Lima es conocida por su gruesa capa de nubes que la mantiene cubierta casi todo el año. Pero, desde hace 20 años el concepto de nube dejó de estar vinculado solo con la meteorología para convertirse en la columna vertebral de la economía digital moderna.
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El origen de una revolución silenciosa
Todo comenzó el 14 de marzo de 2006 con el lanzamiento del primer servicio de AWS, conocido como S3 (Simple Storage Service). Entonces, la idea era sencilla pero ambiciosa: permitir que cualquier persona o empresa pudiera guardar “objetos” —imágenes, hojas de cálculo o documentos— en servidores remotos. “Probablemente, en el día a día, de alguna u otra manera todos lo hemos utilizado pero tal vez no nos hemos dado cuenta”, comenta Vela. Es por eso que, si fuiste curioso, es probable que hayas detectado al inicio de la URL del navegador los caracteres “S3”.
Hace dos décadas, el panorama tecnológico era radicalmente distinto. Dominaban los ‘feature phone’ (cuando Nokia era el rey) y Snake era uno de los juegos móviles más populares. Pero no solo eso: Facebook apenas abría sus puertas a los primeros estudiantes universitarios en Estados Unidos. En ese contexto, la visión de AWS se mantuvo firme: democratizar el acceso a la tecnología. Según Vela, el objetivo fue “dar la oportunidad a cualquiera de poder utilizar la tecnología sin los grandes costos que eso venía de manera directa y por capital”.
En todas partes
A menudo, el usuario final no es consciente de que la nube está detrás de sus actividades cotidianas más comunes. Cuando queremos movernos por la ciudad con un Uber, o queremos ver una serie en Netflix, Disney+ o HBO, o realizamos un pedido a través de Rappi, estamos interactuando directamente con la infraestructura de Amazon Web Services. “Muchos de esos servicios tal vez no hubieran nacido con tanta facilidad si no se hubiera dado acceso a bajo costo y por uso a esas capacidades”, explica el ejecutivo.
Estas capacidades básicas, que incluyen el almacenamiento y el cómputo, han evolucionado hacia fronteras más complejas como el big data, el machine learning y, más recientemente, la inteligencia artificial (IA) generativa. Para Vela, la clave no es solo pensar en lo que cambiará, sino en lo que permanecerá constante: el deseo de almacenar y capturar datos de manera segura y económica para generar valor.
Uno de los sectores donde la nube está mostrando un valor humano incalculable es la salud. AWS ha estado trabajando en uniformizar historias clínicas y agilizar procesos de citas para que los pacientes sean atendidos con mayor rapidez, y ya tiene muchos casos de éxitos alrededor del mundo. Por ejemplo, mediante herramientas como Amazon Health, es posible realizar un primer triaje o screening basado en datos históricos y comportamiento del paciente, recomendando incluso visitas médicas preventivas.
Democratización y futuro
La promesa de la nube para los próximos 20 años es seguir nivelando el campo de juego. Hoy, un joven en su habitación tiene la misma capacidad de cómputo que la empresa más grande del mundo. “Nuestra labor en AWS es que al 2046, es decir en los próximos 20 años, esa misma capacidad que hoy tenemos de innovación se mantenga y democraticemos gracias a la inteligencia artificial”, afirma Vela.
Con una comunidad técnica creciente en el país, el líder de AWS hace un llamado a la confianza y a la experimentación. En Perú, la comunidad de AWS es una de las más grandes de Latinoamérica, permitiendo que cualquier emprendedor o pyme pueda construir “el próximo unicornio” desde cero, apoyándose en una red que garantiza que los datos perduren y evolucionen con la misma seguridad con la que se guardaron hace dos décadas.
EL DATO
¿Cómo disminuyen la latencia en el Perú?
En el ámbito local, la inversión en infraestructura es tangible. Joel Vela resalta la implementación de una “Local Zone” en Lima, lo que permite que las capacidades de cómputo y almacenamiento estén físicamente más cerca de los usuarios peruanos.














