Los países de Latinoamérica, una de las regiones del mundo que suele verse más afectadas por El Niño, deben “extremar las precauciones” y utilizar la llamada “inteligencia climática” para sortear los efectos más adversos de este fenómeno, dijo este martes a Efe la secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), Celeste Saulo.
Con un 90 % de probabilidad, el fenómeno El Niño volverá a hacer su aparición en el segundo semestre de este año y no se descarta que tenga una intensidad elevada.
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Como resultado pueden registrarse lluvias intensas e inundaciones en algunos lugares, y sequías en otros, provocando impactos directos en las comunidades y en toda una serie de actividades productivas y económicas, incluidas la pesca y la agricultura.
Saulo consideró que los países de la región han mejorado su capacidad (científica e institucional) para monitorear y hacer frente a las consecuencias de El Niño, y a la vez entender como éstas se combinan con otras variables del clima (incluidas las relacionadas con el cambio climático) para así pronosticar “impactos más o menos severos”.
Al describir las consecuencias probables en Sudamérica y Centroamérica, la científica argentina empezó mencionando al “Niño Costero”, como se denomina a este fenómeno en Perú y Ecuador.
“El Niño Costero genera una serie de impactos que conocemos y que van desde aumentar la lluvia y el calentamiento del mar, lo que hace que toda la industria pesquera se vea fuertemente afectada”, explicó.
Continuó señalando que el norte de Sudamérica, América Central y el noreste de Brasil quedan expuestos a “sequías o lluvias por debajo de lo normal” y recordó que se han visto fenómenos El Niño “muy extremos” que llegaron a dañar la capacidad operativa del Canal de Panamá o provocar problemas de manejo y acceso al agua en casos de sequías severas.
“Luego tenemos el sudeste de Sudamérica, lo que sería el sur de Brasil, Paraguay, el norte de Argentina, el noreste de Argentina y Uruguay”, donde pueden esperarse lluvias por encima de lo normal, con el consecuente riesgo de inundaciones, tormentas severas y deslizamientos de tierra.
Ante el temor y desinformación que esta situación puede causar en las distintas poblaciones, Saulo pidió a la gente “confiar en las instituciones que están a cargo del manejo de la información meteorológica y que en cada país son sus respectivos servicios meteorológicos nacionales.
“Ellos son los últimos responsables y las voces autorizadas” en relación con este fenómeno, recalcó.
El episodio más reciente de El Niño tuvo lugar entre 2023 y 2024, y fue uno de los cinco más intensos que se haya visto, lo que influyó en que se registraran temperaturas globales récord.
La jefa de la OMM señaló que los modelos climáticos aún son inciertos en cuanto a la intensidad que tendrá el próximo El Niño, lo que podrá pronosticarse mejor en las próximas semanas.
La ciencia no ha demostrado que el cambio climático aumente la frecuencia o la intensidad de los episodios de El Niño, pero lo que sí se sabe es que ambos pueden combinarse y amplificar sus impactos en términos de fenómenos meteorológicos extremos que su vez pueden originar desastres naturales.
Aunque Latinoamérica suele sufrir consecuencias graves, el impacto de El Niño puede sentirse también en Norteamérica, el Caribe, el centro y este de África, partes de Asia y Australia.













