Antes que la actuación, antes que el baile, antes incluso de entender del todo quién quería ser, Cristina Benavides ya sabía que la música ocupaba un lugar especial en su vida. “Fue mi primer amor”, dice. El más antiguo y el más presente. La acompaña desde los cinco o seis años, cuando cantar no era todavía un proyecto, sino una forma natural de estar en el mundo. Hoy, con más madurez, experiencia y claridad sobre lo que quiere decir y cómo quiere sonar, la artista da un nuevo paso con el lanzamiento de su segundo sencillo.
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“La idea era que ese viaje no solo se contara, sino que también se sintiera. La canción habla de escapar de la rutina”, asiente, y en esa frase hay algo especial. Cristina nunca ha estado en Brasil, y justamente por eso le interesaba escribir desde las imágenes inventadas y la cercanía emocional con un lugar que todavía no conoce.
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“Construí la canción desde lo que imagino y desde las sensaciones que ese lugar me despierta. Siempre he escuchado que es un lugar precioso, exótico y lleno de vida, así que ojalá en algún momento pueda conocerlo”, señala.
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Ese tránsito entre lo que se canta y lo que se ve también le importa. En una era profundamente visual, Cristina entiende que el videoclip es una extensión del universo emocional de cada canción. En el de “Brasil”, asumió de nuevo un rol creativo decisivo. Quiso contar la historia exactamente como la tenía en la cabeza, y por eso eligió espacios como Mi Media Naranja, el icónico bar del parque Kennedy, y una tienda de ropa vintage en Miraflores, escenarios que dialogan con la estética cinematográfica y nostálgica que quiere imprimirle a su proyecto.
Allí, además, vuelve a aparecer otra de sus capas artísticas: la actriz. Porque en sus videoclips, dice, también encuentra un lugar para seguir interpretando.
Lejos de ver la música y la actuación como territorios enfrentados, Cristina empezó a ordenarlos desde una nueva claridad. Hoy, aunque sigue recibiendo propuestas actorales, ha decidido priorizar la música.
“Brasil” y “Maldita suerte” son, además, las dos primeras piezas de un EP que ya empieza a tomar forma. Cristina asegura que tiene más canciones escritas y listas para lanzar, y que su meta inmediata es sonar en la radio, consolidar un nombre propio dentro de la escena peruana y, poco a poco, mostrarse como una artista más completa.
Sueños mayores, como Viña del Mar, siguen ahí, pero los mira con paciencia, entendiendo que toda carrera necesita proceso y construcción. Por ahora, lo importante para ella es disfrutar el momento de realización, la confianza que deja el segundo lanzamiento y esa sensación, “rara y poderosa”, de estar llegando por fin al lugar al que siempre quiso volver.













