sábado, marzo 28

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

A inicios de enero, luego de que EE.UU. capturara al gobernante venezolano Nicolás Maduro mientras dormía en Caracas, el presidente ruso, Vladimir Putin, guardó silencio. Semanas después, su condena a la operación militar lanzada contra su aliado seguía siendo escueta, aunque advirtió que el mundo era un lugar “cada vez más peligroso”. A fines de febrero llegaron los ataques a Irán y el asesinato del ayatolá Alí Jamenei, un socio aún más crucial para el Kremlin. Para nadie es un secreto que Putin ha sido siempre un hombre práctico y cauteloso, y su seguridad es hoy una máxima prioridad.

Según expertos y reportes de la prensa independiente, Putin ha protagonizado largas ausencias públicas en los últimos meses y ha evitado sostener reuniones en el Kremlin. Este año, además, no hubo actos públicos por el duodécimo aniversario de la anexión de la península ucraniana de Crimea el 18 de marzo. No es que el gobernante ruso haya desaparecido, pero sí que ha preferido los mensajes grabados o las videoconferencias. A excepción, tal vez, de cuando ha recibido a algún líder extranjero.

El analista español Román Ortiz, experto en seguridad internacional, explica que las medidas de precaución en torno a Putin no son nuevas –durante la pandemia del COVID-19 estuvo aislado durante muchísimo tiempo–, pero es innegable que la capacidad militar que han demostrado EE.UU. y Ucrania son motivos de preocupación.

El entonces líder supremo de Irán, el ayatola Alí Jamenei, recibe al presidente ruso Vladimir Putin en Teherán, el 19 de julio de 2022. (Foto de KHAMENEI.IR / AFP).

/

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

Putin ha sido siempre alguien extraordinariamente cuidadoso con su seguridad personal. Ahora, la capacidad que ha demostrado Ucrania para operar dentro de Rusia, incluido Moscú, y la eficacia de EE.UU. para operaciones quirúrgicas que han eliminado al líder iraní y antes ha permitido capturar a Maduro pueden haber incrementado el nivel de preocupación de Putin, aunque no es algo radicalmente distinto de lo que ha ocurrido antes”, dice a El Comercio.

Dejando de lado la pandemia, Putin suele mantener un perfil bajo cuando ocurren hechos inesperados o complejos, dentro y fuera de Rusia. Uno de ellos fue la insurrección del Grupo Wagner en junio del 2023, un episodio humillante para el mandatario. Ya antes de ello, la guerra en Ucrania obligó a extremar las medidas de precaución y hoy las guerras en curso, sobre todo la del Medio Oriente, ponen a Putin ante retos más complicados.

“The New York Times” señala que lo que pasó en Venezuela e Irán es la prueba de que el auge de sensores y cámaras, sumado a la inteligencia artificial, han transformado la capacidad de los servicios de inteligencia estadounidenses para rastrear a jefes de Estado extranjeros. En diálogo con ese medio, Paul Kolbe, exjefe de la estación de la CIA en Moscú al inicio del gobierno de Putin, afirma que esa es la razón por la que el mandatario ruso “es tan paranoico respecto a su ubicación” y se desplaza con frecuencia entre sus numerosas residencias, aunque aclara que la opción de que el líder ruso se vuelva un objetivo de Washington es remota.

En realidad, Ortiz explica que Putin tiene más miedo a ser víctima de un golpe que intente sacarlo del poder. “Además de las capacidades militares de otros países, hay un problema que tiene que ver con la opacidad del sistema ruso, pues Putin se rodea de una cúpula que le dice solo lo que él quiere escuchar. Esa falta de información alimenta más sus temores, porque hace muy complejo evaluar la situación real de seguridad real en que está. Hay un nivel de incertidumbre grande, lo que facilita que se alimenten estas paranoias”, añade.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, encabeza una reunión con miembros del gobierno por videoconferencia en Moscú el 21 de enero de 2026. (Foto: Vyacheslav PROKOFYEV / AFP).

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, encabeza una reunión con miembros del gobierno por videoconferencia en Moscú el 21 de enero de 2026. (Foto: Vyacheslav PROKOFYEV / AFP).

/ VYACHESLAV PROKOFYEV

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

La presión es mayor ahora que el caos ronda en Irán, que no solo era su socio estratégico más importante después de China, sino que era pieza clave de la red rusa para evadir sanciones. “Si la república islámica colapsa, Putin pierde un nodo fundamental en la arquitectura de interdependencia autoritaria que ha construido durante años. El eje, tal como él lo construyó, se está fracturando”, dijo en el medio ucraniano “The Kyiv Independent” Nicholas Chkhaidze, investigador en el Centro Topchubashov, con sede en Bakú (Azerbaiyán).

En medio de un contexto geopolítico caldeado, Putin ha optado por la cautela. Aunque él y su gobierno han condenado las acciones recientes de EE.UU. e Israel, su tono no ha sido el esperado para una potencia que ve a sus aliados golpeados por un histórico rival. De hecho, el presidente ruso se ha mantenido al margen y ha tenido cuidado de evitar enemistarse con Washington mientras busca un resultado favorable en Ucrania, donde el final del conflicto aún no se ve cercano.

Putin es consciente de que tiene una capacidad de intervención limitada y su interés supremo es ganar la guerra en Ucrania. Una victoria que, por otra parte, no creo que esté cerca. Entonces lo que trata es de mantener una posición retórica de condena, pero sin medidas concretas para respaldar a países con los que ha colaborado durante mucho tiempo”, considera Ortiz.

Hay otras razones por las que Putin puede estar mirando con prudencia lo que pasa en Irán. Según explica Ortiz, el conflicto es una oportunidad estratégica para Putin en dos sentidos. Por un lado, porque la dislocación de los mercados de energía está ayudando a dar más valor a las exportaciones de petróleo ruso. Y por otra parte, porque evidentemente está canalizando recursos de Estados Unidos hacia Irán, lo que puede reducir el apoyo a Ucrania.

Share.
Exit mobile version