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Lady Gaga aprendió temprano que el pop podía ser algo más que una canción pegajosa. Desde “The Fame”, su primer disco, entendió el escenario como un espacio narrativo: vestuario, gesto y música funcionando como un solo cuerpo. Aquella artista que irrumpió a fines de los 2000 con ambición teatral nunca dejó del todo ese impulso, aunque su carrera haya mutado muchas veces.
Lady Gaga aprendió temprano que el pop podía ser algo más que una canción pegajosa. Desde “The Fame”, su primer disco, entendió el escenario como un espacio narrativo: vestuario, gesto y música funcionando como un solo cuerpo. Aquella artista que irrumpió a fines de los 2000 con ambición teatral nunca dejó del todo ese impulso, aunque su carrera haya mutado muchas veces.
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En 2024, Gaga atravesó uno de esos momentos de transición. Su foco estuvo lejos del hit radial y más cerca del cine. “Joker: Folie à Deux” la colocó en un registro oscuro, incómodo, con un personaje que exigía tanto actuación como musicalidad. No fue un simple rol: fue una inmersión total en una narrativa donde la música volvió a ser un recurso dramático antes que comercial.
Ese mismo año lanzó “Harlequin”, un álbum atípico, vinculado al universo de la película, con versiones y composiciones que dialogaban con el jazz, el cabaret y la idea del personaje fragmentado. Fue un trabajo lateral, casi de laboratorio, que no buscó rankings sino cerrar una experiencia artística más amplia. Mientras tanto, Gaga apareció y desapareció del radar pop tradicional.
La cantante y actriz encarna a Harley Quinn en Joker: Folie à Deux (2024), un proyecto cinematográfico que antecedió al lanzamiento de Mayhem y profundizó su exploración de personajes oscuros y musicales. (Fuente: Warner Bros Pictures)
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Ese movimiento llegó en marzo de 2025 con “Mayhem”. El disco fue leído desde el inicio como un regreso, pero no en clave nostálgica. Gaga recuperó la oscuridad, la tensión y el dramatismo de sus primeros años, aunque filtrados por una artista que ya había atravesado el cine, el jazz, el country pop y la introspección.
La promoción del álbum fue calculada y progresiva. Primero “Disease”, luego “Abracadabra”, una canción que terminó por definir el pulso del disco: electrónica densa, teatralidad explícita y una puesta en escena pensada para el impacto visual tanto como sonoro. Gaga no solo lanzó canciones; construyó momentos.
Lady Gaga se presentó ante más de 2 millones de personas, según estimaron autoridades locales. Foto: EFE/Andre Coelho
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En “Mayhem” conviven el pulso de club, la estética industrial y una narrativa sobre el control, el cuerpo y la fama. El álbum no intentó complacer a todos: eligió una identidad clara y la sostuvo. Incluso sus colaboraciones funcionaron como extensiones del concepto, no como simples apuestas comerciales.
La era se expandió con “The Mayhem Ball”, una gira que convirtió el disco en experiencia física. El punto más alto fue Brasil: un concierto masivo y gratuito en la playa de Copacabana que reunió a millones de personas –incluida una amenaza de bomba– y se convirtió en una postal histórica de esta etapa, confirmando que Gaga seguía siendo una artista capaz de convocar multitudes sin diluir su propuesta.
Lady Gaga estuvo en «Merlina» nada menos que un minuto y 42 segundos (Foto: Netflix)
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Después del lanzamiento, “Mayhem” no solo se sostuvo: creció. El disco lideró listas, la gira se consolidó como uno de los grandes eventos musicales del año y Gaga volvió a ocupar el centro del debate cultural, ese lugar que nunca abandona del todo, pero que solo ella sabe reclamar en el momento justo.
La culminación simbólica llegó en los Grammy 2026. Su presentación de “Abracadabra” fue una de las más comentadas de la ceremonia: oscura, intensa, sin concesiones. No fue una artista celebrando el pasado, sino alguien reafirmando control sobre su presente.
Lady Gaga posa con sus premios por Mejor álbum de pop vocal («Mayhem») y Mejor grabación pop dance («Abracadabra») (Foto: EFE)
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Esa noche, “Mayhem” fue reconocido como Mejor Álbum Pop Vocal, mientras “Abracadabra” ganó en la categoría Mejor Grabación Pop Dance. En su discurso, Gaga habló menos de éxito y más de proceso, de insistencia, de proteger la voz propia en una industria que suele pedir fórmulas. Fue un mensaje coherente con todo lo que había construido en el último año.
Hoy, Gaga parece instalada en un lugar que conoce bien: el de la artista que vuelve sin repetir, que cambia sin desaparecer. “Mayhem” no fue un golpe de efecto aislado, sino la confirmación de algo que su carrera ha demostrado una y otra vez: Lady Gaga no regresa al pop, lo reescribe a su manera.




