Enérgico, Cúper. Indomable. Parado en la zona técnica, el argentino es un león enjaulado que no se cansa de dar indicaciones. Si tiene a Carabalí cerca en un saque de mano, le ordena: “Largo, largo, juguemos largo”. Si es Polo el que pasa por su lado, le hace gestos. “Achiquemos. Cuidado las espaldas”. Cinco días en Universitario, tres entrenamientos, dos charlas técnicas largas y un viaje. Ese es el tiempo que tuvo para detectar puntos flacos y corregir de inmediato las grietas de un equipo que tiene memoria, y desde ayer comenzó a recordar la seguridad y la certeza. Es el primer escalón.
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Tres días le bastaron a Héctor Cúper para empezar a mover las piezas de Universitario de Deportes. Llegó el sábado 16 de mayo hablando de “estar a la altura” de un club gigante, el domingo apagó el incendio interno que dejó la indisciplina de José Rivera y el lunes cerró las puertas de Campo Mar para comenzar a diseñar, en silencio, las primeras decisiones de su nuevo ciclo. El resultado apareció rápido: una ‘U’ mucho más ordenada, competitiva y con memoria futbolística en el empate sin goles ante Nacional en Montevideo por la Copa Libertadores.
La primera señal de Cúper estuvo en el arco. Cuando parecía que Diego Romero podía recuperar la titularidad, el técnico argentino le devolvió la confianza a Miguel Vargas. Y ‘Manotas’ respondió. En el primer tiempo le contuvo un potente disparo a De Los Santos y en la complementaria reaccionó con seguridad ante un remate incómodo de Santos Correa. Sobrio, seguro y sin excesos, Vargas transmitió tranquilidad en una noche donde Universitario necesitaba volver a sentirse sólido.
En defensa también hubo cirugía fina. Cúper mantuvo a Caín Fara como stopper por derecha y reafirmó a Williams Riveros como líbero, pero tomó una decisión que llamó la atención: colocar a Anderson Santamaría como stopper izquierdo en lugar de Matías Di Benedetto. El argentino priorizó la salida limpia desde el fondo. Valora en Santamaría un defensor más técnico, capaz de romper líneas con pase corto y dar un primer pase más claro, antes que el despeje largo o el juego más frontal que caracteriza a Di Benedetto.

Nacional empató 0-0 con Universitario por la Copa Libertadores 2026 en el estadio Gran Parque Central.
/ DANTE FERNANDEZ
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Después del partido, el propio Cúper explicó la lógica de su primera gran intervención táctica. “Bueno, en realidad lo primero que hice hincapié fue mucho en el tema defensivo, porque Universitario tiene que ir a ganar, y para ganar uno tiene que ser ordenado defensivamente, para estar preparado mínimamente”, dijo en conferencia. Y eso fue justamente la ‘U’: un equipo corto, junto y disciplinado.
Sin embargo, la modificación más interesante apareció en la volante. Sin alterar el tradicional 3-5-2, Cúper sorprendió colocando a Héctor Fértoli como volante ancla. El argentino venía jugando más adelantado, como interior por derecha, pero el técnico vio en él otra cosa: dinámica, inteligencia para asociarse y lectura rápida para recuperar segundas jugadas. Por delante de Jorge Murrugarra y Jesús Castillo, Fértoli respondió con un partido notable. Fue el termómetro de la mitad de la cancha, el hombre que administró los tiempos y el primer pase en un partido que exigía pausa y precisión.
A su alrededor, Jairo Concha y Martín Pérez Guedes también tuvieron nuevas funciones. Cúper les pidió jugar más cerca de Andy Polo y José Carabalí para cerrar los caminos por las bandas. El efecto fue inmediato: Nacional se vio obligado a correr más con el balón y abusar de los centros al área, donde Riveros y compañía despejaron casi todo. La ‘U’ defendió mejor porque defendió más ordenada.
Arriba apareció la decisión más dura y simbólica. Edison Flores volvió al banco de suplentes. Cúper apostó por Lisandro Alzugaray como acompañante de Alex Valera, quien tuvo un trabajo silencioso pero sacrificado. El ‘9’ recibió la orden de incomodar la salida de Sebastián Coates y perseguir a los centrales uruguayos. Mucho desgaste y poca pelota, pero una tarea táctica que el comando técnico valoró muchísimo.
Universitario no ganó en Montevideo, pero dejó algo quizás más importante: señales. En apenas tres entrenamientos, Héctor Cúper consiguió que el equipo vuelva a parecerse a un conjunto competitivo. Más pragmático, menos desordenado y con futbolistas que entendieron rápido que el nuevo ciclo comienza desde la disciplina. La ‘U’ recuperó algo que parecía perdido en las últimas semanas: la sensación de saber a qué juega.
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