 86 (y en particular, el Francia vs Brasil, uno de los encuentros más bellos jamás jugados), no podemos dejar de lado que el fútbol ha cambiado, que hoy es más ofensivo y dinámico. La forma física es clave, pero también la técnica y el sentido del juego. Todo esto convierte en una proeza la labor de los habilidosos. Por eso lo de Messi escala cimas inconmensurables. Parece un Dorian Gray con chimpunes, un privilegiado que le ha robado las agujas al reloj para seguir regalando magia en cada centímetro del campo. Roberto Perfumo, el ‘mariscal’ de la retaguardia argentina, decía que cuando su Racing enfrentaba a Santos en los 60, procuraban no molestar a Pelé porque el brasileño podía responder con un vendaval de gambetas, túneles y goles. Los egipcios olvidaron eso en cuartos y Lío, pese al penal errado, consumó una actuación épica que será recordada por generaciones.
Aumentar el número de participantes a 48 ha resultado un acierto de Infantino. Más allá del verdadero motivo -a más partidos, más dinero-, el nivel no decreció y se pudo ver a selecciones ajenas al establishment mostrando una categoría que ya quisiéramos tener por açá. La mejor, por lejos, ha sido Cabo Verde, que se apoderó del corazón del mundo por la calidad de su juego y las historias de vida de sus integrantes. Su irrupción, de paso, significó un jalón de orejas para el periodismo deportivo, tan proclive a las generalizaciones, que menospreció a países con poca historia y olvidó que en este mundo globalizado, las diferencias cada vez son más cortas.
Bandera de Las Malvinas
¿Sancionarán a Argentina?
Pese a que se había establecido que no se podían hacer manifestaciones referentes a las Islas Malvinas, un grupo de jugadores de la selección de Argentina desplegó una banderola en la que se leía «Las Malvinas son argentinas», tras vencer por 2-1 a Inglaterra en las semifinales del Mundial.
Esto abrió la puerta a una posible sanción contra los futbolistas argentinos, ya que según reglamento de la FIFA está prohibido los mensajes políticos en los encuentros de fútbol.
La rivalidad de Argentina e Inglaterra empezó con la guerra de 1982 tras la que Inglaterra tomó el control sobre las Islas Malvinas, que llaman Islas Falkland.
Hasta ahora, la FIFA no ha confirmado si abrirá una investigación o impondrá sanciones.
Pero el Mundial también está dejando una puerta abierta muy peligrosa. El Caso Balogun antes que complicidad, evidencia el sometimiento de la FIFA a los deseos de Trump. Después del vejamen sufrido por el árbitro somalí Artan y el vergonzoso trato recibido por la delegación de Irán, la reputación del ente anda por el subsuelo. El doble rasero quedó muy claro con las dos fechas de suspensión al inglés Quansah por una falta similar a la del norteamericano.
¿No se podría tomar como una intervención de un país en asuntos directos de la FIFA? Si fuera otro país, esto tendría sanción https://t.co/9FT0fsn5WB
— Pedro Ortiz Bisso (@orbisa35) July 6, 2026
En el mundo del deporte se sabe que los resultados tapan errores y minimizan injusticias; sin embargo, esta situación es distinta. En adelante, no habrá sanción que no se discuta y crecerán las sospechas sobre manejos bajo las sombras. El desbarajuste puede ser más complejo en cuatro años, cuando el mundial se celebre en seis países o en el 2034, bajo la autocracia saudí. ¿Cómo se actuará si hay una llamadita desde las alturas?
Quizás estamos exagerando. Si Carlos III hubiera pedido por Quensah, no le habrían hecho caso. El rey al que le hacen caso es otro.
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