lunes, enero 19

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reabrió el debate global sobre la alimentación y la salud al incluir a las carnes procesadas en la misma categoría de riesgo carcinogénico que el tabaco y el asbesto. La clasificación se apoya en evaluaciones científicas realizadas por el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC), organismo especializado que depende de la OMS.

Según informó el CIIC, productos como el jamón, la salchicha y la panceta fueron incorporados al denominado Grupo 1, la categoría que agrupa a los agentes para los cuales existe evidencia concluyente de que pueden causar cáncer en seres humanos.

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En este grupo también se encuentran el tabaco y el asbesto, aunque la OMS aclaró que la clasificación no equipara el nivel de riesgo asociado a cada uno de estos elementos.

La inclusión de las carnes procesadas en el Grupo 1 indica que hay pruebas sólidas sobre su relación con el desarrollo de cáncer, en particular el cáncer colorrectal.

De acuerdo con el CIIC, el consenso científico se alcanzó tras analizar numerosos estudios epidemiológicos y experimentales que mostraron una mayor incidencia de tumores malignos en el intestino grueso y el recto entre las personas que consumen este tipo de productos de manera frecuente.

El riesgo no se atribuye a la carne en sí, sino a los procesos industriales utilizados para su conservación y saborización. Técnicas como el curado, la salazón y el ahumado, habituales en la producción de carnes procesadas, favorecen la formación de compuestos químicos potencialmente dañinos. Entre ellos se encuentran las nitrosaminas, que se generan cuando los nitratos y nitritos empleados como conservantes reaccionan con las proteínas de la carne.

Estas sustancias pueden alterar el ADN celular y, con una exposición prolongada, favorecer el desarrollo de procesos cancerígenos.

A este factor se suma el uso de altas temperaturas durante la cocción, como ocurre al asar a la parrilla o freír. Según el CIIC, estos métodos pueden incrementar la presencia de otros compuestos carcinogénicos, como las aminas heterocíclicas, que se forman cuando la carne entra en contacto directo con superficies muy calientes o con el fuego. La combinación de conservantes químicos y técnicas de cocción agresivas eleva el riesgo total asociado a estos alimentos.

Ante este escenario, especialistas en salud pública y la comunidad médica recomiendan limitar de forma significativa el consumo de carnes procesadas y, cuando sea posible, evitarlas en la dieta cotidiana. Para quienes deciden mantenerlas en su alimentación, se sugiere reducir tanto la frecuencia como el tamaño de las porciones, evitando su ingesta diaria.

Como alternativas, los expertos proponen reemplazar las carnes ultraprocesadas por otras fuentes de proteínas, como el pescado, las legumbres y productos de origen vegetal que no requieren procesos industriales intensivos. Estas opciones presentan un perfil de riesgo menor y aportan nutrientes esenciales para una alimentación equilibrada.

La OMS y el CIIC señalan que la reducción en el consumo de carnes procesadas puede disminuir el daño celular asociado a la exposición prolongada a compuestos carcinogénicos y, con ello, reducir la probabilidad de desarrollar cáncer colorrectal y otras enfermedades relacionadas.

Los organismos destacan que no se trata de adoptar medidas extremas, sino de realizar cambios sostenidos, como priorizar alimentos frescos, diversificar las fuentes de proteínas y elegir métodos de cocción menos agresivos.

El impacto de estas modificaciones alimentarias trasciende la prevención del cáncer. De acuerdo con la OMS, una dieta basada en productos frescos y naturales contribuye a mejorar la calidad de vida y a reducir la carga global de enfermedades crónicas. En ese marco, la prevención primaria, que incluye hábitos alimentarios saludables, es considerada una de las herramientas más efectivas para la protección de la salud pública.

El Tiempo de Colombia, GDA

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