Históricamente, la política en Estados Unidos se mueve como un péndulo en cada ciclo electoral. Es decir, los votantes suelen castigar al gobierno de turno dándole la victoria al partido opositor en las elecciones legislativas. Le pasó a Barack Obama cuando los republicanos ganaron el control de la Cámara de Representantes, le pasó al propio Trump en su primera administración cuando los demócratas recuperaron la mayoría en el 2018 y también le ocurrió al expresidente Joe Biden con los republicanos retomando el control hace cuatro años.
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En la cámara baja -que renovará sus 435 asientos- los republicanos tienen 219 escaños frente a 213 de los demócratas, una mayoría ajustada, mientras que en el Senado -que pone en juego un tercio de sus curules- los republicanos cuentan con 53 sobre 47 de los demócratas.
Por eso, Trump ya viene anticipándose a esta situación admitiendo -algo muy raro en él- que su partido podría perder el próximo noviembre. “He creado la mayor economía de la historia. Pero la gente necesita tiempo para darse cuenta. No puedo decir cómo se traducirá eso para el votante”, dijo hace unas semanas a “The Wall Street Journal”. “Estadísticamente, es muy difícil ganar”, remató.
“Trump encara el dilema clásico de los presidentes en su primer año de mandato: el uso intensivo de capital político en grandes reformas y en decisiones polarizantes suele traducirse en caída de aprobación, mientras que las elecciones de medio término históricamente tienden a castigar al partido en el gobierno. En su caso, el desgaste se ve amplificado por una hiperpersonalización del poder. La marca Trump absorbe tanto los éxitos como los costos de aranceles, deportaciones masivas y decisiones en política exterior, lo que convierte los comicios legislativos en un referéndum anticipado sobre su liderazgo”, explica a El Comercio el politólogo e internacionalista Francesco Tucci.
4,3%
No es novedad que el mandatario exagere o mienta sobre las cosas que ha hecho. La economía boyante de la que habla no es algo que perciba el promedio de los estadounidenses. Una encuesta reciente de la Universidad de Chicago elaborada para la agencia AP señala que solo el 31% aprueba la gestión económica de Trump, frente al 40% en marzo.
Si bien la agresiva política arancelaria que lanzó el gobierno en abril -y que ha ido menguando conforme iba negociando con cada país, sobre todo con China- pintaba un panorama catastrófico para la economía estadounidense, las cifras tampoco han sido tan auspiciosas y la lluvia de empleos que se esperaba aún no se materializa. De hecho, el presidente sigue echándole la culpa de la inflación a Biden, que para diciembre se situó en 2,7% interanual, el índice más bajo desde julio, pero apenas tres décimas por debajo de la cifra que dejó el demócrata.
“Aunque la administración exhibe datos puntuales de dinamismo -como trimestres de crecimiento más robustos o repuntes en el consumo- el debate público está marcado por la presión de los aranceles, el encarecimiento del costo de vida y la sensación de que el ‘dolor’ de la reestructuración económica se distribuye de forma desigual”, remarca Tucci.
58%
El frente interno
Un reciente estudio de la Universidad Brookings apunta un dato importante: las principales acciones de esta administración en el año que pasó no están en la lista de prioridades de los estadounidenses, y esto podría pasarle factura en las legislativas.
Según este informe, para el 50% de los estadounidenses la inflación, el empleo y los programas de salud son sus principales preocupaciones. Por el contrario, solo el 21% selecciona la inmigración, la delincuencia, los impuestos, el gasto público o la política exterior como asuntos relevantes, que son justamente los temas a los que la administración Trump ha dedicado la mayor parte de su energía y atención.

“En Estados Unidos, la política exterior está subordinada a la política doméstica y Trump sabe que el tema económico toma tiempo para mostrarse como algo positivo. Las cifras han mejorado un poco, pero no es suficiente porque el poder adquisitivo se ha resquebrajado. Ante ese escenario, Trump quiere mostrarse como una especie de mesías mundial, y por eso la insistencia en tratar de solucionar conflictos”, apunta Carlos Novoa, periodista y analista internacional.
Sin embargo, este interés en los asuntos internacionales ha hecho que incluso parte del movimiento MAGA -la base electoral más trumpista- le recrimine la cantidad de financiamiento que Israel recibió en la guerra con Hamás o la ayuda que se le continúa dando a Ucrania.
Un tema que no será menor es el apoyo de los latinos, que fue importante para el triunfo electoral de Trump en el 2024. Las agresivas políticas de inmigración han hecho mella en la percepción de este grupo que pasó de un 48% de apoyo en noviembre del 2024 al 35% el pasado diciembre, según el referido estudio de la Universidad Brookings.

“El Partido Republicano enfrenta una paradoja: el giro de una fracción del voto latino y joven hacia Trump en el 2024 se apoyó en una mezcla de desencanto con el ‘establishment’ demócrata, preocupación por la seguridad y atractivo de ciertos mensajes económicos; pero esos mismos grupos son especialmente sensibles a políticas duras de deportación y a recortes en la sanidad o la protección social”, dice Tucci.
“Si bien el gobierno tiene que seguir con su agenda y contentar a un sector importante de su núcleo duro, Trump sabe que también le podría quitar votos. Pero él es un animal político y ya tiene la experiencia de su primer gobierno. Por eso se reunió con el nuevo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, que es la imagen más representativa de la migración en Estados Unidos”, señala Novoa. Mamdami, además, pertenece al ala más progresista del Partido Demócrata y su victoria incluso fue una sorpresa para la vieja guardia.
El desafío demócrata
Estas elecciones no solo suponen un desafío para Trump, sino también para el Partido Demócrata, que aún sigue dividido, sin liderazgo claro y muy golpeado tras la derrota de Kamala Harris en el 2024. Para Tucci, si bien el tema migratorio es importante, los demócratas preferirán apelar a la situación económica.
“La oposición está tratando de vincular directamente el malestar por los aranceles, la inflación por encima de la meta y el menor crecimiento con las prioridades de la Casa Blanca, buscando convertir la economía, más que la migración, en el eje de la campaña legislativa”, afirma el experto.

“En un contexto de márgenes estrechos en ambas cámaras, incluso una pequeña erosión de participación o de lealtad entre republicanos moderados y votantes de clase trabajadora puede bastar para poner en riesgo la mayoría legislativa”, expresa.
Para el líder de la Casa Blanca, las elecciones legislativas serán una gran prueba y significarán un espaldarazo a su gestión o todo lo contrario. De cara a las presidenciales del 2028, el golpe de imagen será trascendental para saber cuál será el destino del trumpismo.
*¿Quién dirigirá el Congreso?
| Mike Johnson | Hakeem Jeffries |
|---|---|
| Actual presidente de la Cámara de Representantes | Líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes. |
| El líder de la mayoría republicana representa al cuarto distrito legislativo de Luisiana desde el 2017. El congresista, uno de los políticos más leales al presidente Donald Trump, forma parte de sector más conservador del Partido Republicano, tanto en temas sociales como de política exterior. | El abogado de 55 años es legislador desde el 2013 representando al octavo distrito de Nueva York. En noviembre del 2022 reemplazó a Nancy Pelosi como líder de los demócratas en la cámara baja, convirtiéndose en el primer afroamericano en llegar a este cargo. |














