sábado, enero 31

Desde que Nayib Bukele se convirtió en mandatario de El Salvador en junio del 2019, hace ya casi siete años, no ha dejado de ser noticia. Primero por su corta edad (tenía 37 años cuando empezó a gobernar) y por su abrumadora presencia en redes sociales, que lo convirtieron en el “presidente millennial” más joven de nuestra región.

Desde que Nayib Bukele se convirtió en mandatario de El Salvador en junio del 2019, hace ya casi siete años, no ha dejado de ser noticia. Primero por su corta edad (tenía 37 años cuando empezó a gobernar) y por su abrumadora presencia en redes sociales, que lo convirtieron en el “presidente millennial” más joven de nuestra región.

Más adelante, por su alta popularidad y por la guerra emprendida contra la delincuencia y las pandillas, que incluye tener a su país bajo un régimen de excepción perpetuo. Justamente su política de seguridad pública es la que le ha granjeado las mayores alabanzas, así como también las críticas más duras que lo acusan de autoritarismo y violación de los derechos humanos. De estos últimos se burló en su momento Bukele autoproclamándose “el dictador más cool del mundo”.

Si desde numerosas partes del planeta han llegado autoridades, activistas y medios de comunicación para entender el fenómeno Bukele, y comprobar si se pueden replicar o no sus métodos en otros países, con mayor razón en el vecindario centroamericano son pocos los que pueden sustraerse al magnetismo que hoy -sea para alabarlo, sea para denostarlo- ejerce sobre el resto una de las naciones más pequeñas de América Latina.

Las elecciones presidenciales en Costa Rica, cuya primera vuelta es este domingo 1 de febrero, son un ejemplo claro de la omnipresencia del líder salvadoreño. Pero también se lo ha invocado en medio de los últimos hechos de violencia en Guatemala o en el reciente cambio de mando en Honduras.

Una adepta fervorosa

Si creemos a lo que señalan las últimas encuestas, este domingo Costa Rica tendrá a la segunda presidenta de su historia. Laura Chinchilla, entre el 2010 y el 2014, fue la primera. Una tocaya suya, Laura Fernández -politóloga de 39 años- aventaja largamente a sus contrincantes y podría incluso no necesitar de la segunda vuelta para tomar la posta de Rodrigo Chaves a partir de mayo. Vehemente admiradora del mandatario salvadoreño, Nayib Bukele, ha prometido concluir una cárcel inspirada en el Cecot (la megaprisión en que actualmente se encuentran los pandilleros salvadoreños), aumentar las penas y suspender derechos en zonas de conflicto donde hoy campea el narcotráfico.

También busca a Musk

Los críticos de la candidata lamentan el momento en que Costa Rica -que en el 2025 registró la tercera cifra más alta de homicidios de su historia- pasó de soñar con ser la Suiza centroamericana a ansiar ser El Salvador. Y también deploran un posteo de la candidata oficialista (fue ministra de la Presidencia y de Planificación de Chaves) en que invita a Elon Musk a trabajar juntos “por el bien común y la libertad de las Américas”. “Juntos somos más fuertes”, agregó Fernández, quien sabe que Bukele y Musk suelen interactuar en X. Fernández, del Partido Pueblo Soberano, se considera “liberal en lo económico y conservadora en lo social”, un perfil similar al del jefe de Estado salvadoreño.

Se repite la fórmula

Hace exactamente dos años Bernardo Arévalo llegaba a la presidencia de Guatemala descartando declarar estados de excepción o una guerra contra la delincuencia como había hecho Bukele desde el 2022. Hace apenas doce días Arévalo decretó estado de sitio durante un mes en todo el país después del asesinato de diez policías, que ocurrió en represalia por la ocupación de tres cárceles donde los reos habían tomado a decenas de rehenes. Acerca de si se replicará el modelo de seguridad salvadoreño para enfrentar a unos 30.000 pandilleros, las autoridades guatemaltecas han apelado a un discurso de línea dura y respondido que “se imitará solo lo bueno, respetando los derechos humanos”.

De lejos, por ahora

En Honduras se da una situación algo contradictoria, en relación a Bukele, por el momento. Este martes 27 asumió el poder el derechista Nasry Asfura, aliado de Donald Trump, prometiendo una lucha frontal contra la inseguridad. Si bien aún no da pistas de cómo lo hará, ha anticipado que “no va a renovar” el estado de excepción que impuso su antecesora Xiomara Castro (muy semejante a la guerra antipandillas de Bukele). A lo mejor ese viene a ser el motivo por el que el gobernante salvadoreño no lo ha felicitado aún por su triunfo. Por lo pronto, Asfura le quitó importancia:  “Tendrá sus razones”. Lo más probable es que siendo los dos tan cercanos a Trump, este acabe siendo el facilitador de las relaciones.

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