sábado, marzo 21

La reciente interrupción del suministro de gas natural ha dejado una lección clara: el Perú sigue siendo vulnerable en un recurso esencial.

La reciente interrupción del suministro de gas natural ha dejado una lección clara: el Perú sigue siendo vulnerable en un recurso esencial.

Cuando una falla afecta a hogares, transporte, comercios, industria y generación eléctrica, el problema no es solo operativo, es estructural. Y esa vulnerabilidad no es menor. El gas natural de Camisea es hoy un energético fundamental para el país. Permite atender más del 30% de la generación eléctrica en época de lluvias y supera el 40% cuando estas disminuyen. Abastece cerca del 95% de la demanda industrial, suministra energía a más de dos millones de hogares y sostiene, además, el consumo vehicular y comercial.

Un sistema energético seguro no debería depender de una sola fuente, de una sola ruta ni de un solo proveedor. Cuando eso ocurre, cualquier contingencia se convierte en una crisis.

Por eso, la discusión no debe limitarse a reparar una avería y construir un ducto de redundancia. El punto de fondo es otro: reducir la concentración del sistema y construir una red nacional con más respaldo, más alternativas de suministro y mayor capacidad de respuesta.

En esa lógica, diversificar proveedores de gas no es un objetivo comercial. Es una necesidad de seguridad energética. Un sistema con más de un abastecedor distribuye mejor el riesgo, reduce la dependencia de un solo origen y permite dar mayor continuidad a los usuarios.

Y en esa diversificación se debe mirar también al norte del Perú y a la zona de Madre de Dios que ya tienen gas descubierto. El país no puede seguir pensando en su seguridad energética desde un solo punto. En el norte, en particular en Piura, se cuenta con producción de gas e infraestructura operativa, y con un potencial que puede contribuir a un abastecimiento más equilibrado y menos concentrado. Fortalecer ese potencial permitiría sumar una oferta complementaria al sistema nacional y avanzar hacia una mayor resiliencia energética.

Se tiene que recordar también, que el contrato con el Consorcio Camisea termina en el 2040 y durante los últimos 15 años no se han hecho nuevos descubrimientos de gas, por lo que es necesario poner en valor tanto las reservas del norte del Perú como los recursos descubiertos en Candamo. En esa línea, el rol de Perú-Petro en la promoción de la exploración de hidrocarburos cobra especial relevancia, al ser la entidad encargada de atraer inversión para desarrollar nuevos recursos que permitan diversificar la oferta de gas en el país y en paralelo, construir una red nacional de ductos que le de confiabilidad al sistema, tal como sucede en el sector eléctrico.

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No se ha dicho nada sobre el sector eléctrico en esta crisis, pero creo que es importante resaltar que, a pesar del impacto de la falta de gas para generación, el sistema eléctrico peruano ha sido capaz de responder a la emergencia y en estos 14 días no hemos sufrido cortes ni racionamientos que hubieran agravado el problema.

Esta solidez del sistema eléctrico, debemos de replicarla al sistema de gas. No se trata de reemplazar una dependencia por otra, se trata de que el Perú tenga más de una fuente real de suministro y más de un polo capaz de responder ante contingencias. Esa es la base de un sistema más resiliente.

Incorporar infraestructura para desarrollar el potencial del norte y de Candamo debe entenderse como parte de una solución nacional. Cuando el abastecimiento se diversifica territorialmente, el país gana seguridad energética y los usuarios quedan menos expuestos frente a interrupciones de gran escala.

Es cierto que lo ocurrido debe abrir una discusión de fondo sobre infraestructura, Seguridad, exploración, contingencias, etc, pero también debe incluirse integración y diversificación del abastecimiento. El Perú necesita un sistema de gas más robusto, más flexible y menos dependiente de un solo origen.

La lección es evidente: un país que depende de una sola fuente e infraestructura es altamente vulnerable a eventos imprevistos. Un país con una infraestructura integrada y diversas fuentes de suministro fortalece su seguridad energética.

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