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La NASA anunció este miércoles 17 el descubrimiento del cráter de formación reciente más grande del sistema solar en la Luna. La agencia espacial de Estados Unidos señala que el origen del gran agujero se remontaría a una fecha situada entre el 11 de abril y el 22 de mayo del 2024 tras el impacto de un meteorito o cometa con un tamaño similar al de un edificio de entre tres y seis pisos.
La NASA anunció este miércoles 17 el descubrimiento del cráter de formación reciente más grande del sistema solar en la Luna. La agencia espacial de Estados Unidos señala que el origen del gran agujero se remontaría a una fecha situada entre el 11 de abril y el 22 de mayo del 2024 tras el impacto de un meteorito o cometa con un tamaño similar al de un edificio de entre tres y seis pisos.
El hallazgo se produjo de forma casual el 24 de octubre del 2025 cuando Robert Wagner, investigador del Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO) de la NASA, se encontraba llevando a cabo su habitual rutina de revisión de extensos mapas fotográficos de la superficie lunar.
Wagner cuenta que detectó un punto blanco de dimensiones inusuales en la región oriental de la Luna y que “dejó todo lo que estaba haciendo para investigar ese lugar”, descubriendo que se trataba de un cráter de 222 metros de diámetro y 43 metros de profundidad provocado por un cometa o un meteorito.
Fotografía publicada el 16 de septiembre de 2026 por la NASA que muestra un nuevo cráter en la superficie lunar, captado por la cámara del Orbitador de Reconocimiento Lunar (LRO). (Foto: NASA / AFP)
/ HANDOUT
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La investigación fue publicada también este 17 de setiembre en la revista científica Science Advances y el análisis determinó que se trata del cráter joven más grande que se ha hallado en nuestro sistema planetario hasta el momento, de acuerdo con los modelos actuales. Robert Wagner y los otros autores del trabajo señalan que eventos como el que generó el reciente agujero lunar se producen una vez cada 132 años en el satélite terrestre.
La NASA refiere que el cráter ha recibido el nombre oficial de McGetchin en honor a Tom McGetchin, destacado geólogo planetario y vulcanólogo considerado pionero en el estudio de la Luna bajo parámetros contemporáneos.
Según la NASA, la sonda LRO ha detectado por lo menos un millar de cráteres nuevos a lo largo de los 17 años que lleva orbitando la Luna y alrededor de 100.000 cambios en la superficie del satélite provocados de forma directa o indirecta por el impacto de objetos. La ausencia de atmósfera permite que estos cuerpos caigan sobre la superficie del satélite sin desintegrarse.
Se estima que cada año se producen 140 cráteres nuevos en la Luna —la mayoría de tamaño ínfimo— y los investigadores apuntan que los más pequeños que se pueden encontrar con las herramientas de LRO son como mínimo de nueve metros de ancho.
La agencia espacial señala que encontrar cráteres, tal como lo hizo Wagner, demanda un extenso trabajo manual ya que el software solo detecta cambios leves de iluminación o sombra, con falsas alarmas que se cuentan por centenares.
Imagen creada a partir de la superposición de cientos de fotografías a lo largo de varios años y publicada el 16 de septiembre de 2026 por la NASA. Se muestra una vista ampliada de la Luna, con escombros alrededor de un nuevo cráter visible como un punto blanco rodeado por un halo oscuro justo a la derecha del centro de la imagen, marcado con flechas negras. (Foto: NASA / AFP)
/ HANDOUT
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Aunque los meteoritos podrían ser una fuente de preocupación para el establecimiento de presencia humana prolongada en la Luna, su frecuencia era vista años atrás como una amenaza menor a la de los micrometeoroides, pequeños fragmentos de roca y polvo que podrían perforar las estructuras de las bases lunares.
En el 2023 un estudio de la Universidad de Columbia calculó que un centro de tamaño equivalente al de la Estación Espacial Internacional recibiría un máximo de 23.000 impactos de micrometeoritos al año de ubicarse en la región ecuatorial de la Luna, mientras que la cifra descendía a 15.000 si la base se encontraba en el polo sur del satélite.
Pese a ello, la investigación indicaba que estos pequeños cuerpos solo podrían ser un riesgo real si alcanzaban como mínimo unos 0,07 gramos, con solo el 0,0003% de los micrometeoroides alcanzando esa masa. Las estimaciones indicaban que un choque capaz de penetrar el blindaje de las paredes de los centros lunares podría producirse una vez cada 42 años.
El próximo gran desafío
La misión Artemis de la NASA se ha planteado como meta volver a llevar seres humanos a la Luna luego de varias décadas, pero tiene como otro de sus grandes objetivos el establecimiento de una base permanente en el cuerpo celeste, lo que sería un logro inédito en la historia humana.
El lugar elegido para la instalación es el Polo Sur lunar, sobre el que se ha concentrado parte importante de la investigación reciente de la entidad y se espera que este puesto de avanzada entre en funciones para el 2032.
El cronograma de la agencia espacial de EE. UU. tiene tres etapas básicas para estos fines:
1
Fase 1
Presente – 2029
Consiste en pruebas y las esperadas misiones de alunizaje junto a la exploración robótica del Polo Sur de la Luna, con la misión de comprender el entorno en el que se levantará la base y desarrollar la tecnología necesaria para ese fin. La NASA señala que con esto busca “reducir los riesgos para los astronautas”.
2
Fase 2
2029 – 2032
Supondrá el despliegue de la infraestructura básica que respaldará las operaciones a largo plazo en la Luna. Esto incluye la instalación de los primeros sistemas de energía, transporte de carga, equipos de comunicación y otras herramientas logísticas.
3
Fase 3
2032 – futuro
El momento de la construcción de la base y consolidación de los sistemas instalados en la etapa previa. En este mismo periodo se espera que los habitáculos estén listos y que los astronautas comiencen a ocuparlos por largos periodos para realizar investigación e ir ampliando progresivamente la capacidad del centro.
El momento de la construcción de la base y consolidación de los sistemas instalados es la etapa previa. En este mismo período se espera que los habitáculos estén listos y que los astronautas comiencen a ocuparlos por largos espacios de tiempo para realizar investigación e ir ampliando progresivamente la capacidad del centro.
Desde la perspectiva operativa, se ha comparado la futura base lunar con lo que sucede en la Estación Espacial Internacional (EEI) —situada en la órbita terrestre— en el sentido de que esta última mantiene una ocupación humana permanente y cubre sus recursos con un suministro constante desde la Tierra.
Para Octavio Chon Torres, presidente de la Asociación Peruana de Astrobiología e investigador de la Universidad de Lima, ese paralelismo es un marco de referencia útil, aunque de una forma limitada debido a que la diferencia de distancias supone un desafío exponencialmente mayor para cubrir las necesidades de un enclave humano permanente en la Luna.
“Hay que tener en cuenta que la Estación Espacial Internacional está a 400 kilómetros de altitud, que es una comparación abismal con la distancia a la que está la Luna, de unos 400.000 kilómetros. Hablamos de repuestos, abastecimiento y ante una emergencia no es lo mismo que en la EEI, donde si sucede algo hay misiones para extraer a los astronautas y llevarlos de vuelta a la Tierra, pero en el caso de la Luna no sería tan sencillo por el mismo factor logístico”, explica el especialista.
Concepto artístico de la Base Lunar de la NASA. (Foto: NASA)
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Chon Torres apunta que hay más diferencias importantes como que la EEI tiene mayor protección contra la radiación espacial gracias al campo magnético terrestre, algo que no sucede en la Luna a causa de su lejanía.
Asimismo, el docente universitario señala que está por verse qué consecuencias tendría la interacción de los astronautas con el polvo lunar y cómo este podría terminar afectando la infraestructura de la base en el satélite más allá de los estudios teóricos.
El proyecto estadounidense es particularmente ambicioso en escala y Carlos García-Galán, director ejecutivo del programa de base lunar de la NASA, señaló en mayo que su visión era la de un centro que se extendiera por un área de cientos de kilómetros del cuerpo celeste, resguardado por drones, los cuales servirían como delimitador final de la región ocupada.
Un centro de ese tamaño podría hacer pensar que las instalaciones lunares no tardarían en convertirse en auténticas colonias con una población considerable en un futuro no demasiado lejano y ya hay quienes afirman que esto es viable en un plazo relativamente corto.
Elon Musk fundador de la empresa aeroespacial SpaceX, célebre por el desarrollo de cohetes reutilizables. (Foto: Britta Pedersen / POOL / AFP)
/ BRITTA PEDERSEN
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Entre ellos se encuentra Elon Musk, uno de los contratistas más importantes del proyecto de EE.UU. con su empresa SpaceX, quien ha declarado que quiere construir una ciudad autosostenible sobre el satélite de la Tierra.
“SpaceX ya ha centrado su atención en la construcción de una ciudad autosostenible en la Luna, ya que potencialmente podemos lograrlo en menos de 10 años, mientras que en Marte se necesitarían más de 20 años”, dijo el empresario en febrero.
Pese a ello, Musk es conocido por sus afirmaciones grandilocuentes sobre la exploración espacial y los plazos que suele anunciar para sus planes por lo general son vistos como imposibles de cumplir en buena parte de los casos.
En opinión de Octavio Chon Torres, la creación de una colonia estable en la Luna es todavía más difícil que la de una base porque demandaría un nivel de sostenibilidad imposible de cumplir bajo los parámetros actuales.
“No estamos aún a un nivel tecnológico que permita que estas sean independientes de la Tierra”, refiere el investigador.



