domingo, abril 19

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

Antes de ser presidente, Donald Trump ya era millonario gracias al negocio inmobiliario que heredó de su padre, pero que él convirtió en un emporio donde su nombre se transformó en su marca. Antes que político, es un empresario, y ni las obligaciones de la Casa Blanca, que son muchas y complejas, lo han desviado de su afán de seguir aumentando su patrimonio y el de su familia.

Desde que llegó a la Oficina Oval por primera vez en el 2017, las riendas de la Organización Trump pasaron a manos de dos de sus hijos, Donald Jr. y Eric, pero el mandatario no se ha desentendido de sus negocios y tampoco ha tenido reparo en ocultarlo. Las empresas en las que invierten los hijos del presidente se entremezclan con contratos estatales, dejando muchas dudas sobre tratos favorables y conflictos de interés.

“Descubrí que a nadie le importaba, y se me permite”, dijo en enero el mandatario a “The New York Times”, aludiendo a una ley sobre conflictos de interés, que prohíbe a funcionarios federales participar en asuntos gubernamentales que afecten sus intereses financieros personales, la cual tiene una excepción: no aplica para el presidente y vicepresidente.

Sin embargo, durante décadas, los jefes de la Casa Blanca no se han involucrado en negocios personales o familiares, para no recibir cuestionamientos éticos sobre su aprovechamiento del cargo. No es el caso de Donald Trump. Si bien sus hijos manejan directamente la empresa familiar, las decisiones presidenciales están beneficiando a su organización.

“Estamos hablando de una familia que desde el primer gobierno ha utilizado el nombre de la Casa Blanca, la posición del presidente y los beneficios que ello conlleva de conexiones e influencia, para monetizar esa relación”, expresa a El Comercio la politóloga María Puerta Riera, profesora en el Valencia College de Orlando.

La especialidad de la familia, por supuesto, son los proyectos inmobiliarios, casinos y clubes de golf, los cuales se han expandido por todo el mundo, sobre todo en el Medio Oriente. Según documenta la agencia AP, durante la primera administración (2017-2021) la Organización Trump no concretó ningún acuerdo en el extranjero, pero desde el 2025 ya hizo ocho, pese a que el conglomerado tiene una norma que le impide hacer negocios directamente con gobiernos foráneos. La firma señala que los contratos los ha hecho con empresas privadas, pero en el caso de las compañías del Golfo Pérsico, éstas tienen coparticipación con las familias que rigen las monarquías en Arabia Saudí, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos (EUA).

“Se prevé que Trump obtenga unos ingresos enormes y sin precedentes de sus proyectos inmobiliarios en el extranjero durante su segundo mandato; se estima que esta cifra superará los 400 millones de dólares”, señala un estudio de Citizens for Responsibility and Ethics in Washington (CREW).

De hecho, en el último año, las empresas de la Organización Trump han firmado una decena de acuerdos con entidades gubernamentales de EUA por más de US$500 millones, según información recopilada por Forbes.

EN CIFRAS

  • 6.300 millones de dólares es el patrimonio neto de Donald Trump, una subida del 60% respecto a enero del 2025, cuando regresó al cargo, según Forbes.
  • 500 mil dólares es la cuota de ingreso que está cobrando Donald Jr para el nuevo club privado de la familia en Georgetown, Washington.

En Qatar, un proyecto residencial y un club de golf, bajo el nombre Trump, está siendo desarrollado en parte por una empresa del gobierno qatarí. En Arabia Saudí, el complejo Trump Plaza, planificado en el mar Rojo, está siendo construido por un promotor inmobiliario saudí allegado al príncipe Mohammed bin Salman. Y en el sudeste asiático, en Vietnam, el gobierno aprobó un proyecto turístico, que provocó la expulsión de agricultores de sus tierras.

Eric Trump firmó un acuerdo con las empresas cataríes Diar y Dar Global en abril del 2025. (Foto: AFP)

/ KARIM JAAFAR

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“No creo que ahora mismo exista ninguna línea entre las decisiones de política pública y los cálculos políticos y el interés de la familia Trump”, dijo a la agencia AP Julian Zelizer, historiador presidencial de la Universidad de Princeton.

Gracias a la visión de Donald Jr. y Eric, el negocio familiar de los Trump se ha diversificado hacia las criptomonedas, los drones y fondos de inversión. Los hermanos tienen participaciones en Powerus, un fabricante de drones armados que busca contratos con el Pentágono y estados del Golfo Pérsico. Otra empresa vinculada a los Trump, como la israelí Xtend, ya han asegurado contratos millonarios con el Departamento de Defensa de EE.UU.

Días antes de su toma de posesión, en enero del 2025, la familia Trump vendió una participación de su empresa de criptomonedas, World Liberty Financial, a entidades vinculadas al gobierno emiratí por US$500 millones, operación que permitió a la firma de los Trump generar ingresos millonarios a través de inversiones seguras. Posteriormente, la administración Trump autorizó el acceso de dicho país a tecnología avanzada de chips estadounidenses.

Expresidentes fuera del negocio

En los últimos 60 años, los presidentes de Estados Unidos al asumir el cargo han tomado medidas voluntarias para desvincularse de cualquier actividad que pudiera percibirse como un conflicto de intereses.

Lyndon B. Johnson (1963-1969) y su esposa pusieron sus participaciones en emisoras de radio y televisión de Texas en un fideicomiso. Jimmy Carter (1977-1981) hizo lo mismo con su plantación de paltas. Años después, el republicano Ronald Reagan anunció que había vendido todas sus inversiones, salvo su rancho y otra vivienda.

George H.W. Bush, (1989-1993) tuvo una carrera exitosa en la industria petrolera antes de dedicarse plenamente a la política, llegando a amasar una fortuna estimada en 20 millones de dólares. Al llegar a la presidencia se desvinculó formalmente de las participaciones de sus empresas. Su hijo, George W. Bush, quien también llegó a la Casa Blanca, vendió las acciones que tenía en el negocio familiar.

Otro negocio familiar de criptomonedas, American Bitcoin, salió a bolsa en setiembre pasado, generando una ganancia, en ese momento, de 1.000 millones de dólares. Meses antes, el presidente había anunciado una nueva reserva nacional de bitcoin, lo que disparó el precio de la criptomoneda. Luego está TRUMP, la ‘meme coin’ que lleva el rostro del mandatario y que salió a la venta días antes de que prestara juramento para su segundo mandato.

El proyecto Trump Plaza Jeddah ya avanza en Arabia Saudita. (Foto: Dar Global)

El proyecto Trump Plaza Jeddah ya avanza en Arabia Saudita. (Foto: Dar Global)

/ Dar Global and the Trump Organiz

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“Es cierto que Trump firmó una declaración en enero del 2017, tras el inicio de su primer mandato, en la que transfería el control de sus activos a sus hijos. Pero el problema es que Trump sigue siendo el beneficiario financiero de estas empresas. Cuando él presenta su declaración patrimonial cada año, podemos ver que las mismas entidades que obtienen ingresos del negocio de las criptomonedas, de los hoteles, del golf o de los muchos negocios en los que participa, le reportan beneficios económicos al propio Donald Trump”, cuenta en una entrevista a la cadena NPR el periodista de “The New York Times, Eric Lipton, quien ha investigado acuciosamente las empresas de la familia Trump.

En el negocio de las criptomonedas, los Trump también se han asociado con los hijos de Steve Witkoff, un viejo amigo del presidente y que fue nombrado nada menos que enviado especial de Estados Unidos en el Medio Oriente.

Otro consejero especial es su propio yerno, Jared Kushner, quien encabezó las negociaciones para lograr cese del fuego en la franja de Gaza, y quien desde la primera administración Trump ha estado muy involucrado en Medio Oriente. De hecho, Kushner tiene una firma de inversión, Affinity Partners, cuyos accionistas son, sobre todo, jeques de las monarquías del Golfo Pérsico y su principal inversor es PIF, un fondo público de Arabia Saudí.

“En el caso del mercado de apuestas, donde los hijos forman parte de estas empresas, se ha señalado que desde el entorno del presidente están pasando información para que ciertas apuestas, que son multimillonarias, se coloquen en algunos mercados. Ya no creo que estemos hablando de conflicto de intereses, porque eso se quedó pequeño”, comenta Puerta Riera.

Así, mientras la familia Trump sigue haciéndose más millonaria, las guerras que el presidente ha emprendido están teniendo consecuencias en la economía estadounidense. Por más que los cuestionamientos morales persistan, la ley estadounidense no limita las ganancias que sigue percibiendo el presidente por sus negocios familiares.

“Es muy difícil que se logre algo con el Congreso actual. Los demócratas lo único que pueden hacer, por ahora, es llamar la atención de esta situación y documentar todo. Ahora, si los demócratas obtienen la mayoría en las legislativas de noviembre, o recuperan la presidencia en el 2028, podrían pasar leyes que eviten que otro presidente haga lo mismo. Pero para eso también debe haber una negociación interna dentro del partido, e incluso dentro de los propios republicanos”, dice Puerta Riera.

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