El administrador de la NASA, Jared Isaacman, acaba de reabrir un debate académico e incluso cultural al anunciar que desea que Plutón reciba nuevamente la clasificación de planeta, tras dos décadas de haber sido rebajado a la categoría de planeta enano.
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Con el descubrimiento de Plutón ese problema se consideró resuelto y durante el resto del siglo se le consideró como un planeta.
Sin embargo, en las últimas décadas del siglo pasado se reescribió el conocimiento previo alrededor de nuestro sistema planetario.
Lo primero que quedó claro fue que Plutón era demasiado pequeño como para alterar la órbita neptuniana, con una masa de apenas el 0,2% de la que tiene la Tierra. Un estudio de 1992, que analizaba la información obtenida por la sonda Voyager 2, presentó evidencia sólida de que la masa de Neptuno había sido mal estimada y que las alteraciones a su órbita provocadas por un planeta de grandes dimensiones no tenían sustento.
A esto se sumó que durante los primeros años del siglo XXI se descubrieron más objetos de dimensiones cercanas en el Cinturón de Kuiper, la región donde se ubica Plutón. Esto hacía a este último diferente del resto de planetas del sistema solar en un aspecto clave: era parte de una nube de otros cuerpos helados.

Órbita de Plutón. Foto: ¡Stock.
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Para un sector importante de la comunidad científica, los nuevos hallazgos generaron una necesidad de reclasificación del concepto de planeta, que se sometió a voto en agosto del 2006 dentro de la Unión Astronómica Internacional (UAI).
Octavio Chon Torres, presidente de la Asociación Peruana de Astrobiología (ASPAST) y docente de la Universidad de Lima, recuerda que este debate tuvo una participación latinoamericana importante debido a que los astrónomos uruguayos Julio Ángel Fernández y Gonzalo Tancredi fueron impulsores del cambio conceptual.
“Ellos defendieron la necesidad de incorporar un criterio de dominancia orbital en la definición de planeta. Según este, no basta con que un cuerpo celeste orbite alrededor del Sol y tenga una forma esférica; también debe ser gravitacionalmente dominante en la región por donde se desplaza, es decir, debe haber ‘limpiado’ la vecindad de su órbita”, comenta el especialista.

Los delegados de la UAI votaron en agosto de 2006 para definir a Plutón como planeta enano.
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La UAI votó finalmente a favor de esta idea, y con ello Plutón dejó de ser formalmente un planeta, recibiendo la nueva denominación de planeta enano junto a otros elementos del Cinturón de Kuiper.
Bautizado por una niña
Tras el descubrimiento de Plutón en 1930 se lanzó una convocatoria abierta de sugerencias para nombrar al nuevo planeta. La propuesta de Venetia Phair, una niña británica de 11 años, fue de especial agrado para Clyde Tombaugh y ese mismo año se convirtió en la denominación oficial para el objeto celeste.
Phair vivió lo suficiente para ver que el cuerpo al que dio nombre fue degradado a planeta enano, puesto que falleció en el 2009.
Chon Torres explica que, a partir de ese punto, para que un cuerpo celeste sea considerado como planeta debe cumplir tres requisitos fundamentales: orbitar alrededor del Sol, tener suficiente masa para que su propia gravedad le dé una forma aproximadamente esférica y haber limpiado su zona orbital.
“Este último criterio sí lo cumplen planetas como la Tierra, Marte o Venus, que son cuerpos gravitacionalmente dominantes en sus respectivas regiones orbitales”, apunta el especialista.
La pérdida del título de planeta por parte de Plutón fue controvertida desde el plano científico, pero también desde el cultural, debido a que durante décadas se enseñó en todo el mundo que el sistema solar tenía nueve planetas.
La noticia fue particularmente mal recibida en Estados Unidos, debido a que Plutón era un motivo de orgullo nacional para los norteamericanos al ser el único planeta descubierto por uno de sus ciudadanos.
A esta sensación de incomodad se sumó que, tan solo siete meses antes de la redefinición, la NASA había lanzado la misión espacial no tripulada New Horizons para investigar “el noveno planeta” de nuestro sistema, así que el científico jefe del proyecto, Alan Stern, fue uno de los principales críticos de la degradación de Plutón.

Alan Stern, el científico jefe de la misión New Horizons de la NASA a Plutón, es un crítico vocal de la reclasificación.
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El rechazo alcanzó incluso estatus legal en el estado de Nuevo México —allí vivió y trabajó Tombaugh—, donde en el 2007 se emitió una resolución que señalaba que Plutón “siempre sería un planeta” bajo sus cielos. Illinois, lugar de nacimiento del descubridor del cuerpo celeste, proclamó una normativa similar en el 2009 calificando de “degradación injusta” la nueva definición de planeta enano.
Para Randy León, antropólogo y también docente de la Universidad de Lima, cambios de definición como el de Plutón evidentemente no tienen un impacto en la vida diaria del ciudadano común, pero explica que estos conceptos van más allá debido a que “las sociedades no se construyen solo con lo práctico”, sino que también requieren de elementos que les den coherencia.
“Es un fenómeno universal. Las personas, como seres gregarios que somos, tenemos como uno de los factores privilegiados que nos permitió avanzar como especie la necesidad de contar con elementos de unión e identificación, pero también para diferenciarnos. Los mitos y leyendas son elementos de cohesión e identificación fuertes”, explica.












