MIRA: Declaran de interés construcción de área recreativa en playa de Miraflores: en qué consiste el proyecto y su posible impacto
Apenas hace unos días, una noticia conmocionó a los vecinos de Miraflores: la casona construida en 1938 había sido vendida por la señora Gisela Rottman Maass, una de las dos hermanas dueñas de la propiedad. El predio miraflorino iba a ser demolido para que posteriormente se construyese un edificio de uso mixto residencial en el Malecón de la Reserva.
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Es más, se dijo incluso que la futura construcción en el predio comprendía un edificio híbrido/mixto de 20 pisos, que tendría dos pisos de zócalo comercial y 18 destinados a vivienda, llegando a una altura total aproximada de 65 metros.
No obstante, El Comercio pudo conocer que esto no será así. Al menos no por el momento. Por el contrario, la decisión es que la casona no se transforme en parte de un paisaje que ya le era irreconocible.
Es muy probable que toda persona que haya paseado por Miraflores, ya sea peruana o extranjera, haya apreciado de alguna manera la casa ubicada en la esquina de la Av. Larco con el Malecón de la Reserva. Se trata de un casi centenario chalet de estilo art-decó en su variante buque, diseñado por nada más y nada menos que el arquitecto Héctor Velarde Bergmann.
En reiteradas oportunidades las hermanas Rottman han prometido no vender la casa pese a las dificultades que genera vivir frente a uno de los centros comerciales más populares de Lima. El jardín de la casa es utilizado como vertedero de basura por parte de los transeúntes. Asimismo, es evidente el olor a orines tanto fuera del muro perimétrico como dentro. Y así los agravios contra el inmueble son innumerables.
Esto ha sido motivo de más de una entrevista periodística, lo que agrandó aun más la historia de la casa y la ha convertido en prácticamente una insignia del distrito. Uno de lo símbolos más notorios de la resistencia al boom inmobiliario en nuestra ciudad.
La casa Rottman, una de las últimas en construirse producto de la urbanización de lo que en otrora fueron los terrenos de las haciendas de Ocharán y Armendáriz, se ha convertido en la última -o una de las últimas- en quedar en pie.

Dato anecdótico
Años atrás, la señora Gisela Rottman leyó un sensible manifiesto durante una audiencia vecinal pública en Miraflores, organizada por El Comercio. Su voz mostraba un tinte de nostalgia que hizo reflexionar en aquel momento a todos los asistentes al coliseo del colegio particular Inmaculado Corazón.
“Veo con tristeza que se está perdiendo la memoria del distrito con la proliferación de bares, casinos y edificios altos. El Miraflores amable que nos legaron generaciones pasadas se pierde al ritmo acelerado, rodando por una cuesta enjabonada por el afán de lucro de inversores y autoridades”, expresó.
Su sentir resumió la principal conclusión a la que se llegó aquella audiencia vecinal de Miraflores: los residentes exigían un alto a los megaproyectos y a la construcción de edificios altos en el distrito porque sostenían que con todo ello el mismo perdía su carácter apacible y tradicional.
Rottman explicó que las grandes construcciones traerían al distrito tugurización, contaminación ambiental, colapso vial y saturación de las redes de agua y desagüe. “No queremos, además, más centros de diversión que siembran el caos para los residentes”, acotó.
Aquel discurso fue acogido y apoyado por la mayoría de los presentes y, al parecer, se mantiene intacto pese al paso del tiempo. Quizás como aceptación de la realidad, una que demanda nuevas miradas y acuerdos. Las ciudades, para bien o mal, se van transformando, y nosotros también.

Un cambio inevitable
Para el urbanista Aldo Facho, es importante mencionar que las ciudades son sistemas vivos, y que junto al ser humano se van transformando y evolucionando. Zonas que en un momento fueron suburbios ahora presentan una alta concentración de personas y por ende las características de los inmuebles y las condiciones de vida han ido variando.
“Miraflores cuando se crea era un suburbio, pues la mayor concentración de comercios e instituciones se mantenía en el Centro de Lima. Entonces, esta zona era una zona de baja densidad con predios grandes. Esto obviamente ha evolucionado en el tiempo. Miraflores hoy es el centro moderno de la ciudad y por ende tiene una alta demanda de edificaciones» detalló a El Comercio.
Precisó que se trata de un distrito que está plenamente abastecido con servicios básicos, siendo natural que se densifique de manera ordenada. Por ello, Facho resaltó que no debiera llamarnos la atención que la ciudad se transforme, que las casas den paso a edificios, aunque siempre y cuando todo esté enmarcado en un plan de desarrollo urbano.
“Corresponde que se generen las normas para que la transformación sea armónica con el entorno y no lo distorsione. También es muy importante que estas nuevas edificaciones que van a incrementar de manera sustancial el uso del suelo, también generen a la ciudad algún tipo de beneficio, pues quien permite hacer un edificio de muchos pisos en esa esquina no es el propietario sino es la ciudad la que otorga los parámetros y permisos“, sostuvo.
Facho comentó que este escenario no se da solo en Miraflores, sino en todo el país. Lo que pasa, dijo, es que en este caso la casa se ubica en una esquina singular, una de las más valiosas del distrito, y que por una coyuntura muy particular no se ha transformado durante décadas. “En todo el malecón Cisneros de Miraflores ya no hay casi casas, la mayoría han dado paso a edificios los cuales incluso tienen más de 30 o 40 años también. No es que recién ahora se transforma la ciudad”, agregó.













