Si alguien alguna vez se ha preguntado qué, cómo, cuándo y cuánto es Universitario de Deportes: es el gol de Gianluca Lapadula al minuto 93. Lo pueden explicar 500 goles agónicos más. Una respuesta sin lírica. Un equipo preparado para el rush final sin dar mayores explicaciones. Tampoco hay un buen centro o un pase profundo que rompa líneas. Esto es la U. Una pared. Dos toques. Uno para el control y otro para un derechazo. Sin inventos. Y también sin ideas. El equipo de Cúper está en deuda. Anoche se fue a dormir tranquilo porque tiene a un jugador al que le desborda el ADN crema. Los demás -me temo- están bajo la lupa de la sospecha.
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Lo escuché en la tribuna. Fue el típico gol del típico delantero en el típico equipo que salva la campana cuando parece condenado al abucheo general. La ‘U’ no sabe cómo, pero ganó a un Cusco FC que se conformó con el empate y pagó carísimo. Puede decir la crema que lo hizo por la jerarquía de Lapadula, al que trajeron desde Italia justamente para esto. Para sacar un conejo de magia en un equipo que parece embrujado. Para poner el corazón en un once que no vibra ni late.
Esto la U. Las dudas de Polo para cerrar su marca en el gol de Callejo. El enésimo amague de Alzugaray que no quiere centrar sin sentido al área de Cusco FC. La papa caliente que le quema a Requena cada vez que le pasan el balón. Los pasadores mal amarrados de Concha que se olvidó de patear desde fuera del área. O peor aún: el tranco largo en cámara lenta de Inga para defender y, sobre todo, para atacar.
La tribuna ya había pedido que “pongan huev…”. Ya había gritado enfurecida “tenemos que ganar”. Y ahí estaba el equipo de Cúper, sumido en un planteo que no resolvía, quemando solo cuatro cambios y a punto de poner la cabeza en juego. Porque si algo no hay en la U es paciencia. Nunca antes el “merengue solo sirve ganar” había sonado más a amenaza que a aliento.
Aunque Javier Rabanal no conozca de autocríticas y diga que se queda tranquilo con el desempeño de su equipo, no puede evitar ir contra el alma de un club que ha construido su historia ladrillo a ladrillo con la epicidad de sus jugadores.
Apenas anotó el gol 2-1, Lapadula se entregó al fulgor de la hinchada. Besos a sur, besos a occidente, besos hacia norte y más besos hacia oriente. Aquí estoy, parecía decir. Después de tantos Dorregaray, Churines y Gassamas, al fin un Gianluca que pague el precio del boleto.
La ‘U’ se pasó toda la semana convocando a su hinchada. Al final, fueron más de 40 mil, según las redes del club. Y a esos 40 estuvieron a poco de decepcionar si no aparecía el Lapadula salvador.
Revive cómo fue el primer gol de Gianluca Lapadula con la camiseta de Universitario. (Foto: Fernando Sangama @photo.gec)
“Es una gran noche, pero falta mucho camino”, dijo frente a las cámaras de L1MAX aún empapado de sudor y con las pulsaciones a mil. El hombre casero que mandó besos a la tribuna, sin embargo, no se olvidó de los más importantes a la hora de la dedicatoria. “Este gol es para mis padres, mi esposa, mis hijos, mis hermanos”, sentenció y se fue.
Y ahí vino el abrazo. Primero fue Alex Valera, que ayer abrió el marcador con un cabezazo tras centro de Alzugaray y ya suma 12 tantos en el 2026. Luego, se sumó Williams Riveros, que ahora resguarda el banco de suplentes. Vargas, Castillo, Murrugarra, Licha. Pero faltaba el abrazo del amigo.
Lo encontró a lo lejos. Con jeans, zapatillas casuales y camiseta crema. Aldo Corzo le extendió los brazos y Gianluca al fin entendió qué, cómo, cuándo y cuánto es la ‘U’. De fondo, la tribuna pasó de la angustia al festejo y coreó: “El mejor de los equipos, ese equipo se llama la ‘U’”.
SOBRE EL AUTOR
Bachiller en Comunicación Social por la UNMSM. Trabaja en DT desde el 2013, con experiencia en RRSS. Fue Jefe de la Mesa Digital de la Zona Deportiva. Escribió en «Centenario» y «Tricampeones», libros oficiales de El Comercio y Universitario de Deportes. Es, también, coautor en «Copa América, 11 Historias» y «Crema, mi gran amigo». Ver más