La negativa de los aliados de la OTAN a sumarse a la operación para desbloquear el estratégico estrecho de Ormuz, solicitada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, expone una de las mayores fisuras recientes dentro de la alianza atlántica. Lejos de unirse a una intervención militar para garantizar el tránsito de petróleo en una de las rutas más sensibles del mundo, las principales potencias europeas optaron por desmarcarse, tomando distancia de la estrategia de Washington en la guerra con Irán. La decisión provocó que el estadounidense dijera que ya no necesita la ayuda de nadie.
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Todo empezó el fin de semana, cuando Trump solicitó, en tono de presión, a los países de la OTAN que envíen buques de guerra para operar en la zona. Ellos debían escoltar petroleros y buques comerciales para garantizar el tránsito seguro. Esa sería una coalición naval internacional liderada por EE.UU. para desbloquear el estrecho de Ormuz.
Si los aliados no ayudan, la OTAN enfrentará un “muy mal futuro”, advirtió Trump.
Incluso mencionó el uso de barcos dragaminas y de fuerzas especiales para neutralizar las amenazas iraníes.
Trump también insistió en que los países que dependen del crudo que pasa por Ormuz, tanto de Europa como de Asia, deben contribuir activamente a proteger la ruta. Mencionó a naciones como Reino Unido, Francia, Japón, Corea del Sur e incluso China.

Ataques de Irán contra embarcaciones en el Estrecho de Ormuz. (AFP).
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Irán cerró el estrecho de Ormuz luego de que Estados Unidos e Israel iniciaran una guerra en su contra el pasado 28 de febrero. Ese día, el líder supremo, el ayatola Alí Jamenei, murió en un bombardeo en Teherán.
Por el estrecho de Ormuz se transporta el 20% del petróleo mundial, por lo que su cierre está generando una crisis energética global y una subida del barril de crudo, que llegó a sobrepasar los 100 dólares.
«La OTAN no está en guerra»

El presidente francés, Emmanuel Macron, llega a una reunión del Consejo Nacional de Defensa sobre la guerra en Oriente Medio en el Palacio del Elíseo, el 17 de marzo de 2026. (Foto de Benoit Tessier / AFP).
/ BENOIT TESSIER
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Sin embargo, las principales potencias europeas rechazaron enviar buques o fuerzas militares al estrecho de Ormuz y se negaron a formar parte de la coalición propuesta por Trump.
Incluso el portavoz del Gobierno alemán Stefan Kornelius llegó a decir el lunes que la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán “no tiene nada que ver con la OTAN”.
“La OTAN es una alianza para la defensa del territorio de sus miembros y, en la situación actual, no existe el mandato para desplegar a la OTAN”, declaró.
Más tarde, Trump respondió y criticó a los países por su tibia respuesta frente a su llamado.
“Llevamos 40 años protegiéndolos y no quieren involucrarse”, declaró. “Animamos encarecidamente a las demás naciones a que se unan a nosotros, y a que lo hagan rápidamente y con gran entusiasmo”, añadió.
Además, Trump dijo que espera que Francia y el Reino Unido ayuden en la misión.
Pero este martes, el presidente francés, Emmanuel Macron, respondió y dijo que Francia no participará en las operaciones.
“No somos parte del conflicto y, por lo tanto, Francia nunca participará en operaciones para abrir o liberar el Estrecho de Ormuz en el contexto actual”, declaró Macron.
Las razones de la OTAN

Un vehículo blindado del ejército noruego durante una demostración militar en la base aérea de Bardufoss, el 13 de marzo de 2026. (Foto de John Macdougall / AFP).
/ JOHN MACDOUGALL
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Para el analista internacional Francesco Tucci, docente de Ciencias Políticas y de Relaciones Internacionales de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), el rechazo de los aliados de la OTAN responde a una combinación de cautela estratégica, costos económicos y diferencias de fondo sobre cómo enfrentar a Irán. A su juicio, esta negativa no solo limita el margen de acción de Washington, sino que expone una fractura estructural dentro de la alianza atlántica.
Según Tucci, los países europeos consideran que el conflicto “no es suyo” y que escapa al mandato defensivo de la OTAN, por lo que rechazan involucrarse en una operación que podría escalar hacia un enfrentamiento mayor.
A ello se suma el temor al impacto económico de una crisis prolongada en el Golfo. En ese contexto, sostiene Tucci, potencias como Alemania insisten en que la Alianza no está diseñada para operaciones ofensivas, mientras crece el malestar por el enfoque unilateral de Trump y sus cuestionamientos previos a los socios europeos.
La negativa también refleja, advierte el analista, una divergencia estratégica más profunda. Mientras Estados Unidos prioriza la neutralización militar de Irán —incluyendo su capacidad misilística, su programa nuclear y su red de aliados regionales—, Europa apuesta por la diplomacia y la contención para evitar un conflicto de mayor escala. Esa diferencia se traduce en una Europa más cautelosa, que busca preservar su estabilidad interna, evitar flujos masivos de refugiados y reducir el riesgo de ataques colaterales o terroristas, frente a países más alineados con Washington, como Polonia o los bálticos, que mantienen una postura más dura.
Por su parte, el periodista y analista internacional Carlos Novoa indica a este Diario que los aliados de la OTAN evitan involucrarse no solo por cálculo estratégico, sino también por el alto costo humano y político que implicaría una intervención directa. A su juicio, las principales potencias europeas buscan mantenerse al margen de una guerra que perciben como iniciada de forma unilateral por Estados Unidos.
Novoa advierte que el recuerdo de las intervenciones en Irak y Afganistán sigue pesando en Europa. Países como Reino Unido y España —que acompañaron a Washington en esas campañas— enfrentaron años después atentados en ciudades como Londres y Madrid, con un alto costo en vidas civiles.
“Ese precedente explica por qué hoy no quieren exponerse nuevamente a represalias ni asumir pérdidas humanas en un conflicto de esta naturaleza”, apunta.
En ese contexto, la solicitud de Trump choca con una negativa basada tanto en la seguridad interna como en el rechazo a escalar militarmente.
Las opciones que le quedan a Trump

El presidente estadounidense Donald Trump habla durante su reunión con el primer ministro irlandés Micheál Martin en el Despacho Oval de la Casa Blanca, el 17 de marzo de 2026. (EFE/EPA/YURI GRIPAS).
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En este escenario, las opciones de Trump se reducen, manifiesta Tucci. Sin el respaldo de la OTAN, Estados Unidos podría optar por más acciones unilaterales —como ataques aéreos y navales contra capacidades iraníes en la zona— o intentar formar una coalición ad hoc fuera de la Alianza, aunque con apoyos inciertos.
“Otra vía es formar una coalición no OTAN —con interés limitado de Japón y Australia, y alusiones vagas de Trump a ‘numerosos países’—. Opciones adicionales incluyen diplomacia coercitiva o una operación terrestre limitada, aunque esta última sería altamente riesgosa y se busca evitarla hasta ahora“, precisa.
Para Novoa, la negativa de la OTAN deja a Washington con un margen de acción más estrecho y refuerza la idea de que la salida más viable pasa por la negociación. “Trump ha apostado por la presión y la amenaza del uso de la fuerza, pero la situación en Ormuz demuestra que Irán aún conserva capacidad de maniobra”, señala, al recordar que Teherán mantiene ciertos flujos comerciales, como envíos hacia China.
El analista considera que un eventual canal de salida podría involucrar presicamente a actores clave como China, en un escenario donde ninguna de las partes tiene incentivos claros para prolongar la guerra. Mientras Irán busca mostrar resistencia sin ceder el poder interno, también enfrenta daños en su infraestructura militar; Estados Unidos, por su parte, lidia con el impacto económico y la presión internacional.













